El retorno de CFK es un espectro que atormenta a la Casa Rosada, una fracción del peronismo y el aparato sindical. La maquinaria judicial redobla su marcha para atribuirle responsabilidad a la ex presidenta en cualquier hecho de corrupción que emerja. Remisiones al clima cultural y político del 55’, metáfora brasilera y preguntas sobre la vigencia de una experiencia política que no sucumbe con videos que se viralizan por la web.

Nunca se sabe si la liturgia es causa o consecuencia pero resulta, por lo menos, temerario que una fracción del Gobierno, una escuadra de magistrados en el Poder Judicial y los holdings mediáticos se empeñen en zamarrear a Cristina Fernández de Kirchner en los tribunales. Si bien la ex presidenta culminó su mandato el 9 de diciembre pasado a las 23:59 por una medida cautelar que dispuso un interregno de doce horas para el senador Federico Pinedo, Cambiemos alude a su figura sistemáticamente, sea para culparla por la presunta herencia o tan sólo desatarse la angustia ante un Estado que no comprende, como si ella todavía ocupara el sillón de Rivadavia que Mauricio Macri a menudo le cede al perrito Balcarce.

“Es una ladrona hija de puta”, deslizaba en referencia a la ex primera mandataria un funcionario del primer pisode la Casa Rosada antes del cierre de esta edición. Con cierto desparpajo de clase, sin ningún tipo de templanza ni cotejo mínimo con la historia argentina y los recientes sucesos en Brasil, donde el líder del PT, LuizInácio Lula Da Silva, fue llevado por la fuerza pública a declarar por el escándalo del “Petrolao”, la actual administración contribuye al agigantamiento de CFK y abona el terreno para el surgimiento de otro capítulodel relato que tanto enervaba a sus principales cuadros.

La diáspora o la introspección del propio Partido Justicialista en un contexto crítico para los sectores populares, con alta inflación, incremento de la pobreza y despidos masivos, hizo en los últimos meses lo propio. Y las palabras que el diputado Andrés “Cuervo” Larroque le dijo a uno de los ministros que más tiempo integró el gabinete anterior cobraron vigor: “acá parece que hay algunos que no entienden que Cristina es Perón”,habría proferido el referente de La Cámpora.

La tensión que ascendió vertiginosamente desde fines de marzo, cuando desde el juzgado de Claudio Bonadío se comunicó que mandarían a buscar a Fernández de Kirchner con la Policía si no se presentaba a la declaración indagatoria en la causa que investiga el caso de la venta de dólares a futuro, sazonó esa hipótesis. “Mientras unos critican a la ex presidenta como si estuviera gobernando, otros aseguran que el kirchnerismo se terminó pero todo eso está animado por una wishfulthinking (expresión de deseos)”, explicó el antropólogo Alejandro Grimson, quien escribía un artículo en inglés para una publicación alemana al momento de la conversación con esta revista.

Desde el entorno presidencial, negaron rotundamente cualquier tipo de preocupación ante las convocatorias que blandía el kirchnerismo para concentrarse en Comodoro Py, en respaldo a su jefa. “Estamos preocupados porque ese día Marquitos Peña tiene que hacer su presentación mensual en el Congreso como jefe de Gabinete”, adujo una de las fuentes consultadas por Kamchatka antes del 13 de abril.

 

Del tirano prófugo a la yegua

Las distancias son enormes. Los contextos, incomparables.

Sin embargo, un hilo conductor une de forma subterránea el veneno antiperonista del 55’ con el que vierten en cada esfera de acción social los que se sienten triunfadores desde el ballotage del 22 de noviembre. Hasta el Papa Francisco, ese tótem con rostro de Jano para el kirchnerismo, manifestó a través de sus intermediarios que notaba el “revanchismo” vigente y no tenía esa percepción desde la dictadura de la Revolución Libertadora que derrocó a Perón.

Grimson recuerda que, en aquel entonces, los diarios adoptaban un rol un tanto pretencioso, anclado sobre la suposición de que era menester educar al soberano. “De la lectura de la prensa de aquellos años se desprende que un sector creía que el pueblo se había equivocado pero que, si se lo educaba, cambiaría y aprendería a votar”, detalla a más de seis décadas.

No obstante, precisa que “el antiperonismo debatía en el 55’ si al peronismo había que aniquilarlo o integrarlo”. El saldo de esa discusión al interior de la clase dominante se conoce pero el académico apunta que “ese mismo debate se produce hoy cuando se plantea la opción de un ataque furibundo o la búsqueda de ciertas formas de diálogo” con el Frente Para la Victoria.

La resolución de esa disquisición alumbra desde hace rato, si se observa con atención la inquina que aplicó Macri durante sus primeros 100 días de gobierno. Más de 100 mil despidos tanto en el sector público como el privado, suspensiones en la industria y parálisis en la construcción constituyen claras señales sobre qué parte se liquidará y cuánto será pasible de asimilación en esta etapa.

Hasta ahora, los popes de los tres pedazos de la CGT cabildearon, única y abiertamente, sobre la necesidad de una modificación al impuesto a las ganancias. Ysobre el otro andarivel del movimiento obrero, el titular de la CTA, Hugo Yasky, destacóla relevancia del proyecto de “emergencia ocupacional”que presentaron en conjunto las centrales obreras en la Cámara de Diputados. “Estamos en el dilema del huevo y la gallina”, subrayó con respecto a las demandas cruzadas entre los militantes territoriales, los referentes políticos y los caciques gremiales cuando recibió en su despacho a esta publicación, y añadió: “Los diputados esperan otra reacción de los sindicalistas y los sindicalistas esperan otra reacción de los diputados pero no es cuestión de tirar la pelota afuera sino de hacerse responsable para enfrentar el ajuste”.

Ya en “Resistencia e Integración”, Daniel James postulaba que las bases presionaban y condicionaban en los primeros tiempos de la Libertadora a los dirigentes gremiales, alrededor de 300 en total, que negociaban en Buenos Aires el futuro del movimiento pero no tenían las manos libres para cualquier concesión que se les ocurriera: los jefes sindicales peronistas sabían que sus afiliados podían contornearlos y desbordarlos. Y según recoge Catalina Scoufalos en uno de los tantos testimonios que publica en “Memoria y Resistencia”, la reacción inicial de los trabajadores “se fue organizando en la calle, en las plazas, en las misas, no estaba centralizada en una conducción y era anárquica”.

Curtido en las marchas más emblemáticas de los docentes y las huelgas de hambre de la Carpa Blanca, Yasky reconoció que al sindicalismo le falta gimnasia. “El movimiento sindical argentino tiene una camada de dirigentes que prestan demasiada atención al aparato sindical y evitan riesgos porque están atados con correas al Estado”, alegó con una remisión solapada a los fondos de las obras sociales y el apoyo de ciertos sindicatos a Macri.

 

Tierra y saliva

La estrategia principal de Cambiemos es, a todas luces, la desmoralización del kirchnerismo. Con esa hoja de ruta, apuntan sus camiones atmosféricos contra CFK, independientemente de que existan elementos o no para investigarla en causas de corrupción. Y se enceguece todo el Gobierno en esa cruzada.

No le vendría mal a Macri un repaso del per saltum que reclamó el otrora fulgurante ministro de Obras y Servicios Públicos, Roberto Dromi, el 13 de julio de 1990 -sobre el filo de la feria judicial de invierno- para que la Corte Suprema de Justicia tomara el expediente que tramitaba en el juzgado de Oscar Garzón Funes contra la privatización de Aerolíneas Argentinas. Patrocinados por Alberto González Arzac, la dirigente del sindicato de Azafatas y Personal de Aeronavegación, Alicia Castro, y el diputado Moisés Fontela habían presentado un amparo contra la iniciativa del presidente Carlos Menem pero el máximo tribunal accedió al pedido realizado por el superministro del riojano y, a las 17:30, suspendió los efectos de la sentencia de Garzón Funes, quien dictaminaba la ilegalidad de todo el procedimiento, bajo la consideración de que la venta de la línea de bandera era un hecho político no justiciable.

En diálogo con Kamchatka, uno de los consejeros directivos de la Facultad de Derecho se mofó de que el juez Bonadío pretenda ahora tipificar como delito una acción política que atendía a condiciones de oportunidad, mérito y conveniencia bajo el criterio de una gestión que tomó una decisión sobre el valor del dólar amparada en la carta orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). “Alegan perjuicio fiscal pero hay inexistencia de delito”, enfatiza el abogado.

Asimismo, el letrado fundamentó que “el supuesto quebranto estatal por la venta de dólar a futuro a un precio por debajo del que efectivamente acredita ahora la divisa norteamericana no se da por las acciones del gobierno anterior sino por la devaluación posterior”, dispuesta por el actual ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, y “la política cambiaria” orquestada por el titular del BCRA, Federico Sturzenegger. Para la imputación de la ex jefa de Estado, el ex ministro de Economía, Axel Kicillof, y Alejandro Vanoli, antecesor de Sturzenegger, “se requiere la prueba de la connivencia entre esos tres actores y los actuales responsables del valor de la moneda yanqui”, abunda la fuente, e ironiza: “salvo que Bonadío esté dispuesto a demostrar el tándem entre CFK y Macri, porque los que conocían el nombre de los potenciales beneficiarios de un precio del dólar más alto que los títulos adquiridos en noviembre no eran sino los funcionarios de Cambiemos que devaluaron”.

 

Bravuconada por la culata

Cuando al constitucionalista Eduardo Barcesat le sonó el teléfono, estaba en una reunión y pidió que se le enviaran las preguntas de esta publicación por correo electrónico. Ante la consulta acerca de la posibilidad de que una decisión política se tipifique como delito, contestó de manera lapidaria: “Tengo pésima opinión del juez Claudio Bonadío”.

Además, admitió que desconoce los fundamentos de la causa en que se ha citado a Fernández de Kirchner a prestar declaración indagatoria. “Si tiene usted información fidedigna de la causa, me agradaría conocerla”, tipeó.

Desde que se conoció la citación de Bonadío, ríos de tinta se escribieron a caballo de las especulaciones sobre la chance de que CFK no se presentara y la pulsión militante de quienes convocaban a un nuevo 17 de octubre para respaldarla. En espejo, los medios masivos de comunicación difundieron un video de las cámaras de seguridad de la financiera SGI “La Rosadita”, fechado en 2012, cuyas imágenes muestran a un grupo de empleados, entre los que se encontraban el hijo de Lázaro Báez, contando dinero.

Tras el impacto en la opinión pública, el juez Sebastián Casanelloordenó la detención del empresario santacruceño, en el marco de la causa que se le sigue por lavado de activos, y lo indagó.Ante la avidez periodística, el magistrado había respondido en los días previos que la ex presidenta “no está involucrada”, y negó cualquier posibilidad de que se la cite siquiera como testigo.De todas formas, resolvió nuevas citaciones judiciales para Federico Elaskar y Leonardo Fariña, el acusado que declaró contra sí mismo en la TV, luego aclaró que era un show y recientemente pidió disculpas por mentir, se desdijo y se comprometió a utilizar la verdad como “estrategia”.

El propio Barcesatrecomendó antes que se desencadenaran los hechos recientes que la defensa de Fernández de Kirchner recuse a Bonadío. “Presumo la parcialidad del juez interviniente y entiendo que quien asumió la defensa de la ex presidenta debía recusarlo por las recientes manifestaciones amenazantes de irla a buscar por la fuerza pública”, opinó, y concluyó:“Ese ejercicio intimidatorio es abusivo y exhorbita la función jurisdiccional, es más propio de un matón que de un integrante del Poder Judicial y objetiva la causal recusatoria de enemistad manifiesta”.

La efervescencia de este abril no sólo refuta el acta de defunción que se labraba para el kirchnerismo, que se desvanecería–tal, la lectura de sus verdugos- por la perdurabilidad y la inmanencia del peronismo, sino que parece reverdecerlo. “En Brasil suelen decir que nadie pierde el tiempo en patear un perro muerto”, desafíaYasky mientras ojea en el diario las noticias que llegan desde el vecino país.