My my, hey hey
Rock and roll is here to stay
It’s better to burn out
Than to fade away
My my, hey hey

Hey Hey, My My (Into The Black)

Neil Young

Por Martiniano Cardoso

Jimi Hendrix, muerto por sobredosis a los 27 años. Nick Drake, muerto a los 26 años, nunca quedó claro si su fallecimiento se debió a un suicidio o tan solo un exceso involuntario de barbitúricos. Jim Morrison, encontrado sin vida en una bañera en su departamento de París. También miembro del club de los 27.

La literatura argentina nunca ha tenido muy en cuenta al rock. A diferencia de la inglesa (Hanif Kureishi, Martin Amis, Nick Hornby) o la estadounidense (Michael Chabon, Dana Spiotta o Tom Wolfe), hasta estos últimos años la música no era un tema para los escritores de este país.

Si bien se ha escrito mucho sobre el rock en el marco de biografías, no ficción y ensayos, en la ficción parece una asignatura pendiente.

Tal vez por una cuestión generacional, los narradores que van de los treinta a los cuarenta parecen más interesados en retratar historias vinculadas a ese género. Desde Juan Terranova en Mi Nombre es Rufus, pasando por Enzo Maqueira con Electrónica o la literatura de Leo Oyola.

Sin embargo, la pionera generacional del cruce Rock/Literatura de ficción en la Argentina es Mariana Enriquez. Una gran cantidad de sus obras tienen títulos que remiten a canciones o discos del género: Cómo desaparecer completamente (How To Disappear Completely, canción de Radiohead) y Las cosas que perdimos en el fuego (Things We Lost In The Fire, una canción y el nombre del disco de la banda indie Low), son ejemplos cabales. Además de citas a canciones en sus prefacios (Manic Street Preachers, Hole). Por lo tanto, era de esperar que en algún momento Enriquez dirigiese su pluma hacia el rock.

De todas maneras, uno podría decir que ya desde su primera novela Mariana tenía una pulsación muy cercana a la cultura rock en su escritura. Sexualidades difusas, personajes marginales, la noche como centro de la narración, drogas… Todo eso se encuentra en Bajar es lo peor, editada en 1995.

A la escritora y periodista le gusta transitar y mezclar los géneros. En su último libro de cuentos, revisita el alfonsinismo, la dictadura y hasta se anima al fenómeno adolescente de las distopías y sale más que airosa.

Su nueva obra, Este es el mar (llamado igual que un disco de los Waterboys, “This Is The Sea”), no es la excepción. Esta vez Enriquez apuesta a una fábula gótica.

¿Qué pasaría si en realidad las estrellas como Kurt Cobain, Ian Curtis o Janis Joplin no se hubiesen suicidado o caído en los excesos por voluntad propia? ¿Se hubiesen convertido en verdaderas leyendas de la historia del rock?

A lo largo de sus páginas, Las Luminosas, una suerte de ninfas-vampiro, tienen la tarea de llevar a la muerte a ciertos músicos elegidos por ellas para convertirlos en “dioses”, afiches, posters y remeras. Transformarlos en bellos mitos.

La “era del rock and roll” está terminando (según las Luminosas, aunque tal vez también en el mundo real) y Helena, la protagonista del libro, tiene la misión de inmortalizar a James, el cantante de la banda Fallen.

Enriquez parece realizar un homenaje a su admirada Anne Rice y la dinámica que tienen en el libro Helena y James, por momentos, es muy similar a la que mantienen Lestat y Louie en Entrevista con el vampiro.

Fallen se encuentra en su último tour mundial y es allí donde Helena deberá convertir a James en un mártir del Rock And Roll.

Desgraciadamente, nada es tan sencillo y las cosas comienzan a complicarse cuando Helena comienza a sentir algo “nuevo” por James. Ese algo nuevo se llama amor.