Por Leticia Martínez

Con lo desconcertante que fue la campaña, y ahora mismo sus primeros pasos como presidente de Estados Unidos, difícil es aún saber qué hará, de todo lo que dijo, Donald Trump en Medio Oriente. Palestina, Israel y Siria serán posiblemente los principales escenarios donde llevará adelante sus decisiones para la región.

Trump se mostró en contra de la decisión de la ONU que condenó los asentamientos israelíes en territorio palestino, prometió trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, afirmó que desmantelará el acuerdo nuclear con Irán, y expresó que podría trabajar junto a Rusia para combatir al ISIS. Ahora resta ver cuáles de esas promesas cumplirá y qué consecuencias podrían tener en la región, que es una de las más agitadas del mundo.

“Para Trump, la política exterior hacia Oriente Medio de sus dos predecesores es un lastre para cumplir con su principal slogan de campaña: Make America Great Again. Bush despilfarró trillones de dólares con sus aventuras militares y Obama no hizo lo suficiente para contener a ISIS e Irán”, explica en diálogo con Kamchatka, el analista internacional Pablo Scuticchio.  Las opciones del mandatario se centrarían en acortar costos militares e invertir más en el propio país, y a su vez, doblar la apuesta y recordarles a los enemigos de Estados Unidos que ya no pueden provocar a los norteamericanos con impunidad.

En tanto, según Scuticchio, Benjamín Netanyahu en Israel busca el visto bueno para reanudar la construcción de asentamientos en territorio palestino, al tiempo que Erdogan en Turquía y Al-Sisi en Egipto quieren desarticular a sus opositores sin sufrir sanciones internacionales y Rusia exige la permanencia de un gobierno amigo en Siria. “¿Está Trump dispuesto a sacrificar varias de las vacas sagradas de la política exterior norteamericana en esta parte del mundo?”, se pregunta el especialista.

Palestina e Israel

“La posibilidad del traslado de la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, es para incendiar el lugar. Quieren ver al Medio Oriente en llamas para luego tomar el mando”, explica a esta revista Nurit Peled Elhanan, profesora universitaria y activista israelí galardonada en el 2001 con el premio Sarajov, reconocimiento del Parlamento Europeo a las personas e instituciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos.

Nurit conoce de cerca el horror. En 1997, perdió a su hija de 13 años en un atentado suicida cometido por un palestino. Nacida en el seno de una familia militante, su papá participó en altos mandos del Ejército israelí, y posteriormente se convirtió en parlamentario del Knesset y se oponía a los asentamientos de Israel. La activista sostiene que la abstención de Estados Unidos que permitió que Naciones Unidas condenara las colonias en Palestina no significan nada: “Fue una propina que Obama dejó antes de irse. Lo de Obama fueron grandes discursos, pero hechos horribles como todos los demás”.

Sin embargo, Elhanan reconoce que lo se viene con Trump “es aún mucho peor”. Entre las primeras señales del presidente estadounidense, se encuentra la reunión que ya pautó con el premier israelí para febrero próximo en Washington. Ambos mandatarios mantienen una relación cercana y aspiran a profundizarla. “Netanyahu está incendiando el país. Él debería ir a la cárcel por lo que hace. Todos los niños que mueren aquí son víctimas de la ocupación”, concluye la activista.

Siria

“Se sabe que Trump quiere una buena relación con Rusia y que puede conducir a que se convierta en una especie de aliado en la lucha contra el enemigo común, que es ISIS, y todos los extremistas islámicos en la región”, asegura en declaraciones a Kamchatka Khalaf Dahowd, integrante del Alto Comité de Negociación (HNC, por sus siglas en inglés) en Génova, por la Paz en Siria.

Además, Khalaf explica que, si se establece esa alianza, se pondrá la responsabilidad “sobre Rusia para controlar el poder de Irán en Siria, por lo tanto en la región, y eso es lo que quiere Trump. Siria se ha convertido en una arena de conflictos internacionales de intereses y poder. La forma de resolver la crisis y poner fin a la tragedia siria aún está lejos”.

Fiel a su estilo, las promesas del nuevo mandatario para Medio Oriente generan temor de lo que pueda suceder. Sin embargo, y a juzgar por la historia, los demócratas en Estados Unidos también fueron partícipes de la construcción de los kilómetros de muro con México que ya se construyeron, y la misma Hillary Clinton apoyó la guerra en Irak. Quién sabe. Perro que ladra no muerde. O al menos, quizás sea difícil morder aún más, en una región tan herida por las gestiones estadounidenses anteriores. Menos gritonas, pero tan crueles como los dichos de Trump.