Por Víctor Taricco

Cuenta la leyenda que para los habitantes de Corea del Norte no existe dos Coreas, sino una única nación ocupada en su parte sur por Estados Unidos de América. Sea o no cierto, la verdad, la única realidad, es que existen dos países en un único territorio que en algún momento pretendió ser sólo uno.

Pero vayamos al punto de esta reflexión: Corea del Centro no existe. Existe Corea del Norte o República Democrática Popular de Corea y existe Corea del Sur, la República de Corea. No existe Corea del Centro, porque fundamentalmente las diferencias entre ambos regímenes políticos son irreconciliables. La existencia de una Corea, presupone la negación de la otra.

Pero paradójicamente,  en Argentina, se ha instalado la idea de que se puede construir un gran polo de centro que pueda tomar “lo mejor de los dos proyectos”. Supongamos que este movimiento, el movimiento argentino de Corea del Centro para decirle de alguna manera, pretende construir una país democrático, distribucionista, moderno y popular. Me corrijo: seguramente el movimiento de Corea del Centro prefiere moderno a popular.

Pensemos por un minuto que este objetivo es posible, incluso loable. Que el macrismo es democrático (que no quiso nombrar dos jueces de la Corte por decreto, que no reprime la protesta social, que no es autor y cómplice de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, que no empeña el futuro de los argentinos a través de una deuda externa que crece 5 millones de dólares por hora) y que es moderno porque pretende dejar atrás los esquemas perimidos del modelo de sustitución de importaciones y no apuesta, como todos los datos económicos lo indican, a la valorización financiera y la reprimarización de la economía.

Seamos buenos y pensemos que es posible esta mixtura, que se puede tomar lo mejor de los dos modelos. Lo bueno de un modelo que intente la ampliación de derechos y la industrialización del país y el modelo de endeudamiento externo acelerado y bicicleta financiera.

Para lograr sus objetivos, el movimiento de Corea del Centro ha construido, permítaseme la metáfora, “la selección nacional de intelectuales electrónicos”. Estos soldados del centro, en su mayoría politólogos, sociólogos o especialistas en comunicación, son verdaderos emprendedores de la comunicación política que han logrado construir su espacio en el debate electrónico nacional a fuerza de tuits y posteos de Facebook. Cuatro o cinco datos y una buena dosis de impugnación al pasado reciente bastan para ser parte de este seleccionado.

El objetivo principal de este equipo transdisciplinario no es otro que pasar a retiro a Cristina Fernández de Kirchner y dar por concluida la experiencia política que se inició en 2003 y finalizó su período en el gobierno en 2015. Dar por concluida la experiencia política primero y extirparla del acervo popular por inválida, ineficaz, incorrecta y autoritaria, en segunda instancia.

Este esfuerzo coordinado de tanta buena gente posee, mal que nos pese, una fuerza político ideológica de gran preocupación: en su accionar y por la legitimidad alcanzada, define el campo de  lo decible, lo que se puede o no se puede decir y, sobre todo, cómo es correcto reflexionar sobre el presente y el pasado cercano.

No importa si el kirchnerismo ha sido la experiencia política más intensa de la historia reciente, si generó 4 millones de puestos de trabajo o sacó a cientos de miles de personas de la pobreza. Pertenecer tiene sus privilegios y también sus costos. Abjurar de cualquier fe kirchnerista e intentar decretar la jubilación forzada de su principal referente son condiciones sine qua non para integrar la Selección Nacional de Corea del Centro.

El problema principal de estas duras condiciones de admisión es que demuestran en sí mismas la falsedad de la necesidad o de la misma existencia de Corea del Centro. Esto sucede porque la negación del kirchnerismo, como propuesta política y alternativa de país, es sustento y razón de la existencia del macrismo. Por lo tanto, corresponde preguntarse para qué es necesario un combinado de habilidosos que formen la Selección Nacional de Corea del Centro.

La respuesta a esta pregunta es sencilla: el sentido de la existencia de la Selección Nacional de Corea del Centro es la necesidad de una de las partes (el macrismo) de que un tercero dé fe de su compromiso democrático y que ese mismo actor, insospechado de oficialismo, lleve adelante la tarea de impugnación ética, moral, y por lo tanto, política de su adversario (el kirchnerismo).

La Selección Nacional de Corea del Centro sólo existe en función de acelerar el desgaste de la representación política de los sectores que pretenden a través de la recuperación de la industria nacional, el pleno empleo y la ampliación y reconocimiento de sus ciudadanos construir un país con justicia social, plena vigencia de los derechos humanos y distribución progresiva del ingreso.

Como todos sabemos, Corea del Centro no existe, pero que las hay, las hay.