Mal que les pese a sus adversarios, cualquier conversación criolla incluye por estos días la pregunta por la candidatura de Cristina Kirchner. La incertidumbre ante ese interrogante desata retorcijones internos, ansiedades periféricas y desembozada inquina en tribus enemigas. Kamchatka recorrió el espinel del elenco peronista para peinar las vanidades, conocer los berretines y comprender el papel de cada actor.

Por Pablo Dipierri

Sería como ir al mundial sin Lionel Messi -o Diego Maradona en pleno esplendor-, pero hay jugadores que camisetean a sus compañeros en el vestuario para persuadirlos de que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner no juegue a la cabeza de la lista en las próximas elecciones. Del otro lado, se atrincheran los que la piden enfáticamente y el periodismo los moteja como camarilleros o miembros del selecto núcleo duro. A la falta de reflejos que imperó desde el cambio de gobierno entre casi todos los caudillos del plantel para mantenerse en forma y seguir entusiasmando a la hinchada, le sucede ahora la adrenalina previa al partido: las respuestas en off pasaron del “estamos en bolas” a los guarismos barriales o las piñas en la ducha, sin descuidar el jabón.

En paralelo, las fronteras del entorno más cercano a CFK se expanden conforme se detecta el crecimiento de su figura en la consideración popular. Hasta el cocacolero pregona su oferta de bebidas con el nombre de la ex mandataria en versito para llamar la atención de la tribuna. “No hay otro dirigente en Argentina que genere lo que genera Cristina en los sectores populares”, le dice a esta revista el diputado parlasureño Agustín “Chivo” Rossi, y añade: “que esté o no en la boleta no depende de otra cosa que no sea la decisión de ella”.

Ante la consulta por la objeción de los que suponen que su apellido divide, el ex ministro de Defensa sostuvo que “eso es una gran mentira”, y la atribuyó a los “neovandoristas”. “Los que dicen que para defenderla a Cristina hay que sacarla a Cristina de la cancha son como los que decían que para defender a Perón había que estar contra Perón”, argumentó.

Tal vez por eso, las voces de quienes preferirían un turno en los comicios sin la ex mandataria resultan menos audibles en el ágora o revelan cierta cautela. Luego de la estudiantina alrededor de los intendentes que se suscitó por el convite fallido en el centro cultural Caras y Caretas, el alcalde de Merlo, Gustavo Menéndez, llamó a “ser muy respetuosos con todos los compañeros” pero, al tiempo que consideró que “no hay que jubilar a Cristina”, reconoció que Florencio Randazzo “es un gran candidato”.

Jefe municipal de uno de los distritos de la primera sección electoral, Menéndez resalta que la ex jefa de Estado mide más de 40 puntos en su jurisdicción, razón inapelable para una candidatura, y también destaca la importancia de concederle unas PASO a quien lo pida. “Si es la ex presidenta, hay que acompañarla pero no se le puede negar la primaria a ningún compañero que quiera dirimir sin sacar los pies del plato”, apunta en diálogo con Kamchatka.

Cerca de Randazzo blanden ese apotegma porque suponen que CFK no se sometería a ese escrutinio ni con el chivilcoyano ni con nadie de su espacio. “Nosotros vamos a presentar los avales, aunque ella hable como candidata”, aseguró sobre el cierre de esta edición uno de sus voceros, y acotó: “tiran los ejes programáticos y que haya diputados que respeten eso pero la evaluación de ese compromiso la va a tener ella y entonces es lo mismo de siempre”.

La pipa o la lapicera

Con Sergio Massa desangelado –o pegadito a la radical Margarita Stolbizer-, el temor de los peronistas a una eventual fuga de Randazzo se diluye. El desahucio del Frente Renovador se evidencia, por un lado, con el alejamiento del diputado y triunviro de la CGT, Héctor Daer, y por el otro, con el paso de comedia del tigrense tentando mediante emisarios al ex ministro del Interior y Transporte mientras la titular del GEN y flamante socia dinamitaba ese intento bajo la excusa de que el ex funcionario kirchnerista es parte del pasado.

A pesar de la verba encendida que agitan los laderos de Randazzo, los puentes de comunicación entre ese sector y el de la ex presidenta permanecen abiertos. “No sueltan la lapicera”, se quejan en un campamento. “Se están subiendo el precio”, alegan enfrente.

En ese contexto, el presidente del bloque Frente Para la Victoria en la Legislatura porteña, Carlos Tomada, subraya que “CFK es la única capaz de sintetizar la diversidad del campo nacional y popular”, y factura que “los que la quieren ‘jubilar’ no logran ese poder de síntesis”. El ex ministro de Trabajo confiesa que a él le “gustaría” que se candidateara pero, como todos los consultados para este artículo, considera que esa decisión se le reserva estrictamente a ella.

Cuando se le pregunta por las chances de ampliar una fuerza política sin un liderazgo claro, el ex ministro de Trabajo sostiene que “el kirchnerismo no es más ni menos que un gran frente, con el peronismo como eje vertebrador, pero tiene que tener un liderazgo y un programa”. “La amplitud por la amplitud misma no es una respuesta políticamente útil y a mí el antimacrismo solo no me convence”, asevera.

También el referente del Partido Miles, Luis D’Elía, considera “clave” la inscripción de Fernández de Kirchner en la boleta. Y bajándole el tono a las acusaciones de los intendentes que se escaparon de una “foto de unidad” porque saldrían junto a él y Amado Boudou, augura un “efecto cascada que daría por tierra con las PASO” que reclama Randazzo si ella anunciara su postulación.

¿Habemus unidad?

Indiscutida la centralidad de CFK, el debate pivotea sobre la conveniencia de que se resuelva la opción electoral opositora en primarias. El senador Juan Manuel Abal Medina, uno de los dirigentes que trabajó con el propio Randazzo, Néstor Kirchner y la ex presidenta en la redacción de la ley que parió las PASO, propone ese mecanismo “para que sea el pueblo, con su voto, el que defina y que cada cual construya su legitimidad en la cancha” (ver, asimismo, páginas 12 y 13).

El cuco del desmadre que se produjo en 2015 cuando se apeló a esa herramienta para resolver la disputa por la candidatura a la gobernación bonaerense entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez conspira contra esa apuesta, aunque Abal Medina niega que eso haya sido una PASO en sentido real. Y en un ejercicio contrafáctico, especula que el resultado hubiera sido distinto en las presidenciales si Daniel Scioli y Randazzo hubiesen transitado ese itinerario.

Fuentes consultadas por Kamchatka deslizaron, en cambio, que Cristina Fernández camina el terreno con una astucia que trastoca, incluso, esos esquemas. En la última reunión que mantuvo con los intendentes, les dijo: “si ustedes creen que la unidad se garantiza con Randazzo, yo los apoyo, y si me dicen que tengo que ser yo, voy yo”.

Uno de los dirigentes de diálogo más fluido con ella reactualizó el axioma de prioridades que ordena la tríada patria, movimiento y hombres. “Primero, la unidad; después, el programa; y por último, las candidaturas”, graficó.

La pelota la tienen los mismos caciques que hace dos años creían con fervor, y algo de soberbia, que el peronismo ganaba en primera vuelta con uno de los suyos al frente. No cualquiera se arriesgaría a quedar en off-side en un estadio lleno de aficionados que corean a CFK en cada cantito.