Foto: Presidencia de la Nación.

El rol del país anfitrión en la Cumbre de la OMC, según el testimonio de diplomáticos locales. Las posibilidades de los países en desarrollo frente a las potencias globales. Los errores no forzados del Gobierno.

Por Luciana Glezer

En medio de turbulencias políticas, Argentina recibe a 146 delegaciones que suman más de 3.500 representantes internacionales, con el objetivo de participar de la undécima edición de la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Sin embargo, los contornos de esta bienal se borronean por el descrédito de Donald Trump, quien prefiere actuar unilateralmente. Tal como lo ha dicho durante su reciente gira por los países asiáticos, el presidente norteamericano cree que “Estados Unidos no ha sido tratado con justicia por la OMC”, y adelantó que no tolerarán más “esos abusos crónicos”.

A este cuadro se agrega una Unión Europea quebrada, Brexit mediante, y los problemas de Angela Merkel en Alemania. “La Argentina trabaja para fortalecer el sistema multilateral de comercio. Aspiramos a resultados positivos. Somos austeros en las expectativas”, dijo el canciller Jorge Faurie mientras abría el paraguas. En principio, la agenda será limitada.

El tema vedado por excelencia es la eliminación o reducción de los subsidios agrícolas por parte de las potencias centrales hacia sus producciones, reclamo histórico de los emergentes que dependen de las exportaciones primarias. La ex ministra de Relaciones Exteriores, Susana Malcorra, ya aseveró que no habrá “una decisión en Buenos Aires, pero sí creemos que se puede lanzar una negociación específica eventualmente al respecto”.

La otra cuestión de máxima relevancia tiene que ver con en el comercio electrónico, uno de los capítulos que el Gobierno ha ponderado y espera incluir en esta cumbre. Esto es la “revolución” a la que hace mención Cambiemos cada vez que habla sobre la necesidad de reformar el régimen laboral y educativo, a través de la industria de los datos. Las empresas transnacionales estadounidenses enfocadas en la tecnología de punta representan cinco de las siete firmas más grandes del mundo con dominio de la información, los medios, las ventas y la tecnología. Ellas son Google, Facebook, Amazon, Apple y Microsoft. Is it Time to Break Up Google?” (¿Llegó la hora de dividir Google?) se preguntó recientemente Jonathan Taplin en el New York Times: Google tiene una cuota de mercado de 88% en la publicidad de búsquedas, Facebook (y sus filiales Instagram, WhatsApp y Messenger) posee 77% del tráfico de redes sociales móviles y Amazon tiene un 74% de participación en el mercado de libros electrónicos. En términos económicos clásicos, los tres son monopolios. El control de la información, los medios y las ventas por parte de estas tres empresas tiene consecuencias indeseadas para la democracia, la innovación y el interés del público.

El primer antecedente en lo relativo a un paquete de asuntos digitales bajo el título de “comercio electrónico” se dio en el marco del Acuerdo de Asociación Transpacífica. Fue el primer acuerdo en este área que incluyó fuertes normas vinculantes, tal cual lo reclama ese conglomerado ahora. Y si bien en ese y este caso dicen pensar en una gran forma de promover la capacidad de las pequeñas y medianas empresas para aumentar sus ventas por Internet, en la práctica lo que sucedió es que se ha restringido el derecho de los países a reglamentar en áreas como la privacidad de datos y la protección de los consumidores, las transferencias de datos transfronterizos, la neutralidad de la red y otros asuntos relacionados con la gobernanza de Internet.

Entre tanto, según la OMC, tal como consta en su página web, “el sector de los servicios financieros desempeña una función decisiva en cualquier economía moderna. El conjunto de las entidades que lo constituyen puede considerarse el cerebro de la economía”.

Por consiguiente, Argentina se para en el centro del quehacer mundial financiero al convertirse en el primer país en asumir de manera simultánea la presidencia del Grupo de los 20 y organizar la cumbre de la OMC. “La presidencia define la agenda y eso es un gran privilegio y una enorme responsabilidad”, sostuvo Pedro Villagra Delgado, ex vice canciller y actual sherpa argentino del G-20, que se llevará a cabo en noviembre de 2018 en la ciudad de Bariloche y en la que se esperan las presencias de la mandataria alemana y los presidentes de China, Xi Jinping; Rusia, Vladimir Putin; y Estados Unidos, Donald Trump, entre otros.

“El gobierno asumió como mantra la condena al proteccionismo y se transformó en un enérgico promotor del libre comercio”, comenta Cecilia Nahón, quien fue sherpa de la Argentina en el G20 durante el gobierno anterior y es actual directora de un programa sobre este foro en la American University. Sin embargo, continúa Nahón, “hasta el ascenso de Trump y el Brexit, las potencias acordaban primero en el seno del G7, y luego en el G20, las negociaciones comerciales a impulsar en la OMC, buscando torcer a su favor dicha organización de membresía casi universal (164 países) y con mayoría de países en desarrollo. Hoy, las mismas fisuras que atraviesan al G20 también golpean a la OMC, en el marco de un sistema multilateral debilitado, dominado por la incertidumbre y, en muchos casos, la parálisis”.