El sinuoso camino de la confluencia, plagado de acechanzas, lealtades y desconfianzas. Las visiones de Jorge Capitanich, Mariano Recalde, Gabriel Mariotto y Lucila De Ponti sobre los desafíos de la etapa. Entre el bartoleo y el compromiso, las pugnas del sindicalismo.

Por Pablo Dipierri

“Hay una cosa que es fundamental en la etapa que se avecina y es el tema de que no pasa por discutir quién va a ser el candidato del peronismo sino, esencialmente, qué peronismo y qué país le vamos a ofrecer a la gente”, atestigua la voz de Cristina Fernández de Kirchner desde un casete TDK grabado durante una charla con militantes políticos de Monte Grande, en la casa del diputado provincial Fernando “Chino” Navarro. Ya en esa noche lejana, fechada en el 2000 y separada de este artículo por un aluvión de hitos, luchas, conquistas y derrotas, la senadora por entonces y ahora ex presidenta consideraba que las urgencias de ese presente no eran “cuestión de juntar dirigentes sino de juntar ideas”, y remataba: “no se vuelve a recuperar la mayoría si no se vuelve a recuperar el liderazgo de las ideas de la sociedad”.
Navarro pasea actualmente por los canales de televisión dedicándole guiños al diputado Sergio Massa, después del portazo que diera el Movimiento Evita en el bloque del Frente Para la Victoria (FPV) en el Congreso, pero aquellas palabras de CFK constituyen todavía una hoja de ruta o un manual de conducta. Sin embargo, el narcisismo, las apetencias, los ímpetus y hasta las aspiraciones más legítimas colisionan en casi todas las órbitas del universo kirchnerista y abunda el desparramo.
En ese contexto, Kamchatka reunió las voces de una serie de dirigentes peronistas, aún de los que se fueron del bloque de los diputados nacionales pero, según dicen, no abandonaron el kirchnerismo, y sondeó sus acepciones sobre la unidad, tanto en la esfera de la construcción política como en los zarandeos de las centrales sindicales. Como punto de partida, todos los consultados coinciden en una definición: la división favorece al gobierno de Mauricio Macri.

El quid

Exhausta por el raid de reportajes que concedió por la decisión del “Evita”, la diputada Lucila De Ponti apela precisamente a esa ecuación para la defensa de la ruptura más resonante al cierre de esta edición. “Necesitamos reconstruir un peronismo fuerte para un campo popular que surja como alternativa al macrismo”, alega la politóloga rosarina, y excusa a la conducción del espacio que integra, Emilio Pérsico y el propio Navarro, cuando aduce que “Massa no pretende conducir una etapa de esas características pero tenemos que intentar que vuelvan muchos sectores del Frente Renovador que históricamente fueron parte del peronismo”.
La diáspora que sobreviene con las derrotas se evidencia en cada tensión que florece en las discusiones sobre el rol de la oposición, en el seno del FPV. Los movimientos de gobernadores e intendentes y la ambivalencia del presidente del Partido Justicialista (PJ), José Luis Gioja, se sosegaron pero no terminaron con el desembarco en Capital Federal de Fernández de Kirchner a principios de julio.
El ex vicegobernador Gabriel Mariotto, por su parte, atribuye “cerrazón” y “quietud” al PJ y reivindica el “espíritu frentista” de Miles – Tierra, Techo y Trabajo, donde apuesta a la construcción política con figuras como el ex vicepresidente Amado Boudou, Luis D’Elía y Fernando Esteche. “Pero la unidad tiene un límite”, aclara, y sanciona a los que votaron la derogación de la Ley Cerrojo y la emisión de deuda para pagarle a los Fondos Buitre o pusieron en riesgo los fondos de jubilaciones y pensiones, habilitando el riesgoso retorno de las AFJP.
En la misma sintonía, se manifiesta el intendente de Resistencia, Jorge “Coqui” Capitanich. “Hay dos opciones: unidad para el cambio o unidad para la traición”, asevera, tajante, el anteúltimo jefe de Gabinete del gobierno anterior.
Detallista y puntilloso, Capitanich repasa decretos y leyes desde que asumió Macri y admite –y critica- que esas iniciativas se convirtieron en regla “con la anuencia” de sectores del peronismo que repiten el Sambenito de la “gobernabilidad”. “Por eso, no hay unidad ni la va a haber”, pronostica el mandatario chaqueño, y argumenta que “aquí no hay matices sino proyectos alternativos que nos diferencian profundamente”.
Desde sus oficinas en San Telmo, el presidente del Congreso Metropolitano del PJ y referente de La Cámpora, Mariano Recalde, llama a la unidad “detrás de grandes líneas de acción de un programa político”. “Una unidad contra el tarifazo, contra el ajuste, contra los despidos”, enumera el ex titular de Aerolíneas Argentinas, e introduce en la conversación la palabra “proyecto”, tan cara y cargada de sentidos para el núcleo duro del kirchnerismo.

Cuarteto de nos

Si la consigna es que los que resisten se aglutinen detrás de las reivindicaciones, el sindicalismo se torna el escenario central de muchas conjugaciones posibles para la fórmula que unifique y fortalezca a los sectores populares. No obstante, la alquimia está lejos de producirse: los trabajadores argentinos fatigan los padecimientos del segundo semestre con la prórroga del mandato de Hugo Moyano al frente de la CGT porque el camionero no logró que el resto aceptara la delegación a dedo de su jefatura en manos del secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento, Juan Carlos Schmid.
Para colmo, en los alrededores de las sedes obreras de Alsina y Azopardo susurran que podría armarse un triunvirato o, incluso, un cuarteto ante la falta de una síntesis. El PJ observa con atención lo que pueda desatarse el 22 de agosto y la Casa Rosada mete la cola: el Presidente impulsa a Gerónimo “Momo” Venegas.
En la marabunta, los muchachos que reportan al metalúrgico Antonio Caló reclaman su cuota de representación y lo mismo garronean los de la Azul y Blanca, comandados por el gastronómico Luis Barrionuevo. “A Barrionuevo lo tuvimos que salvar para que no lo lincharan los laburantes, por ponerse defender a Macri”, narra un gremialista de base sobre el acto que compartieron en el auditorio Malvinas Argentinas, durante el Congreso Nacional Bancario, las dos CTA y las CGT en la tarde que Sergio Palazzo mandó al ministro de Energía, Juan José Aranguren, a hacer prueba y error “a la puta madre que lo re mil parió”.
Por otro lado, no fueron pocos los que registraron el tirón de orejas que le propinó la ex jefa de Estado a los sindicalistas, mientras presentaba la revista digital Independencias en el Instituto Patria. En esa ocasión, Fernández de Kirchner cargó contra los dirigentes que antes iban al paro por el impuesto a las ganancias pero firmaban salarios en paritarias por encima del nivel de inflación y, tras el cambio de gobierno, sellan acuerdos por la mitad de los índices inflacionarios y no se avizora una sola huelga en lo inmediato.
Entre los concurrentes al mitin, estaba el líder de la CTA, Hugo Yasky, quien pidió la palabra para recordarle a la ex presidenta que las conquistas de los últimos 12 años también fueron fruto de la pelea de muchos trabajadores que dieron su vida por un país más justo y que, a propósito del orgullo que sentían los obreros por la experiencia política kirchnerista, los dirigentes gremiales seguirán batallando por el retorno de un gobierno como el que culminó en diciembre pasado.
El contrapunto, franco y respetuoso pero no menos espinoso, tenía destino de comidilla en los medios masivos de comunicación pero, si se analiza con detenimiento, es el síntoma de una carencia mutua que esta revista expuso en su número anterior. A pesar de la exigua cantidad de errores que perjudicaron a los trabajadores entre 2003 y 2015, hubo dirigentes políticos sin sensibilidad de clase así como sindicalistas sin programa político claro, robusto y gravitante.
De todos modos, reconocen en la CTA que “el palito” era para Moyano aunque admiten que esas interpretaciones y posturas públicas de CFK irritan a los destinatarios de sus diatribas o hieren susceptibilidades. “Está claro que muchos no están a la altura de las circunstancias pero nos enquilomba todo el laburo de la búsqueda de la unidad en la acción porque algunos la escuchan y se ponen más refractarios”, confiesa un kirchnerista férreo con ascendencia sobre los docentes.

Unión a la fuerza

Que el PJ se haya normalizado a los fines de eludir la intervención judicial, al decir de Mariotto, o que la CGT marche a la formalización de la unidad dividiéndose porciones de conducción colegiada sin más esquema táctico que amucharse bajo el aguacero expone la debilidad de ambas estructuras, más allá del volumen de sus aparatos.  Y es que todavía no emerge en la escena una figura que sintetice y conduzca al conjunto, arguyen militantes de diversas extracciones y procedencias dentro del FPV.
Circula en reductos kirchneristas el rumor de que el ex titular de la Afsca y referente de Nuevo Encuentro, Martín Sabatella, le planteó a Fernández de Kirchner que designara una mesa política que contribuyera al ordenamiento de la fuerza y la construcción de organización. Se desconoce, por el momento, cuál será el desenlace de esa sugerencia.
Mientras un sector de la ortodoxia llora o acusa orfandad por los rincones, otros asumen que no hace falta una orden para zambullirse a la acción. “No necesitamos que Cristina esté marcando día a día lo que tenemos que hacer”, sostiene el segundo de Daniel Scioli durante su último mandato como gobernador bonaerense.
En sentido contrario, De Ponti supone que “hoy no hay alguien ni algo que esté en condiciones de acumular el malestar del conjunto de los sectores, aunque sí se acumula en contra del macrismo”. La joven legisladora entiende que no existe por estos días “un liderazgo” y, ante la consulta de Kamchatka por el que ejerce CFK, contesta que “no lo está haciendo y, si bien es la líder más importante de la política argentina, las dudas son sobre cómo ella puede capitalizar no sólo la identidad política de la sociedad sino las reivindicaciones concretas”. Como corolario, desliza que “quizá los liderazgos que surjan no vengan de la política tradicional sino de otros sectores”.
Al respecto, Recalde ratificó su convicción de que “la persona más representativa y que mejor podría conducir este proceso de regreso hacia un gobierno nacional y popular es Cristina”, pero advirtió: “los que piensen que no, no quedan automáticamente excluidos desde mi punto de vida”. Consultado sobre las chances de construir la unidad sin un liderazgo centralizado, respondió que “es más difícil e, incluso, si Cristina hoy estuviera más visible y presente en el centro de la política del país, la unidad sería mucho más sencilla pero, si no hay un liderazgo centralizado, hay que construir la unidad sobre la base de un programa político”.

El 17 y el retorno de Holloway

La escala que determina si Cambiemos hace las valijas en 2019 o revalida por otro período será en las legislativas del año entrante, calculan todas las fuentes consultadas. Sin desesperarse por los resultados pero con agudeza, Capitanich considera que CFK “tiene que adoptar una posición muy clara, nítida y contundente sobre si va ser parte de un proyecto que implique reconstruir representatividad popular en el año 2017 o no”, y añade: “en la hipótesis que su decisión personal sea que no, entonces es necesario que este espacio articule referencias políticas para construir alternancia”.
Dentro de La Cámpora también discuten internamente opciones sobre la cita con las urnas y una eventual candidatura de la ex primera mandataria pero subrayan la importancia del programa por encima de las referencias. Las coincidencias alcanzan también a De Ponti, quien confiesa que “los sectores de la política tienen la tendencia a discutir los nombres por encima de las ideas”.
El kirchnerismo recompuso la institucionalidad tras el fantasma de la disolución de 2001 pero, a 15 años de la caída del gobierno de la Alianza, la pregunta por el poder, su residencia y sus puntos de acumulación sigue apenas resuelta. Por eso, la ex presidenta acuñó primero el concepto de “empoderamiento” y, una vez fuera de la Rosada, la construcción del Frente Ciudadano.
Politóloga al fin, De Ponti aconseja “ser capaces de romper un poco las estructuras mentales”. “El tema es que Cristina plantea el empoderamiento y los empoderados le contestan: te devolvemos el poder y queremos que nos conduzcas”, remata.
Tal vez esa elasticidad adicional del saldo organizativo kirchnerista sea, paradójicamente y por pequeño que parezca, su carta de perdurabilidad.

Colaboración en entrevistas: Analía Pira.