Foto: Yegua y Groncha

Sale Prat Gay, entra Dujovne. Se profundiza la estrategia macroeconómica neoliberal. Asoma la dolarización y el Gobierno del FMI

Por Luciana Glezer

La pregunta accesoria es si se trató de una decisión del presidente o si Prat Gay dio un portazo, pese a que suena más acertada la segunda opción. Como es de público conocimiento, Mauricio Macri se encuentra -todavía- de vacaciones en Villa la Angostura.

A todas luces, Alfonso se posicionó como un cero a la izquierda: el Banco Central se resistió a considerar su opinión, no participó de la discusión sobre el impuesto a las ganancias, estuvo al margen de los aumentos de tarifas y nadie lo invitó a participar del acuerdo de la CGT con el Gobierno, tal como consigna Alfredo Zaiat en una columna anticipatoria publicada el pasado 24 de diciembre. En los 12 meses de gestión, las decisiones se blindaron bajo la idea de equipo económico. Entre los titulares se encontraban también, Luis Caputo (actual ministro de Finanzas), Federico Sturzenegger (titular del Banco Central), Francisco Cabrera (ministro de Producción), Rogelio Frigerio (ministro del Interior), Juan José Aranguren (ministro de Energía) y Ricardo Buryaile (ministro de Agricultura). “El que está a cargo de la política económica es el presidente”, sentenció Marcos Peña, jefe de Gabinete y DT del equipo, al exponer que el pedido de renuncia estuvo relacionado con diferencias en el manejo del mismo. El anuncio de la renuncia de Prat Gay incluyó la división de la cartera en dos: un Ministerio de Finanzas para Luis Caputo, quien porta la cocarda del acuerdo con los fondos buitre y el que logró un endeudamiento por 50 mil palos verdes en un año (o sea, casi el doble de las reservas); y el Ministerio de Hacienda, para el vocero del FMI, Nicolás Dujovne.

Ambas designaciones apelan a profundizar el sometimiento del mercado interno a las fluctuaciones financieras internacionales. El blanco es el déficit en las cuentas públicas, lo que se traduce en ajustar y recortar el gasto del Estado.

“Entre la existencia de los superministros de Economía de los últimos 30 años y el esquema actual, en el que rige una excesiva atomización tanto en la comunicación como en la toma de decisiones, hay un punto medio en el que el Gobierno aún no ha encontrado la dosis exacta. El mundo se puso más exigente. Encontrar ese camino del medio hoy es crucial”, escribió el flamante ministro de Hacienda, en una columna publicada por el diario La Nación el 20 de diciembre, donde expone a las claras su programa de gestión: considera al déficit como “la mayor incógnita de la macroeconomía Argentina” y propone congelar el gasto hasta el 2021 con tasas de inflación estimadas en dos dígitos para los próximos años. Incluso, pondera la apertura comercial que evita que “los argentinos enfrenten sobreprecios insoportables cuando consumen electrónicos, prendas de vestir, juguetes y otros bienes” pero no dedica ni una palabra a los asalariados remunerados por fabricar esos productos, ahora importados. La nota incluye una de carácter retórico: “¿Cuándo será libre el precio del petróleo?”, lo cual despierta variopintas reflexiones pero descarta que el ministro de Hacienda desista de dar la discusión general sobre lo que él mismo considera el rumbo que debe seguir el total de la economía. Dujovne tiene un plan. Un plan ya por muchos conocido… y por la mayoría padecido.

La información corrió apenas se supo la designación, fundamentada en el vínculo de Nicolás Dujovne con Donald Trump. Lo cierto es que el columnista vernáculo es cuñado de un asesor del presidente norteamericano para sus negocios en América Latina. Pero ante la victoria de Trump, Dujovne escribió que el resultado electoral en Estados Unidos “ha sacudido el escenario de liquidez internacional y enciende las alarmas de quienes monitorean la situación argentina. En ese contexto, urge quitar el piloto automático de la política fiscal, poner el instrumental en manual y prepararse para navegar el cambio de clima. El tiempo dirá si es sólo una lluvia de verano o una tormenta”.

Al calor de este diagnóstico, fue contundente su propuesta de acudir al Fondo Monetario Internacional: “Si la sequía de fondos externos se prolongase, si lo quisiera el Gobierno podría recurrir al FMI. Un programa en el que el fondo desembolsara US$ 25.000 millones sería fácilmente obtenible y las condiciones que impondría el organismo serían pasablemente laxas para el Gobierno”. La pregunta sustancial es: ¿cómo lo sabe?

A su currículum como ex jefe de economía del Banco Galicia y ex integrante del directorio del Banco Central, se suma su férrea defensa de la Convertibilidad, y la salida dolarizadora en el año 2001. Nadie lloró la dimisión de Prat Gay y sólo el establishment aplaude el ingreso a la cancha del co-conductor del programa de Carlos Pagni en TN, cuyo nombre –paradójicamente- es Odisea Argentina.