Por Marina Glezer

Llegar a Boedo es una osadía. La ciudad es un caos pero voy escuchando canciones de un disco anterior al que ella acaba de sacar, Imposible.
Cuando me atiende, entro al mundo Herrero-González, una pareja que se acompaña hace treinta años. Eso ya me produce una gran admiración porque sé quiénes son ambos.
Pensé que iba a ser difícil entrevistarla, y me doy cuenta que charlar con ella es una delicia. El clamor con que articula las palabras lo envuelve en una emoción cotidiana, en la batalla contra el tiempo, la pelea para no perder libertades y el canto como la esfera del amor que rodea un hogar en otoño.
Lo primero que hago es confesarle que su disco está agotado en la disquería de mi barrio, que la noche anterior lo escuché al teléfono de una amiga y que me lo puso dos veces seguidas. Ella me lo regala. Con unas gotas reales de vino, como arte espontáneo de tapa.
Después, le cuento que iba a a llevar mi Ukelele, para hacer una itinerario juntas. Me confiesa que no es un instrumento que haya usado aunque no le tiene prejuicio: prefiere hablarme del vibrafón, que a su vez le fue complejo trasladarlo por su gigantez. Pero, subraya, todos los instrumentos le gustan.
Ella se sienta, con un cigarrillo, y nos ponemos a conversar.
La miro y observo que en ella hay algo de juventud permanente, aunque decide aclararme que es abuela y me habla de Rita y Lino, un montón, a quienes piensa dejarles el legado de que un mundo mejor es posible.

Liliana es río.
Ese inmenso caudal la ensancha. Y como todo río, tienen sus afluentes.
Es ineludible preguntarle sobre sus inspiraciones, me repite una y otra vez que todo fue por todos estos años de gente.
En este momento soy gente, soy años y soy oídos para quien tiene una capacidad infinita de crear, a fuerza de convicciones y memoria, y para el bien común de los sucesores.

Se me ocurre preguntar, sobre la canción ¨Palabras para Julia¨. Porque fue muy importante para ella, que estuvo presa y que me cuenta que era muy cantada por aquellos que estuvieron privados de su libertad. Me comenta que el (ex secretario de Legal y Técnica y ex candidato a vicepresidente por el FPV, Carlos) Chino Zannini, le contó que la cantaba.
Y es una canción que servía como conducto para sacar la tristeza. ¨Para los momentos de depresión que tuvimos todos lo que estuvimos presos¨, explica Liliana, y agrega: ¨esa canción es muy interesante, ya que la canta Paco Ibañez y es del poeta Juan Goytizolo. Ese poeta tenía una hija llamada Julia. Pero ese poeta que te dice que, a pesar de los pesares, hay que seguir, y podés haber deseado lo peor, incluso no haber nacido. Por eso gusta y angustia… sin embargo, la vida es bella, ya verás, tendrás amigos, tendrás amor… Y Goytizolo se suicidó¨.

La vida es ese punto de giro exacto, pienso, en donde la contradicción es el alma. Y donde la paradoja conduce el deseo acérrimo que nos da vida.
Tendrás amigos, tendrás amor.
Nuestra charla sigue, Lili canta.
Y me cuenta una anécdota donde la musa de la canción, la verdadera Julia, la llamó para decirle que había escuchado una versión que la había conmovido en la película Kamtchatka. En la escena final, donde los personajes de Ricardo Darin y Cecilia Roth parten a la guerrilla dejando al hijo con los abuelos. Tiempo después, la titular de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, Nora Cortiñas, a quien Herrero ama, le asegura que la de esa película es la historia de su propio hijo, ficcionalizada.
La mujer que entrevisto es una artista que navega espontaneas ráfagas de creatividad, arropada con un amor que le da el amortiguamiento necesario para expresar con tanta claridad sus convicciones. Y su valentía.
La vida te empuja como un aullido interminable.
Liliana prefiere decir “Yapa” en vez de “Bonus Track”. Y reflexiona sobre su paso por el cine. Sus grabaciones para la película de Fito Páez. Y para muchas otras. Es nueva la experiencia para ella. Pero le gusta.
Me habla siempre de los músicos con los que ha grabado. Los nombra.
Y le pregunto: ¿Vos dirigís sola los discos?

No, es un trabajo colectivo. Imposible es un disco que hicimos entre todos. La música no se hace de otro modo. La dirección del disco es un conjunto de voces y de tradiciones. Todos forman parte.

Ella amasa su propio contenido, todos sus músicos condimentan.
Sola, se encauza a nombrarme a Mercedes Sosa, aunque yo pensaba preguntarle por ella.
Me dice, rápido, que para ella fue difícil inventarse y separarse de la voz de la Negra, que fue complejo dejar de imitarla. Que lo hacía.
Le recuerdo que Mercedes decía que ella era su sucesora.
Me cuenta que siempre la retó por eso. Que eso no se decía. Y que Mercedes le decía que ella lo diría igual.
Me advierte que es complejo el tema de la herencia. Y que para ella, también heredó a Janis Joplin, Prince, Nana Vasconçelos, Margarita Palacios. También cantores y músicos. Todo lo que ella escucha, todo el día, hace que amase de lo que se quiere separar, no porque no le guste, sino por la fascinación. Hay que escapar de lo que te gusta y mucho, y ella se confiesa fan de Mercedes Sosa, haciendo un gran esfuerzo por dejarla o transformarla a la hora de crear.
Un disparador para inventar lo propio. Como un trabajo arduo. Dejando lo que a uno le fascina. Sin que sea una herencia pesada.
Me cuenta que Mercedes Sosa dijo: ¨Liliana Herrero es la voz que este país necesita¨. Y se emociona cuando me lo cuenta, como cuando la evoca y me dice que le ha enseñado mucho, tanto como elegir un repertorio. Con sus ojos morenos llenos de río.

¿Tu disco es un constructor de memoria?

Todos los que se han ido tienen algo que para decirnos. Los que se fueron no están atrás, sino adelante y me dicen: “Vení, vení, mirá esto”. Y uno puede poner en uso la historia. Porque, en la época que vivimos, no hay memoria. Estos tiempos son absolutamente deshistorizados. Recuperar la tradición. Sin patria, sin memoria, sin historia, no se hace un país.

Ella revive el legado, lo hace propio. Le da fuerza y potencia. Es cultura en movimiento.
Entonces, decide poner sobre la mesa sobre el tiempo. Y yo la miro, como si estuviéramos inmersas en un reloj de arena. Nunca olvidaré su capacidad para traer el pasado que vive en el futuro.

Y juntas, decimos que no se puede construir nada sin historia. Como las cartas de amor que se queman, que no se deben quemar porque -si uno las quema- enluta su corazón. Menciona una dupla fenomenal de Castilla-Leguizamón, que ella revive en una samba. Como la vida.

De los tiempos que corren y nos corren, hay que pensar cómo disparar. Piensa que las canciones de su repertorio son como flechas para que la gente se pregunte. Ella se sentiría honrada, si tras el concierto del Opera, alguien va a buscar a Buenaventura Luna. O “Luna tucumana” de Atahualpa Yupanki. Si eso sucediera, lo tendría como batalla ganada.
Me parece tan sagaz y aguda, y tiene tanta puntería, que da en el blanco cuando habla de la realidad. Pero no deja de sentirse un poco afuera. Dice que ella no es una música popular. Yo creo que su ingenio sí lo es y nos pertenece. Pero siempre ha elegido para quién tocar y cómo. De eso se hace cargo.
Está convencida de que estos tiempos dejarán víctimas. Que la sociedad pasa por un síndrome de Estocolmo. Darle el voto a sus propios victimarios tendrá un costo alto, y habrá que levantar las banderas de la libertad.
El país que no miramos. Ella canta sobre las raíces. Donde nació Milagro Sala, Acuyaya, que está en una samba de Imposible.
Ella es de la provincia de Entre Ríos. Y me animo, finalmente:

Liliana ¿sos río?

Entre Ríos, es una provincia llena de inmigrantes. De Europa del Este en su mayoría. Entre Ríos es como el peronismo. Por su heterogeneidad. Mi padre era un loco. Maravilloso. Me llevaba a conocer todo este crisol cultural. Conociendo el hambre, las danzas y canciones. En este lugar, que es más agua que tierra, entre el Uruguay y El Paraná. Por el Uruguay, que es un río saltarín, bajan los tambores africanos. Los ríos llevan y traen la música y la memoria, de los esclavos, de los negros, de los cabecitas. Y el Paraná, que es un río pesado, marrón, por allí bajan las cuerdas, el arpa, la guitarra.

Un largo abrazo de agua la nombra para siempre. Liliana Herrero esta abrazada por el agua, canta, nada y sale a flote, porque aprendió de gurisa. Nadaremos sobre estas aguas.

¿Dónde queda Kamtchatka?

En la música, porque es un juego memorioso, responsable y político. Porque la música y los juegos tienen la responsabilidad de transformar el mundo. De cambiar el mundo. No sé si voy a estar para verlo. Pero mi imposible, es intentarlo todos los días. Porque allí está la fuerza.