Fotos: Sergio Bosco

Por Marina Glezer

“De los rengos y los tuertos, del bajo fondo del puerto, ella anduvo enamorada, su cuerpo es de los errantes, vagabundos y emigrantes, de los que no tienen nada”, canta Chico Buarque en Geni y el zepelin. Parecida a la musa de esos versos, María Riot es una militante feminista, dama de compañía -como la llama su abuela- y defensora acérrima de los desclasados y marginales, peleadora por derechos de los transexuales y trabajadorxs del sexo. Una fuerza inconmensurable la atraviesa y la organiza. Escucharla es traer al Siglo XXI a las juanas, las teresas, las manuelas y las evas, entre muchas otras, que rompen con el esclavismo de las mujeres y dan contexto al cambio de paradigma. Las femme con convicción, activistas y putas por decisión como ella, son una especie renaciendo para visibilizar a aquellos que la sociedad esconde. Sentarse a su lado para entrevistarla es correr el velo de la intimidad, romper a pedazos los tabúes y mirar el sexo como quien pone una serie en la tevé. Sus respuestas son las de alguien que la tiene clara, aún en la noche.

¿En qué situación política y social se encuentra la mujer por estos días?

Creo que el feminismo está cada vez más con avances y la visibilización de abusos y acoso en todas las industrias. Hay más solidaridad entre nosotras, entendimiento, autocríticas, y es un momento histórico para las mujeres y para el colectivo LGTByQ, frente a un gobierno que tiene más represión contra estas identidades. La resistencia se hace aun mayor. El feminismo en Latinoamérica es muy potente. Encontrarme con otras compañeras de otros países (en el encuentro de Montevideo) hizo darme cuenta que, a pesar de que hay muchas cosas que están mal y que tenemos y debemos cambiar, hay mucha potencia. El tema es organizarse, ver cómo, cuándo, con quién, en qué momento y qué estrategias utilizar para hacerlo. Que en Argentina no tengamos el aborto despenalizado, por ejemplo, es una muestra de que todavía nos falta. Tenemos que tener un movimiento mucho más unificado, más allá de las diferencias, y aprovechar este momento, donde se están dando vuelta las cosas. Estamos ganando cada vez más visibilidad y poder frente a una historia que siempre nos ha dejado del otro lado. Y utilizarlos a favor de las personas con menos privilegios, más vulneradas.

– ¿Cómo impactan las políticas macristas en las mujeres? ¿El ajuste económico promovido por la Casa Rosada redunda en una caída del trabajo para las putas? ¿Tienen datos al respecto en AMMAR?

El ajuste perjudica a todas, y a todos. Pero teniendo un Consejo Nacional de las Mujeres que, realmente, no está con las mujeres… pareciera que está desde el Estado sin ver las verdaderas problemáticas, mientras se ponen más fuerzas de seguridad para cuidar los edificios públicos y no para hacer mejores los refugios o buscar alternativas que no sean parche contra la violencia de género. Estamos bastante estancados y hay un retroceso a la hora de saber que hay más poder a las fuerzas de seguridad. Sabemos que las fuerzas de seguridad siempre van a agarrar a los que menos tienen. La criminalización a la pobreza hace que se llenen las cárceles de pobres… A pesar de que somos un país con leyes de avanzada, como la Ley de Identidad de Género o Matrimonio Igualitario, aun en las calles o dentro de nuestras casas, con la violencia intrafamiliar, siguen sucediendo cosas. Que tengamos las leyes no significa que se cumplan sino que hay que acompañarlas con un proceso de cambio estructural, social y cultural, que las lleve adelante. Y para eso, necesitamos educación y una autocrítica de nuestros movimientos y la política en general. Y muchas veces se deposita mucho en pedir al Estado y confiar que el Estado nos va a dar lo que queremos pero no va a ser así. ¿Cuándo va a ser que realmente nos organicemos nosotras y nosotros para hacer lo que el Estado no nos va a dar?

¿Alguna vez te agarró la Policía?

A los 15 años, por pintar grafitis.

¿Aumentaron los aprietes o la persecución policial?

El 90 por ciento de las trabajadoras sexuales de la calle denuncian que han sido hostigadas por la Policía, según un estudio que hicimos en Constitución, Bajo Flores y Once. A mí me detuvo la Policía por hacer grafitis y ser punk. Eso muestra la diferencia de que yo nunca ejercí en la calle. Trabajo por internet, con otra modalidad, que está perseguida desde otros lugares. Buscar una página donde publicitarse es difícil porque también están criminalizadas. En Argentina, no es ilegal la prostitución pero todos lugares donde podés ofertar tu servicio o podés trabajar están criminalizados o son delitos. Mis compañeras son las que están más perjudicadas por estas políticas, que son llamadas antitrata pero que, en realidad, son antiprostitución, donde entramos quienes ejercemos por nuestra propia voluntad.

Se acaba de sancionar la Ley de Paridad en Argentina, lo cual implica un gran avance en materia de igualdad. Sin embargo, aunque son minoría, asistimos a una época de mujeres fuertes en la política y ámbitos de decisión sindical y empresarial, como pueden ser los casos -gusten más o menos- de CFK, Vidal, Carrió, Patricia Bullrich, Bachelet, Dilma, Merkel. ¿Las minas argentinas fueron más después de Eva, como canta León Gieco?

Seguramente. Falta aún más, que las mujeres que están en el gobierno se comprometan más con las que han sido invisibilizadas, las que fueron privadas de su libertad en la cárcel, las que están en las villas, las indígenas, las negras, las que denuncian abuso y acoso y la respuesta es un botón antipánico, lo cual no soluciona el problema. Desde AMMAR, tenemos la oportunidad de hablar con esas mujeres. Hasta hemos hablado con Fabiana Tuñez, a quien siempre criticamos por Twitter –y a mí me tiene bloqueada-, pero recibió a Georgina Orellano, la secretaria general de AMMAR. Muchas le preguntaron a Georgina cómo hacía para juntarse con ella o qué valiente que era, pero Fabiana respondió que “con quien creemos que es el enemigo nos tenemos que encontrar y hablar para conocer su respuesta”. Y se le pidió una respuesta ante el desfinanciamiento. Es decir, con esas personas hay que sentarse, por más que se tenga una postura anarquista o la que sea. Yo soy realista y sé que desde el Estado también tenemos que cambiar las cosas. Somos muy críticas con las personas que llevan adelante nuestras políticas porque hacen alianzas con sectores fascistas y homofóbicos pero sería muy fructífero que alguna de nosotras estuviera ahí, para exigir que se cumplan cuestiones como el cupo trans o que las mujeres no sólo tengan la salida laboral del empleo doméstico o el trabajo sexual.

Recientemente, entablaste una demanda contra Facebook por las políticas de publicación, luego de que la empresa te suspendiera la cuenta por una foto en la que ni siquiera se veían tus pezones. ¿Se le puede ganar a los gigantes?

Internet refleja a la sociedad. Lo que queremos demostrar con esto no es la idea de ganarle a Facebook, sino mostrar que las redes sociales son un soporte de visibilización de las discriminaciones que vivimos día a día. No puede ser que en 2017 una persona te pueda amenazar de muerte en Facebook por tu orientación sexual y pase como si nada pero, si un activista postea algo, se censuren las cuentas o se bloqueen.

– ¿Hay diferencia entre vender la fuerza de trabajo a una patronal por 8 horas y trabajar con su cuerpo, cuando se trata de una elección relativamente libre –claro-?

Yo no creo en la libertad en sí misma. No ejerzo la prostitución porque me da libertad sino porque me da plata.

Por necesidad…

Por necesidad, como cualquier otro trabajador. La diferencia es que vengo de una familia trabajadora en la cual nunca me faltó comida, pude terminar mis estudios y, a la hora de salir a buscar trabajo, tenía 8 opciones. Podía trabajar de mesera, en un callcenter, vendiendo ropa o como trabajadora sexual. Otras mujeres, no. Sólo tienen la opción de salir a limpiar casas o ejercer la prostitución. Como les pasa a las trans, que son excluidas y discriminadas. La única opción es la prostitución pero ese no es el problema, el problema es que no tengan otras opciones laborales.

Y para quien desea ser trabajadora sexual, ¿da placer la prostitución?

A veces, sí y, a veces, no.

¿Hay momentos en que la pulsión sexual o el deseo se inhiben y sentís la contradicción de tener que terminar una sesión de fotos o una película por el salario? ¿Te sentís explotada?

Me siento explotada por el trabajo en sí, cuando no tengo ganas de trabajar o me toca un cliente con el que no tengo ganas de estar. He trabajado también en sesiones de fotos o con directores que terminan siendo un bajón, por salarios bajos. Me pasó con películas de porno feminista donde me decían que me iban a pagar y, al final, nunca me pagaron. Claramente, hay una explotación como pasa en cualquier trabajo. No tengo estabilidad económica y no tengo casa, en este momento. Y mucha gente me ha tildado de burguesa. Hasta una funcionaria del Estado, que gana 100 mil pesos por mes, me llamó “privilegiada” a mí, que lo máximo que he llegado a ganar fue 20 mil pesos. No es que salís en entrevistas y te pagan por eso o trabajás. Y no creo que el trabajo en sí mismo te dé placer. Nosotras hablamos de derechos. Cuando trabajaba en un restaurante vegano, me pasaba que por ahí había un cliente que me caía bien y hablábamos pero también había otro que me revoleaba la comida por la cabeza y yo tenía que estar ahí igual. La diferencia es que hoy en día, en el trabajo sexual, si me toca un cliente violento… al estar organizada, lo puedo rechazar. La falta de reconocimiento a nuestro trabajo hace que no podamos denunciar a la Policía o que un cliente nos hostigue o se obsesione. Si eso les pasa a las mujeres con sus parejas, imagínate con las trabajadoras sexuales.

La canción de Buarque sigue así: “Es buena como son pocas, por eso la ciudad toda, repitiendo ha de seguir ‘tírenle piedra a Geni, tírenle piedra a Geni’. Hecha está para aguantar, hecha está para escupir. Se entrega no importa a quién, maldita Geni”. Y es que se tapa lo que no se acepta o no se quiere ver y hacemos como que no existe. Pero esto pasa. Supuran los reclamos de los que quedan afuera y la charla con María se condimenta ante las preguntas sobre el ejercicio de la prostitución.

No deja de ser el surgimiento de la prostitución una iniciativa del patriarcado, donde el hombre obliga a la mujer a practicarle sexo por morlacos…

No soy historiadora pero lo podríamos ver desde el otro lado: el patriarcado no permitía la independencia de las mujeres y el trabajo sexual fue un canal para lograrlo. Se cuenta que las cortesanas podían acceder a ciertos lujos gracias a la prostitución…

Pero todavía hay cortesanas…

La primera esclavitud de la mujer fue el matrimonio pero sólo se habla de la prostitución.

El matrimonio también tendría que ser clandestino o estigmatizado… (Risas)

El discurso es que los hombres pagan por sexo y entonces hay que abolir la prostitución. Pensemos, entonces, quiénes son los que pagan por arte. Todas las industrias son así. Lo que está mal es la sociedad y tenemos que cambiarla. Yo, en el callcenter, estuve más explotada que en cualquier trabajo y nadie me quiso ir a rescatar. Porque no estaba la sexualidad de por medio. En cambio, con la prostitución, tengo un encuentro con un cliente o una clienta y uso mis genitales o no, porque no todo pasa por la penetración.

¿Qué te gusta hacer cuando no trabajás ni militás?

Pasé de estar 3 años oculta a que lo supieran mis papás o que vaya por la calle y me agradezcan. Fue un proceso de construcción de identidad, ansiedad y ataques en las redes sociales. Por un momento, dejé mi día a día pero la verdad es que me gustan muchas cosas… tocaba en bandas…

– Qué tocás…

La guitarra, y canto. Me da mucho placer la música.

– ¿Estás enamorada?

Sí, estuve saliendo con una chica pero no es fácil el amor.

– ¿Qué parte de lo que somos y hacemos proviene de lo que deseamos y qué parte de lo que nos inculcan desde chicos?

Estamos permeados por una cultura machista, patriarcal, racista y cuesta salirse de eso. Lo importante es ir en contra de eso y reconocer nuestros privilegios frente a otros más vulnerados. Cuestionarnos y cuestionar al otro sin odio. Creo que las cosas se construyen colectivamente.

– ¿Dónde queda Kamchatka?

Donde uno quiera que esté.