Víctor Hugo Morales trabaja con la misma energía de siempre pero trasunta una mirada pesimista sobre el escenario actual. Legendario combatiente contra la concentración mediática mucho antes que en Argentina se discutiera la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, advierte que “nunca como ahora las corporaciones tuvieron tanto poder”. Rutinas, pesares, hidalguía y anhelos de un gladiador de las palabras.

Por Pablo Dipierri

La lluvia y el frío tamizan las conversaciones sobre las miserias televisivas en el ágora semipública de las redes sociales, pero Víctor Hugo Morales ignora lo que sucede en esa argamasa de flujos informativos que fascina a intelectuales, consultores, militantes y dirigentes políticos por la posibilidad que otorgan para que su mensaje se propague más y llegue mejor a sus destinatarios. “Yo no sé nada de eso”, responde de movida el periodista que conduce La Mañana por la AM 750 de lunes a viernes y El Diario en C5N cada atardecer cuando se le pregunta por el auge de tales plataformas. Si bien repone que existe un usuario de Twitter autenticado con sus iniciales, aclara que lo administra su equipo de producción, cuyos miembros lo mantienen al corriente de lo que acontezca sobre la geografía de semejante galaxia.

En ese sentido, admite que “no podría contestar con certeza sobre la potencia de esos canales de comunicación” y, al mismo tiempo, remarca el impacto que siguen teniendo la televisión y la radio en la sociedad. “Vengo escuchando sobre la muerte de la radio hace tanto y, sin embargo, acá estamos”, desliza con la sonrisa del payador que dibuja su nombre con un facón en la mesa de la pulpería.

La carrera electoral copa el debate en todas partes y, en este diálogo con Kamchatka, el célebre relator uruguayo lamenta las vicisitudes que desató la entrevista que realizara, junto a sus pares Gustavo Sylvestre y Roberto Navarro, al ex ministro del Interior y actual candidato a senador por la Provincia de Buenos Aires bajo el sello Cumplir, Florencio Randazzo. “Lo respeto y hasta lo he tenido por buen ministro”, expresa en medio de la propagación de críticas al ex funcionario del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, a quien ahora enfrenta políticamente, y la réplica de los pulpos mediáticos que promueven la humareda a través de la repetición de los momentos más álgidos del reportaje.

Aquella noche, cuando Morales le preguntó a Randazzo si había leído en Clarín la cizaña con la que se trató el asunto de la presunta vinculación del otrora ministro de Planificación Federal y ahora diputado, Julio De Vido, el entrevistado respondió que no leía los diarios. “Fue una respuesta para salir del paso”, concede VHM, y agrega: “por otro lado, sostuvo que Página 12 mentía al quejarse por la nota de Horacio Verbitsky” en la que se mencionaba que la gobernadora María Eugenia Vidal financiaba la campaña del candidato chivilcoyano.

Con ese panorama como telón de fondo, el eximio comunicador pone de manifiesto el pesimismo con el que analiza la realidad. “Agradezco que me queden pocos años porque lo que vivimos ahora y lo que asoma es de un nivel de podredumbre inédito”, asevera.

¿No se advierte una fisura que permita imaginarse una chance o por donde se adivine una salida?

Es que enfrentamos al diablo, y no tengo problemas en decirlo. El nivel de odio y mentiras que instrumentan, con operaciones judiciales de todo tipo, es brutal. Nunca como ahora las corporaciones tuvieron tanto poder. Y si en algún momento volviera un gobierno progresista, y creo que eso va a suceder porque es una cuestión cíclica y después de una experiencia neoliberal los países optan de nuevo por representantes de sus intereses, la pelea arrancaría de mucho más atrás. Ya no va  existir la chance que tuvo la ex presidenta en 2008 o 2009, cuando enfrentó los monopolios mediáticos.

Karl Kraus, un periodista vienés que ejerció el periodismo en la etapa de entreguerras y fue víctima del avance racista de Adolf Hitler, escribió a principios del siglo XX contra los efectos de los medios masivos y dijo: “Yo trabajo entre los escombros y las ruinas del lenguaje”.

Creo que nosotros estamos todavía más abajo que eso, entonces.

¿Cuál es la rutina periodística con la que arranca cada mañana?

Me despierto a las 6 y empiezo leyendo Página 12. En una época, leía también La Nación porque había en ese diario, y yo lo conozco muy bien, una intención de competir contra Clarín. Pero a  esta altura es la misma cosa. Así que sólo lo leo si algún artículo llama mi atención. Luego, cuando llego a la radio, el equipo de producción tiene preparado un resumen y vamos charlando sobre la agenda de temas.

¿Cómo se mitiga la angustia y el agotamiento que genera este contexto político, económico y cultural?

Si yo no supiera que esta noche, después de mi programa, voy a ir al teatro… no sabría cómo sobrellevarlo. La música, la lectura, el teatro son las cosas que reconfortan. Creo que no podría soportarlo si, luego de cada jornada, volviera a casa y siguiera viendo televisión para enterarme de lo que se dice o continuara con la lectura de noticias.

Barrilete cósmico

A pesar de la desazón, el locutor del mejor gol en la historia de los mundiales no clausura la posibilidad de que ocurra lo inesperado o fuera de serie. “Lo veo en la innumerable cantidad de charlas que doy por todo el país, donde aparece el sentimiento de la gente y que es, claramente, mucho mejor que los dirigentes, por las convicciones que la mueven y lo que se trasluce en sus palabras, sus miradas y sus gestos”, detalla.

Sin embargo, no vislumbra hoy la emergencia de una nueva figura que sintetice y exprese esa “batahola ciudadana” que regurgita en una especie de país subterráneo u oculto, deliberadamente, para el mainstream mediático. “No aparece todavía el nombre de quien pueda encarnar eso”, dice sin dejar de reparar en los atributos de CFK, a quien le adjudica un coraje superlativo para plantarse contra los poderes fácticos, un liderazgo indiscutido en esta etapa y cuyas cualidades mensura sin necesidad de recurrir a un inventario histórico de trayectorias. Situado en un presente que lo desahucia, enuncia cual si fuera la arenga previa a un combate agónico que “Cristina Kirchner es la última de los mohicanos”.