Por complacencia y convicción, Macri enfila al gobierno en la dirección que demandan la Iglesia, el Poder Judicial y el diario La Nación en la supuesta “guerra contra el narcotráfico”. La semilla del miedo a los jóvenes pobres, entre barriles en la aduana, desfiles con carapintadas y un borrador que nadie vio para que los militares se encarguen de la seguridad interior.

Redacción de Kamchatka

Estado del arte

“La droga, como se verificó en nuestro país una vez más, genera un aumento exponencial de violencia en nuestra sociedad”, conjeturó el presidente Mauricio Macri, desde Tecnópolis, cuando lanzó el plan “Argentina Sin Narcotráfico”, a fines de agosto. Flanqueado por los gobernadores de Córdoba, Tucumán, Salta y Buenos Aires, Juan Carlos Schiaretti, Juan Manzur, Juan Manuel Urtubey y María Eugenia Vidal, respectivamente, el juez Ricardo Lorenzetti y buena parte de su gabinete, el Jefe de Estado argumentó que el consumo de estupefacientes “capta” a los chicos, que “terminan asesinando sin saber qué es lo que están haciendo”.

Tres días después de declararle por enésima vez la guerra al “flagelo”, la Policía bonaerense detuvo a 16 personas en un “operativo antidroga”. El líder del grupo era Richard Castillo Salazar, alias el peruano Mocosón, y se vendió a sí mismo como “jefe de la Mara Salvatrucha”. Enseguida, el secretario de Seguridad Interior, Gerardo Milman, publicó en su usuario de Twitter una serie de definiciones sobre el fenómeno de procedencia centroamericana cuya fuente era el sitio El Rincón del Vago, al tiempo que el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, estimó que “los Maras” están en Argentina desde 2006. En suplemento Ñ del diario Clarín, el investigador Oscar Martínez escribió que “a Milman y a Ritondo les sobraron micrófonos y les faltaron entrevistadores”.

A la semana siguiente, el ex director de Aduanas, Juan José Gómez Centurión, tuvo que presentarse ante la Justicia por el hallazgo de 12 barriles de efedrina en un depósito bajo su órbita. El hecho suscitó una controversia entre el ex titular de la Agencia de Control Gubernamental porteña -que asistió durante el ejercicio de ese cargo a una época de derrumbes de edificios y el incendio de Iron Mountain- y la propia titular de la cartera de Seguridad a nivel nacional, Patricia Bullrich.

Por esa razón, Macri le había pedido la renuncia el 19 de agosto y la diputada Elisa Carrió invitó al desplazado a su casa para respaldarlo. Al momento de escribirse este artículo, Gómez Centurión ya había retornado a la función pública pero como asesor técnico en la AFIP. Hombre de confianza para el primer mandatario, el ex militar participó del levantamiento carapintada durante la presidencia de Raúl Alfonsín y es el supuesto autor de un borrador para que las Fuerzas Armadas se encarguen del combate al narcotráfico.

Desde el Ministerio de Defensa, negaron a esta revista que exista documento o plan alguno “que disponga de los militares para hacer seguridad interior”. El titular del Edificio Libertador, Julio Martínez, acredita procedencia radical y se identifica con el alfonsinismo pero ya sufrió zamarreos caros a su partido: en el desfile del 9 de julio, una demanda por la que clamó desde sus editoriales el diario La Nación, apareció Aldo Rico y el ministro se desgañitó en explicaciones públicas, alegó que no lo había invitado y admitió que “hubiera preferido que no estuviera”.

La confesión y su inclusión en esta nota no son azarosas ni pour la gallerie. Porque al igual que Rico, Gómez Centurión peleó en la Guerra de Malvinas y no se arrepiente de las sublevaciones contra Alfonsín. “Son procesos históricos. Vivimos una posguerra muy compleja desde el 82 hasta La Tablada. Cuando se mira a la distancia fue un movimiento interno gremial. El planteo era al Ejército y no al Gobierno”, sostuvo Gómez Centurión, ya como funcionario del macrismo porteño, durante una entrevista con la revista Noticias, en noviembre de 2014.

Como si fuera poco, el nombre del ex soldado sonaba para ocupar el sillón de Martínez en el ministerio pero la UCR puso el grito en el cielo y logró que se sentara uno de los suyos. En el Edificio Libertador, aseguran que el ministro está firme pero, cuando se los consulta por el elevado nivel de confianza que cosecha Gómez Centurión con el Presidente, consideran que “no es momento de responder a eso”.

[…]

Si te interesó este artículo, podés leerlo completo en nuestra edición en papel. Conseguila en los kioscos o suscribite por Facebook, Twitter o correo electrónico.