Después de que Kamchatka publicara la nota Sin remedio para el acoso, el laboratorio Gramon se convirtió en un hervidero. Mientras la conducción de la empresa protege al supervisor acusado de acoso sexual, los trabajadores defienden a la víctima que se plantó contra el abusador y respaldan los testimonios de otras mujeres con denuncias similares.

Por Pablo Dipierri

“No sé cómo conseguiste mi número ni quién te lo habrá pasado”, fue la respuesta que, entre los nervios y la irritación, balbuceó el gerente Gerry Serra, heredero del laboratorio Gramon, cuando esta revista lo contactó por teléfono para consultarlo por el caso de acoso sexual que denunció la trabajadora Roxana Fernández contra el supervisor Juan Juárez. Ante la pregunta sobre la posibilidad de que la firma tome cartas en el asunto, el dueño se limitó a decir: “Remitite a Legales, tenés que hablar con Legales”.

Sin embargo, Kamchatka había solicitado una entrevista con el gerente o alguna persona responsable 24 horas antes de que trascendiera el escándalo, y repitió la acción tras el breve diálogo con Serra. También por vía telefónica, se especificaron las inquietudes periodísticas, el cronista fue derivado al área de Recursos Humanos, dependiente de la gerente Lilian Forero, y se suministró un canal de contacto para que Gramon diera su versión de los hechos. Al cierre de este nuevo artículo, no hubo respuesta alguna.

Luego de la publicación inicial, corrió mucha agua bajo el puente. El folletín tuvo sus picos, como el desmayo que aparentemente sufrió Juárez en la misma planta donde perseguía mujeres o las entrevistas a trabajadoras que implementó Forero, con la presencia del abogado Alberto Berdaner y el delegado en representación de ATSA. Lejos del consumo de una fantasía por fascículos, las víctimas cobran vigor conforme leen las repercusiones que derivan de su propia valentía.

Según los empleados, al menos 15 mujeres fueron abordadas bajo la “modalidad del reportaje” luego de que la noticia del acosador impactara en diversos portales de internet. En esos encuentros, los representantes del laboratorio tomaron nota de las declaraciones que hicieron las trabajadoras, quienes no se quedaron con copia alguna ni saben qué es lo que escribieron sus interlocutores. Les consta, no obstante, a los directivos que el de Fernández no fue el único caso y que todas padecen el temor de decir en voz alta lo que les pasó.

El terror viene en pastillas

Aunque es imposible que se tape el sol con un colador, el personal jerárquico echó a rodar la versión de que, si el caso trasciende mediáticamente, Roemmers o Craveri dejarán de tercerizar su producción en Gramon. El relato podrá calar en algunos sectores del laboratorio pero la mayoría se sacó el velo que recubría sus ojos y la gerencia tiene algo mucho más complicado que un dolor de cabeza, porque la vergüenza o el fantasma que amenaza con manchar el nombre no se pasan con un Tafirol, una popular cápsula analgésica que se fabrica en la planta de Munro.

Hace unos días, Fernández recibió un mensaje de WhatsApp de parte de un empleado con rango de jefe que se solidarizaba con ella. “Te admiro por tu valentía” y “sabés que no puedo exponerme por mi cargo pero te acompaño en un 100%” eran dos de las frases que leyó la denunciante en la pantalla de su celular.

Al mismo tiempo, corrió el rumor por todas las líneas de producción que el miércoles 11 de octubre por la mañana se realizó una reunión de gerentes en que se analizó el caso. Entre otras cosas, se definió que la estrategia comunicacional para minimizar el impacto público sería que ningún gerente abra la boca y que, en todo caso, la versión oficial corriera por cuenta de “Legales”, tal como Serra contestó a la pregunta que se menciona en la apertura de esta nota.

De ese mitín, habría participado la plana mayor de Gramón, con el mismísimo Serra a la cabeza y Fernando, su hermano, cual mano derecha. Debajo de ellos, según el organigrama que se reconstruyó para este texto, aparecen Forero y Adrián Luna, en Recursos Humanos y Producción; Alejandro Arrigoni, como el gerente de Operaciones al que los trabajadores atribuyen cierta gravitación; y una lista compuesta por una decena de jefes y supervisores empatados en rango.

Si bien Juárez permanece en uso de licencia luego de haberse desvanecido delante de las mismas mujeres a las que acosó durante años, nada se comunicó a los empleados sobre la situación que convulsiona a la planta entera y que fue objeto de debate en la reunión de semejante comité de crisis.

La famiglia unita

En medio de la angustia, los trabajadores conjeturan que la denuncia de Fernández constituye un cimbronazo para la firma. Fundado en 1934 por Gerardo Ramón y conducido hasta hace escasos tres meses por Gerardo Serra, padre de Gerry y Fernando y esposo de una de las hijas del fundador, el laboratorio se asoció a Roemmers en 2011 y comparte el predio con Genomma, dirigido por una mujer.

Entre las especulaciones cruzadas, emergen posibles pugnas intestinas para el desplazamiento de algunos nombres y hasta el choque tectónico de accionistas. Pase lo que pase, las mujeres de Gramon ya no son las mismas.