Por Emilio Ruchansky

Mística. Nilda Garré lo repite en los tramos “políticamente” sensibles de esta entrevista. Cuando recuerda su hogar, a su padre y a la resistencia peronista en años de proscripción simplemente dice: “Había mucha mística”. También al comparar la muerte de Perón y la de Néstor Kirchner: “Yo recuerdo la continuidad de Isabel (Perón), sin mística. Y la continuidad con Cristina. Convocatoria y mística”. La diputada nacional del Frente para la Victoria no oculta su fastidio por perder la “adrenalina permanente” de la gestión frente al “frustrante” presente legislativo. La casa no le es ajena. En 1973, con 28 años, fue electa diputada nacional y ejerció hasta el golpe del 76. Volvió casi 20 años después con el Frepaso. Viene de despachos más calientes que las simétricas oficinas del edifico anexo del Congreso. Garré fue la primera ministra de Defensa de la Argentina y dejó luego una impronta democrática y profesional en la cartera de Seguridad, creada en 2010 para coordinar las policías federales, la prefectura y la gendarmería.

¿Cómo evalúa el decreto que devuelve atribuciones a las Fuerzas Armadas para asuntos como las designaciones, ascensos, traslados?

Nada en sí mismo es demasiado grave. Son aportes a una política de autonomización de las Fuerzas Armadas, de darles poder y que vayan generando cierta vocación por tomar decisiones. A cualquier espacio, sea político o militar, vos lo dejás que crezca y crece, lo ocupa. El vacío se llena.

¿Cree que en la fuerza hay ambición por ocupar lugares?

Aunque más no sea para defender la propia corporación. No para tomar el gobierno. Seguramente, en este momento, no para eso. Yo tampoco dejaría que se excitaran en ese sentido. Ellos tienen muy desarrollado, llamativamente desarrollado, el espíritu corporativo. La familia militar. Siempre vivieron hacia adentro. Son muy endogámicos. Se casan entre ellos. Se visitan entre ellos. Viven en barrios militares todos juntos. La familia militar es desde los colegios. Cuando están estudiando, no es sólo el cadete el que entra. De alguna manera son los padres. Toda esa gente empieza a tener pertenencia. Si vos dejás que se designen o definan el cambio de destino de un militar, van a proteger a los amigos o, si pueden taparle una matufia a uno, lo van a hacer. Entonces, yo tengo que dejares el menor poder posible. Les dieron eso, con lo cual…

¿Se los dieron o lo pidieron?

Han puesto en cargos del ministerio a militares. Yo tuve mucha lucha. Ellos querían mantener su estructura y los ascensos. Todo eso es una rosca, aunque parece muy meritocrático. Yo no me desprendería de ese poder. Porque es poder eso.

¿Qué opina de los desfiles militares? A propósito del que se hizo por el Bicentenario de la Independencia.

No hacíamos desfiles.

¿Por qué?

Porque, primero, son muy caros. Y llevan no sé cuántos días de entrenamiento. Es poner la energía en una cosa que está destinada a despertar la admiración y la adhesión del pueblo. Es para exaltar.

Un ejercicio de narcisismo.

Claro.

¿Y eso lo pedían?

No.

Cuando asumió Macri, surgió casi inmediatamente el debate sobre la Ley del Derribo de aviones. ¿Los militares realmente quieren participar en la lucha contra el narcotráfico?

No, no quieren. No quieren porque saben que no están entrenados para eso sino para aniquilar al enemigo. No es casualidad que eso esté en el decreto de Italo Luder (en 1975). Es el verbo que se utiliza. Es el objetivo de la doctrina militar. Y para eso, tiene armas de mucho poder de fuego. En la seguridad, es todo lo contrario: se trata de prevenir, persuadir, desinstalar una situación de violencia y, por eso, está muy reglamentado el uso de las armas de fuego. Hoy en día, el narcotráfico es algo más que un tema delictivo. No en Argentina, claro. Segundo, ellos han visto lo que le pasó al Ejército mexicano, que ha entrado en una situación de desprestigio. No tienen interés. No es una demanda de los militares, es una demanda de los Estados Unidos.

Cuando Patricia Bullrich entró al ministerio de Seguridad, fue sacando protocolos de intervención respetando el debido proceso…

Son disposiciones de Naciones Unidas. Nosotros tuvimos la voluntad política de ponerlos en vigencia.

¿Piensa que la fuerza está pidiendo, en el caso del protocolo de las manifestaciones, tener el control que ustedes le sacaron?

Y sí. Al darle un marco estricto durante nuestro gobierno, ellos sabían que, ateniéndose a ese marco, no corrían riesgo. Ahora, ellos siempre buscan más poder en la calle, porque eso le da más control de la calle también.

Las fuerzas federales también, más allá de la Policía Federal.

Menos. Por eso, yo los puse en la zona sur. Porque la que tiene el control de la Ciudad desde hace muchas décadas es la Policía Federal: 40 mil tipos para manejar 200 kilómetros cuadrados. Conocen cada manzana. Y dije, porque hablé con los jueces federales, qué pasa si pongo a la Prefectura y Gendarmería y saco a la Policía (en el Cinturón Sur de la Ciudad). Porque toda esa zona de las villas es la zona donde hay más violencia, más homicidio, más droga. Y la Policía está totalmente en sociedad con los grupos delincuenciales, que generan mucha plata. Antes eran la prostitución y el juego pero ahora es la droga. En definitiva, hacen un control del territorio de la zona de cada banda pero sacan comisiones en cada zona. Entonces, tenía que sacarlos de ahí en lo posible. Los jueces federales estuvieron totalmente de acuerdo.

Ya fue diputada en otras oportunidades. ¿Cómo es ahora?

A veces, me aburro porque me enamoré más de la gestión, que tiene una adrenalina permanente. Es muy atractivo. Néstor Kirchner me decía: “Si todos los días uno puede decir hice esto, resolví una cosita, uno ha cumplido”. Acá es todo mucho más mediatizado.

Y hay que trabajar mucho más en grupo.

Y en este momento, que estamos en minoría, es frustrante.

Pero son primera minoría.

Sí, pero te juegan con estas alianzas, el pan peronismo. El peronismo siempre fue pan. Siempre hubo un montón de cosas adentro. Esas mezcolanzas que hacemos. Ellos dicen que negocian pero negocian con Massa y con Bossio.

Y pasaron muchas leyes y decretos sin que hubiera discusiones profundas.   

Yo espero que esto empiece a caer. Porque no sé cuánto tiempo más Massa, si tiene aspiraciones electorales, va a poder seguir bancando este proyecto.

¿Lo considera peronista?

A Massa lo considero un oportunista, que viene de la ultraderecha. La Ucedé. Viene de ahí. Y aparte de eso, es un tipo con potrero, pícaro pero muy oportunista, que además se casó con Malena, que es la hija de (Fernando) Galmarini y (Marcela) Durrieu, punteros del conurbano. Una mezcla de pragmatismo y derecha.

¿Y Bossio?

Bossio me sorprendió. Creo que ahí hay algún carpetazo porque, la verdad, era muy debido a Cristina y Cristina le dio una cuota de poder. Administró bien. Fue organizado. En todas las delegaciones, puso gente de él. Hasta ahora no le servía más que para ser diputado. Es menos ambicioso que Massa. A Massa la ambición lo mata, el narcisismo. Tiene defectos psicológicos más complicados. Es más peligroso si llega a tener poder. A Bossio lo veo como un tipo que vio una oportunidad…

También había que generar una sucesión…

Es uno de los temas que estamos pagando.

Ustedes, como generación, cómo ven los nuevos cuadros, los que hoy tienen 30 o 40 años…

La verdad, veo mucho optimismo. Algo que no veía hace unos años. No había habido una recuperación de la generación de los 70’, no habíamos vuelto a ocupar posiciones de poder durante el menemismo y la Alianza. Parecía que las ideas de los 70’ languidecían. Néstor recupera la política, la prestigia de vuelta. Y empiezan a organizarse actos en los estadios, con este armado de La Cámpora, con sus defectos pero con gran capacidad de convocatoria. Ahora hay diputados, acá, de La Cámpora. Y se matan trabajando en las comisiones. Eso faltaba antes. El kirchnerismo logró convocarlo.

Hay una frase del Cuervo Larroque, él dice que algunos no se dieron cuenta que Cristina es Perón.

Cristina es más peronista que Néstor. Por tradición. Pero no se lleva del todo con el PJ. Todos nosotros. Me crié en un hogar peronista, participé, mi padre estaba en la Resistencia. Mucha mística. Hasta ese Perón del final. Estaba muy viejo y enfermo. Estaba limitado en su voluntad, lo que explicaba el viejo Taiana (su médico). Evidentemente el kirchnerismo es el peronismo del siglo XXI. Cuando nosotros decimos que somos peronistas, es como adherentes a una serie de principios y las tres banderas que hoy se expresan de otra manera. Y además, a eso el kirchnerismo le agregó una actualización en la agenda de derechos. La modernidad, la actualización y la misma fidelidad a las raíces la hizo el kirchnerismo. William Cooke tiene una frase muy linda que dice: “El pasado es raíz y no programa”. Es decir, te da sustento pero, hacia el futuro, el programa tiene que ser ampliado con otras cosas. Lo que trajeron Néstor y Cristina fue modernidad. Pero ella es más peronista. Néstor era más crítico de Perón. Me doy cuenta por frases, por cosas…Néstor era más constructor, más rosquero. Cristina tenía menos de construcción pero más de gestión. Con capacidad de innovar y convocar sectores nuevos. El kirchnerismo es, no diría la etapa superior del peronismo, pero es la nueva etapa. El liderazgo de Cristina yo no lo compararía con Perón. Porque él era militar, era hombre…