Se extravió la brújula. O se escapó la tortuga.

El establishment manda sus cuadros a crossfit porque se asiste, supuestamente, a la era de la posverdad. Siamo fuori della copa, otra vez.

En los márgenes, pululan los perezosos que rezongan, reniegan y revisan. Desconfiados, preguntan a la corriente que los empuja pero no los arrastra por los testimonios de un relato que persiste a pesar de la propaganda en su contra, el sepelio organizado por WhatsApp y el luto previsto en selfies con filtro para Instagram.

La voracidad técnica del capitalismo estrangula y empobrece los discursos sociales y la teoría crítica. El lenguaje languidece, desguarnecido ante los licaones que le yugulan la pulpa y dejan las palabras sin carozo en los diarios o los muros de Facebook.

Mauricio Macri le ganó a la política con la vacuidad de los medios de comunicación, enuncia un epistemólogo. Donald Trump derrotó al aparato cultural demócrata gritando en televisión y escribiendo con mayúscula en Twitter, especula un investigador del MIT. El Brexit liquidó el humor inglés y las fobias corroen el imperio de los eufemismos, oxímoron y sinécdoques que balbucearon siempre los dueños del circo, concluye un standupero de Palermo.

Sin embargo, todavía late una bomba dentro de cada epíteto que irriga la arena yerma de un desierto que promete oasis para lsd inversiones pero azota con vendavales que no se anima a nombrar o rebautizar bajo la familiaridad etimológica de la lucha de clases. Como fantasma de desván, el antagonismo pone proa contra el viento y permea el oleaje hediondo del aire acondicionado que mana de las cloacas informativas.

La pelea no terminó. Por eso, esta edición de Kamchatka indaga si los vocablos siguen siendo cuchillos entre los dientes o una mera ornamentación, flotando en la gaseosa nube que se disipa en la orfandad de una verdad inalcanzable.

Y en última instancia, cada púgil demuestra dentro del ring la terrenalidad de su pensamiento, porque la vocinglería de los que la cuentan de afuera o escupen Padrenuestros es una cuestión escolástica.

Fue el propio Jaques Lacan quien advirtió que “la realidad se estructura con elementos de ficción”, aunque eso no sugiera que los pueblos vivan en la mentira sino que la sociedad se instituye a puro signo. Y parafraseando a Maurice Merleau-Ponty, vale para las dos esquinas del cuadrilátero porque ni el conservador ni el trabajador tienen conciencia de boxear un asalto económico nada más y siempre dan a su acción una significación humana.

La rebeldía no se anuncia ni precede al esbozo del plan revolucionario. Eros y Tánatos, desde el fondo de los tiempos, jalan más que una yunta de bueyes.

La pregunta ineludible es por el deseo. Y la respuesta, históricamente situada, menta el precio, la praxis y el programa de un proyecto político determinado.