El gobierno anhela un cierre del 2016 con menor conflictividad social que la que auguraban sus opositores. La CGT desactivó el paro que sus bases habían votado en el congreso de reunificación, mientras el PJ cabildea sobre su destino y la Justicia azuza una jauría detrás de CFK. En tanto, el sujeto social de la transformación para la etapa actual todavía no asoma.

Por Pablo Dipierri

“El alud informativo corrompe y estupidiza al mismo tiempo”, escribieron Theodor Adorno y Max Horkheimer en Dialéctica del Iluminismo en 1944, y se granjearon las objeciones y el desprecio de los intelectuales que confiaban en la autonomía de las audiencias. Siete décadas después, el debate sobre la incidencia de los medios de comunicación no se saldó y la pregunta por la paciencia o la pasividad popular y las querellas sobre la dispersión o la organización militante se reactualizan.

Juan Domingo Perón acuñó que ganó las elecciones de 1946 con la prensa en contra y lo derrocaron en 1955, cuando la mayoría de los diarios y emisoras lo apoyaba. En solidaridad suya, acuden los datos del reciente triunfo de Donald Trump en Estados Unidos: “Hillary Clinton recibió el respaldo de 229 diarios norteamericanos y 131 semanarios y Trump, apenas el aval de 13 medios”, según publicó Pablo Boczkowski para revista Anfibia.

Sin embargo, el sufragio de los estadounidenses no constituye una desobediencia a la industria cultural sino, antes bien, la internalización de una vida entera signada por Hollywood y toda la panoplia televisiva. Lejos de haberle asestado un golpe al neoliberalismo, sus votantes revalidaron el sustrato fundamental de la ideología del mercado: el final de las mediaciones, sean las de los emporios periodísticos, el tradicional sistema de partidos o los lazos comunitarios.

Al respecto, alegan especialistas como Daniel Rosso en el curso de Actualización en Comunicación Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA que la actual fascinación por las redes sociales, la participación o la proximidad pone de manifiesto que la única utopía que sigue viva es, justamente, la licuación de esas esferas. Y más allá del furor de los storytelling en Facebook, resulta dudoso que una sociedad democrática pueda saltarse la construcción de representaciones.

En ese contexto, se libra la sorda batalla facciosa entre Cambiemos, el establishment y la Justicia sobre la suerte de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, como si su destino se escribiera en un memo de palacio. Hasta los que se suben al patrullero para la acción política titubean y, como reprochara el periodista Jorge Lanata desde Canal 13, especulan sobre lo que sucedería si la ex mandataria terminara detenida.

El juez Claudio Bonadío, mientras tanto, oficia de showman para los talibanes y blande amenazas de comparecencia por la fuerza pública. “Bonadío es un payaso pero no es ningún gil y sabe que, si la metiera presa, se le termina el poder y queda solo, en pelotas y a los gritos”, conjetura una fuente con años de lectura sobre las intrigas de los tribunales al hombro, y en la misma dirección advierte que “no es un magistrado haciendo política sino un hombre de la política puesto como operador en la Justicia por Carlos Corach”.

En todo caso, el hostigamiento judicial contra CFK mantiene a raya la efervescencia que podría acumularse en el estanque opositor, aunque no deja de ser riesgoso para el presidente Mauricio Macri. Nadie aventura el tenor de las reacciones si el revanchismo le ganara la pulseada a los calculadores más fríos del Pro.

Calle, callecita o callejón

Por el momento, la antipolítica le reparte dividendos a la coalición del ballotage. Narran los macristas que a la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien todavía no explicó el origen de los dólares que encanutaba, la tratan como a una sanadora en el interior del país. “Le han pedido bendecir perros”, aseguran.

Como en una pieza de Capusotto, el guionista Pedro Saborido barrunta irritación porque cada acción de gobierno constituye un dato y todavía no se arma el relato que los interprete. “Son todos microdatos y buscás un sujeto pero lo que aparece es la ansiedad y falta representatividad política”, explica a Kamchatka, y añade: “y ahí te topás con la impotencia porque decís ‘ah, nos están pasando la pija por la cara’”.

Para la doctora en Ciencias Sociales Natalia Romé, “el sujeto social es una composición, que se produce en un proceso”. “Un sujeto de la emancipación es un proceso compuesto en un campo de fuerzas con elementos situados, que no te permiten decir a priori ‘con este sí’ o ‘con este no’ y vas viendo cuáles son las fronteras a atender y qué batallas hay que dar”, argumenta.

En reductos sindicales y unidades básicas, se delibera sobre el asunto y hasta se cruzan reproches desde las trincheras “políticas” al terreno gremial, y viceversa. Ante la consulta de esta publicación, dos dirigentes de la rama más combativa de la CGT señalaron que el triunviro Juan Carlos Schmit los decepcionó, sin necesidad de expedirse sobre los otros dos, Héctor Daer y Carlos Acuña. En la CTA, por su parte, admiten que la unidad en la acción es fundamental pero que los acuerdos labrados por la Casa Rosada, los empresarios y los muchachos con sillón en la calle Azopardo lleva al movimiento obrero a una encerrona.

Con una dosis de timidez y renegando del academicismo, Saborido repone que “los sindicatos, los diputados o los gobernadores están ahí y, en algún momento, van a hacer algo”. “¿Nosotros queremos anticipar un sujeto de cambio? ¿Cuándo hemos anticipado alguno? Simplemente aparece. Qué sé yo. Quién esperaba el kirchnerismo. Nadie. Quién lo esperaba a Perón. Nadie. Son anomalías que, de pronto, aparecen en medio de un quilombo. Y te sorprenden”, fundamenta.

Especialista en pensamiento althusseriano, Romé indica que “no hay nadie que sea una sola cosa y los arquetipos funcionan como un elemento de identificación”. “Las tendencias ideológicas y políticas tienen que ver con qué es lo que pueden traccionar y poner en común en determinado momento”, postula, y remata: “Si no, no explicás el pasaje del 54 por ciento a una convivencia pacífica con las políticas de desguace que estamos viviendo”.

Barrilete cósmico

Tanto el creativo que arranca carcajadas desde la pantalla de TNT como la docente universitaria consultados para este artículo, subrayan el peso del bombardeo mediático y la lógica de la realización a través del consumo individual como un diluyente de vínculos sociales. Según Saborido, “te convencen de que la política es corrupta y lo único que te queda es la indignación”.

Bajo ese razonamiento, la indignación se mezcla con resignación y la resignación se traduce en sufrimiento. “Porque no hay dónde activar y sacás la posibilidad de ilusión, trascendencia y utopía y todo se ve con cinismo porque te cagan, no tenés religión, no creés en dios y lo único que vale la pena es el aquí y ahora”, enfatiza.

No obstante, Romé alerta que “nunca ninguna ideología dominante ni ningún poder es total”. De manera intuitiva, sugiere que tampoco la antipolítica es plenamente eficaz y vislumbra intersticios en el deseo o la pulsión de estar con otros, en una territorialidad que ninguna expansión puede anular. “Evidentemente, es el turno de esto y habrá que ver qué habrá que hacer para pararlo, diciendo ‘vamos al empate y después vamos a dar vuelta el partido’”, concluye Saborido.