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Por Pablo Dipierri

A Jaime Durán Barba se le están quemando los papeles. Desde que aconseja al presidente Mauricio Macri, asiste a la primera ronda electoral en Argentina contra un adversario que escapa a los esquemas que diseña para neutralizarlo: Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en el instrumento de una epopeya que sorprendió tanto al Gobierno nacional como al sistema de medios masivos de comunicación que la apostrofan con estigmas constantemente.

Ante ese escenario, abundan analistas que arguyen que todos los candidatos emulan las recetas de Cambiemos en la comunicación política, como si las campañas y los discursos proselitistas hubiesen nacido con el advenimiento del Pro. “Eso es medio ridículo”, resume el prolífico productor Javier Grosman (ver, asimismo, pág. 15, 16 y 17).

Sin embargo, la perplejidad de la patria mediática es directamente proporcional a la astucia de la ex jefa de Estado para situarse en un grado cero de llaneza con la sociedad y darle voz a los damnificados por las políticas actuales. Según el sociólogo Daniel Rosso, “el macrismo se construye a sí mismo por contraste con el kirchnerismo y, con esta campaña, CFK le tendió una emboscada a los grandes medios hegemónicos, que fueron a buscar el verticalismo, la soberbia y el enojo que le atribuyen a ella pero se toparon con los rostros de la crisis”.

Por lo demás, la novedad que se acusa en los formatos es desmentida por los especialistas. Para el consultor Hugo Haime, “Cristina siempre hizo cosas muy parecidas en campaña, aunque quizá ahora esté más pasteurizada porque está en el llano pero, en 2007, apeló a la palabra ‘vos’ en el eslogan ‘Cristina, Cobos y Vos’ y Sergio Massa, en 2013 y 2015, hizo campañas toqueteando a la gente”. La duranbarbización, a su criterio, le cabe a Macri nomás porque “hablaba con una papa en la boca y hubo que enseñarle” a modular y “moverse” entre los votantes de carne y hueso que participan de los actos.

En ese sentido, el investigador del Conicet Mariano Dagatti advierte sobre el riesgo de soslayar los procesos históricos y recuerda que también en 2011 la enunciación de la ahora candidata a senadora por Unidad Ciudadana se centraba en hombres y mujeres del pueblo bajo la idea de “La fuerza de todos”,  por más que en ese caso se tratara de beneficiarios de las iniciativas de su gobierno. Doctor en Filosofía y Letras con una maestría en Análisis del Discurso, repone que el patagónico fue un pionero en la prescindencia de las mediaciones periodísticas y las representaciones sectoriales, que rehusaba de ir a la televisión pero dio alrededor de 200 discursos sólo en su primer año de gestión al frente de la Casa Rosada y convertía cada acto en cualquier rincón del país en un hecho periodístico con un micrófono y un par de parlantes.

Del mismo modo, Dagatti distingue entre la capilaridad del macrismo en los timbreos o la transmisión de las conversaciones telefónicas del primer mandatario por Youtube y los actos de CFK, toda vez que los protagonistas de la campaña kirchnerista reivindican su pertenencia a un colectivo mayor. “Con Cristina, se inscribe la historia particular en un relato histórico mientras que, con Macri, Luisa es Luisa y su pertenencia no le interesa a nadie”, explica.

 

La pista y la curva

En el libro “La política en el siglo XXI”, Durán Barba señala que “la red aumentó exponencialmente la autonomía de la gente y eso está en la base de la crisis de la democracia representativa”, y agrega que los ciudadanos “se conectan con el mundo cuando quieren, obtienen información, pueden transmitirla casi sin límites, no sienten la necesidad de que otros hablen por ellos y no quieren ser representados”. Otra vez, el supuesto ukase para terminar con los diarios, la radio, la televisión y las instituciones… a un tuit de distancia.

Al respecto, la directora de la carrera de Contenidos Interactivos y Nuevos Medios de la Universidad de Belgrano, Natalia Delfino, postula que “el nuevo modelo es una red interactiva de comunicación de muchos-a-muchos, reticular, hipertextual, en tiempo real, que entrecruza dimensiones reales, imaginarias, simbólicas y que está basado en una nueva economía, organizada en torno a redes globales de capital, gestión de datos e información”. Para graficar la imparable vorágine, detalla que ComScore informa que “en 2016 los usuarios incrementaron el tiempo de consumo de internet móvil un 277 por ciento con respecto al año anterior”.

No obstante, Rosso alerta sobre el peligro del “fetichismo tecnológico”. Miembro del equipo que coordina el Observatorio de Medios en el Instituto Patria, parafrasea al consultor Mario Riorda cuando dice que “el macrismo terceriza su discurso en los medios hegemónicos”, y sostiene que, a partir de ahí, “instala como instrumento dominante de comunicación a las redes pero simultáneamente usa como sistema de construcción de escenarios políticos y electorales a la prensa tradicional”.

Sin ir más lejos, la primera y única encuesta de consumos culturales en el país se hizo en 2014, a través de la Universidad Nacional de San Martín con la colaboración del Centro de Investigaciones en Estadística Aplicada (Cinea) de la Universidad de Tres de Febrero, y reveló que el 98 por ciento de los argentinos ve televisión durante casi 3 horas diarias, en promedio, y que el 86 por ciento escucha radio. A su vez, Facebook y Youtube son los formatos más visitados para el consumo de contenidos por internet.

El informe revela que el 73 por ciento de los que miran TV lo hacen para enterarse de las noticias. Y al mismo tiempo, el 23 por ciento de los encuestados lee diarios casi todos los días y el 33 por ciento algunas veces por semana. A eso se suma que el 71 por ciento de los argentinos tiene una PC, el 65 por ciento navega la web diariamente y 60 de cada 100 tienen conexión en su casa.

La encuesta abarcó 3600 hogares de las seis regiones del país y, por eso, Rosso reconoce la tendencia migratoria del mundo analógico al digital pero indica que “no parece que el punto de ese pasaje ya esté consolidado en Argentina”. En consecuencia, y por el momento, Mirtha Legrand, Susana Giménez y Jorge Lanata siguen tallando más fuerte que cualquier hijo de vecino desde su teléfono celular.

Rinraje o timbreo

Los montajes del timbreo macrista son motivo de burla en las redes, por su indisimulada simulación. De todas maneras, Dagatti llama la atención sobre un posible resbalón. “Si nosotros creemos que Macri ganó la elección porque tocaba timbre, nos estamos comiendo la píldora Durán Barba porque el timbreo estaba al lado del radicalismo”, fundamenta, y concluye: “sin (Elisa) Carrió, sin (Ernesto) Sanz y sin Convención de Gualeguaychú, no había victoria de Cambiemos”.

Tarde o temprano, el dribleo se convierte en enredo. Está implícito en la relectura que hace el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera sobre la teoría del Estado de Nicolás Poulantzas, acerca de que los modelos neoliberales ponen la comunicación en lo común y la política en lo restrictivo. “Eso explica muchísimo al macrismo, que comunica ‘todos juntos’ en la parte visible pero en la restricción deja el poder a los grupos económicos y financieros”, argumenta Rosso, y  añade: “ellos van a buscar la política a los timbreos y, como no hay nada que transmitirle al que abre la puerta -porque el neoliberalismo circula por fuera del discurso-, van a escuchar”.

A la larga, la disolución de lo político en la parla tributa a la crisis de representación tan mentada por todos. La batahola también arrastrará, en un primer momento, al sistema de medios de comunicación masivos que colabora amplificando la voz de los que van a tomar nota de los reclamos de cada ciudadano puerta a puerta los sábados mientras bartolean con la economía de lunes a viernes.

La salvedad, tal vez, radica en que las corporaciones mediáticas siempre saltan antes que el barco se hunda. No es casual que, tras el estallido del 2001, Nelson Castro y Néstor Ibarra resultaran “creíbles”, se mencionara a Lanata como candidato en 2005 o que hasta el kirchnerismo haya medido la imagen de Gustavo Sylvestre meses antes del reciente cierre de listas.

Problemas de comunicación, en definitiva, hay en todas las trincheras. La diferencia estriba en que unos salen corriendo después de tocar el timbre y otros no.