Por Marina Glezer
Cuando llego a su casa, Dady Brieva me recibe con la mejor de las energías. Me siento en un cómodo sillón, Mary nos trae un café y, como si nos embarcáramos en una travesía marítima, me dispongo a pescar entre un millón de anécdotas que emergen desde la profundidad de sus sentimientos. Muchacho de esquina, callejero, sensible, padre y esposo, piensa en el otro como si eso fuera la biblia y el deber, sin darse, cuenta le sale espontáneamente.
“¿Vivís bien?”, le pregunto mientras destaco la belleza de su departamento. “Y sí, ¿qué te parece? ¿Que el nacional y popular, como algún periodista mediocre define, tiene que ser el laburante subido a una F100 yendo a Las Toninas?”, retruca el humorista santafecino, y enseguida argumenta: “Lo peor que nos puede pasar es que nos creamos que por querer que se nos iguale, defendamos esa imagen. ¿No puede alguien nacional y popular veranear en alguna playa exclusiva? No creamos eso, por favor. Yo nací en la pobreza, no compro pobreza. Y no me gusta, ni quiero. No le deseo a nadie un techo de chapa. No es necesario tener alpargatas para embarrarse los pies”.
Entonces, supe que la entrevista había arrancado sin preámbulos.
Habiendo expuesto tu ideología, ¿te pesa en las giras y presentaciones pensar como pensás?
Sí, me doy cuenta, lo siento. No me victimizo. Pero es difícil, sobre todo con la gente que apoya otro tipo de modelo, que no me representa. Estoy tranquilo por treinta años de carrera pero se nota la militancia en contra.
Dady me parece un hombre valiente. Pelea a capa y espada por sus convicciones y me cuenta, teatro por teatro, cómo fue la situación en cada uno. Cómo se le acerca la gente y lo alienta en secreto. Es el miedo que oprime, el miedo a perder derechos y conquistas. Pero no hay lamento.
En cada anécdota que me contás, se ve que la situación se torna cada vez más compleja y compruebo que hay persecución artística. ¿Cómo lo sentís?
Una especie como de terrorismo. ¿Sabés qué es el terrorismo vos? Las fuerzas de seguridad decían: “¿Cuántos estudiantes hay acá?”. Si vos tenías uno por cuadra, allanabas todas las pensiones estudiantiles… y uno tenía alguien que siempre estaba en algo, un primo, un amigo… cuando vos te enterabas que llegaban a revisar eso, rastrillabas el mapa de la ciudad con procedimientos. Sembraban el terror. Y están haciendo lo mismo, siembran el terror, ¿viste? Papapapapa; medio, medio, medio; esto, esto, esto; mi mamá dice que lo que dicen los medios; mi tía va a la verdulería; pipipipi.
Se repite lo que dicen los medios…
En definitiva, esto nos va a llevar a que quedemos los de verdad
Linda frase esa, ¿eh?
De eso se trata la vida…
De pronto, la conversación vira vertiginosamente, como en la más alta de las montañas rusas. Dady me lleva de las narices como quien conoce el juego y se sube por novena vez. “A nosotros, que nos criamos en el oficio, ahora vienen y nos afanan con un peine”, dice, y abunda: “El paddle hizo que cualquiera juegue al tenis; el Fútbol 5, que cualquiera juegue al futbol; el Bailando, que cualquiera baile; y (Carlos) Menem hizo que cualquiera participe en política”.
Si todos hacen todo, es polirubro
Entonces, cómo hacemos para marcar la diferencia con un verdadero cuadro humorístico. Tenés que ir mucho más fuerte de lo que van ellos.
¿Cómo te libraste del peso de tu papa comisario que no quería que fueras actor porque era sospechoso?
Lo artístico me hizo más abierto. Lo sensible me hizo más abierto. Y mucho ejercicio… de análisis de trabajar sobre mi persona. Está tan arraigado esto de qué tiene que hacer una mina para que un tipo… A raíz de eso, empecé a militar en el Ni una menos. Ingrid Beck llevaba a mi programa mesas y mesas y mesas… Yo trabajé mucho para sacarme…
¿Ese prejuicio?
Esos prejuicios. Tiene que ver con una generación, con Santa Fe, con una cantidad de años comiendo mierda, ¿no? Mi papá no quería que fuera actor, era de zurdo o puto. Zurdo o puto era lo mismo. Después, Miguel del Sel tenía un chiste de remate, que ya lo teníamos, que decía “el padre con el tiempo confirmó que era las dos cosas”.
¿Esas ideas vienen constituidas de un patriarcado?
No te quepa la menor duda. Son maltratadores de mujeres y cogedores de putas. Yo trabajo mucho sobre eso. Porque la desvalorización que hicieron de uno, uno las repite con las mujeres. Cuando te divorciás y vas a análisis, te das cuenta que desvalorizando te sentís un poquito mejor persona.
El origen
En la casa de Dady, cuando era un niño, se escuchaban tangos de Floreal Ruiz y Julio Sosa pero aclara que había espacio para “toda la música de la época”. “Mamá fue la que me salvó”, confiesa a la distancia, y describe que ella “era profesora de Serigrafía y Grabado en la escuela e hija de un policía… El  padre le dijo: ‘Nunca te cases con un policía’.  Y ella se casó con un policía igual”.
Debería saberse que todo lo que le digamos que no a los hijos es, finalmente, lo que harán.
Mamá vivió en barrio Candiotti y era una artista. De hecho mi hermana pinta,  y eso es gracias a mi mamá. Era una  de esas mujeres de silencios: se casó con mi papá, que la llevó a vivir al Pasaje Los Perros en Villa María, y ahí se hicieron una casa cuando estaba Eva Perón.  Mi mamá odiaba a Eva Perón y papa, súper peronista. Yo fui un error del sistema, yo no tendría que haber llegado a esto.
¿Qué olores o sensaciones recordás?
Ella empezó a meterme fichas en el teatro. Me hacía los trajes cuando yo actuaba en la primaria, me hizo hacer un recitado de 5 hojas cuando yo tenía 8 años. Lógicamente, abonó para que yo fuera quien soy. Y el 28 de noviembre del  1973 me subí por primera vez a un escenario para una muestra estudiantil de teatro. Empiezo la militancia fines del 1972 en la UES… Y eso trajo el teatro, Brecht, el teatro de la pobreza… toda esa onda que veía al teatro como servicio.
El teatro político… Para cierta clase social, ¿no?
Darío Vittori era un traidor, el gordo Porcel era un puto de mierda y ese extremo es una cagada. Es parte de la época. Y ahí empece a hacer teatro y no pare nunca más.
Viviste en Santa Fe mucho tiempo, y sos fanático de Colón. Al estadio se lo llama el cementerio de los elefantes. ¿Cuántos elefantes te cargaste en tu vida?
Yo me cargué varios elefantes. Te diría que soy un especialista en elefantes. En realidad, el elefante no es tan elefante pero, como vos sos tan chico, te parece que matás a un elefante. Los que yo me cargué no te los puedo contar…
¿Seguís tan enamorado de la actuación como en el ´73?
Yo no sé, no quiero ni me imagino haciendo otra cosa. Yo no sé hacer un cheque, no tengo vacas… Todo mi mundo gira alrededor de esto, aun en lo monetario. No invierto en otra cosa. No me gusta tener una novia en París. Quiero tenerla cerca. Lo único que vi crecer en mano ajena fue mi poronga.
Y Agrandadyitos, El sodero de mi vida, la conducción en radio Mitre no es teatro. ¿No es otro Dady?
Yo me vi como un Midachi haciendo eso. Desde ahí me pare y construí… construyo desde lo que soy. Yo labure con tipos como Julio Chaves. Y fui a actuar agradecido, jugué en el Barcelona, pero en un momento le digo: “esto es lo que hay, no esperes más nada, las expectativas pagalas vos, yo te doy desde la tripas”.
¿Y no renegas del Midachi?
Noooo. Yo soy un orgulloso del Midachi. No tengo veleidades de querer ser tiburón siendo mojarrita. Yo soy la mejor de las mojarritas.
¿Dónde te sentís más cómodo? ¿En la radio o la tele?
En mi casa.
¿Y haciendo radio?
La radio es una novia que conocí de viejo. Es una copa que tengo para ganar.
Las ideas y la risa
La linealidad conoce de poética. No hay que ser culto para ser sabio. La experiencia puede llevarte a un lugar de mucho conocimiento. Y le pregunto si escamoteaba sus ideas peronistas en TV o las ponía sobre la mesa. “Con sutileza, obvio”, enfatiza y empieza a explayarse: “Yo hacía un payaso que tenía la foto de Perón y era el secretario general de los payasos.
Y con “El sodero…”, en plena crisis del 90’, ¿hiciste algo para frenar la injusticia?
En ese sentido, nunca voy a decir algo que tenga que ver con la coyuntura. Yo hago reír. No soy humorista político. Yo soy peronista. Capusotto, Enrique Pinti, Tato Bores, lo mío no es para concientizar.
¿Cómo es hacer reír? ¿Es hacer olvidar?
Eso es muy pretensioso. Ni siquiera me lo pregunto. En un momento de la función yo siento cómo el espectador hace la simbiosis con su propia historia. No sólo me meto la plata en el bolsillo. Y el orgasmo mío es saber que hice militancia coco por coco. Me gustaria que esto no quede acá. Sería una pelotudez que esto quede acá. Fuimos de una época que fuimos felices con nada. Éramos tan felices que ni nos dimos cuenta.
¿Como fue trabajar en Mitre durante el conflicto con el campo?
Yo fui respetado por el buen enemigo.
Sos un buen contricante
Cuando fui a Mitre, me llamaron los gerentes, los Ceo’s de no sé dónde, para que ocupe el lugar de Magdalena (Ruiz Guiñazú). A lo que yo contesté: “me como las ‘s’… y es lo que hay, no voy a cambiar, muero en la mía”. Yo sé mucho de musicalizar, musicalizo a la gente. La música tiene que ver con la presunción de cómo se siente el oyente en ese momento. Y la lista que me pasaron no tenía nada que ver con esas sensaciones. Siempre me paré en el lugar de lo que yo sentía. Yo sabía que el kirchnerismo era una opción pero no sabía que era eso o la nada. No estaba alineado. Y en la visión del campo había una generalización. Y yo también veía a mi tío en boina y no todo era 4×4. En ese formato, había cosas que me gustaban y cosas que no me gustaban.
¿Y a partir de qué momento te la jugaste tanto?
A mí las políticas públicas del kirchnerismo nunca me llamaron tanto la atención como lo que generó Nestor en la juventud. Lo que debería quedar realmente como lo simbólico en la historia es esa ilusión que le devolvió a la juventud, ese  protagonismo.
¿Sentiste orfandad a partir de diciembre?
No, no, no, no… yo no soy  de esos tipos que dicen “Cristina debería hablar”. Que hable cuando quiera… Perón estuvo 18 años sin hablar, sin una carta sin nada. No se necesita la presencia. Si estoy huérfano es porque no hay nadie. La vida sigue. Hay que estar preparado para eso. Eso sí: hoy todos los dirigentes van a casting. Ninguno tiene el puesto comprado. ¿Viste que dicen que nadie tiene el peronómetro? Bueno, yo lo tengo, dámelo a mí.
¿Qué esperás que pase?
Esperar o anhelar como si el  24  viniera Papá Noel… no, yo no espero nada. Si me apurás, te digo que esta es una batalla perdida y que la ilusión es darla. Hoy espero seguir teniendo las mismas fuerzas para seguir viviendo como vivo. En general y en particular, siguiendo lo que pienso. Yo ya no voy a retroceder. No pienso retroceder. Estoy más cerca de inmolarme en un supermercado que de otra cosa. Creo que Cristina es la líder, creo que Cristina es  la única que nos representa, creo que si va a jugar, que juegue y, si no, que diga quién la va a representar y ahí construimos todos. Mi debate interno político pasa entre el fundamentalismo iraquí del kirchnerismo de paladar negro y el PJ pactista. Porque tengo mucho que ver con eso, en esencia y por una cuestión generacional. Tengo más que ver con eso que con el Cuervo Larroque. Pero hoy, si tuviera que hacer algo extremista, me quedo con esto, que yo sé que somos diez. No tengo ganas de que alguien me arme el equipo. Y no voy a dejar que otro me arme el equipo. Voy a participar en todas las internas.
¿Vos te postularias a un cargo electivo?
Ni en pedo, siempre como militante o artista popular. Yo represento mucho más propagando mi ideología que gestionando…
¿Cómo “gestionando”?
La política se hace con plata. Si hoy viene Jesús y quiere ser presidente, necesita millones de pesos, lo que sale la campaña. La discusión primera sería que discutamos el capitalismo. Y después, discutamos la ley de financiamiento de la política. Y a Clarin no le conviene, porque hay que blanquear el origen. Hoy tenés Pérez Corradi, Báez, el Coti… todos con todos y alguien que lo sabe. El día que realmente se transparente eso va a transparentarse todo. Lo principal es bajarse la careta de saber que nada se hace sin plata.
¿Sabés qué es Kamtchaka? ¿A qué significado te remite?
¿Por allá, por Rusia? Un pueblo. Me parece que hubo una matanza importante en Kamchatka. Es la resistencia. Yo puse el cuerpo. Y eso es mucho. Yo quiero creer en eso. Después no creo en ninguna otra cosa. Nosotros somos resistencia. Nosotros estuvimos veinte años trabajando una ley, vinieron y se la llevaron. La patria es el otro de los nuestros.
dadybaja1 dadybaja2