La conformación del bloque de poder trasluce una fusión de fracciones bajo el amparo de una unidad aparente entre los sectores que lo componen. No obstante, el recorrido por los vericuetos de una intersección borroneada evidencia relaciones de subordinación hacia el interior del capital, y expone cierto rasgo de debilidad del conjunto.

Por Luciana Glezer

Lo que supo ser

Una oligarquía agropecuaria con brazos industriales y el capital extranjero, aliados en ocasiones y adversarios en otras, portaron a lo largo de la historia argentina la camiseta del poder económico. Jugadores dinámicos que ocuparon distintas posiciones dentro de la cancha, dadas las brutales alteraciones en términos de sujeción de unos sobre otros. Intereses que cambiaron y se entrecruzaron a lo largo de las décadas, donde el Estado no poseyó poder propio sino que fue la condensación material de una relación de fuerzas entre las clases presentes en una formación social.

Según el historiador económico Fernando Rocchi, la oligarquía local es hija del capital extranjero, lo que hace toda una definición del vínculo. La historia de Ernesto Tronquist, financista con gran influencia en la representación del capital extranjero, resalta las propiedades de la política y economía argentina desde 1880. El tipo fundó un banco y desarrolló fábricas de tabaco. Era muy amigo de Carlos Pellegrini y Julio Argentino Roca. Más que amigo, era su consejero político.

De hecho, resultó el elegido para negociar con la banca Rotchild y Morgan una deuda del Estado nacional.

Hacia 1910, Argentina era el primer receptor de inversiones directas desde Gran Bretaña. Los Bemberg, Bunge & Born, Leng Roberts parieron sus imperios. De ahí que la Sociedad Rural, la Bolsa, la UIA, la Asociación de Bancos y hasta la Cámara de Comercio construyeron un poder permanente.

Es un lugar común del pensamiento económico asociar la industrialización con la crisis del 29’, la guerra mundial y el cierre del mundo, aunque Bunge & Born contaba con numerosas plantas fabriles para ese entonces. Lo osado es poner en cuestión la diferencia de juego que despliega el Estado. El nombramiento de Miguel Miranda, un pequeño industrial, como ministro de Economía del primer gobierno peronista sintetizó una alianza entre el Estado y el empresariado más débil, una experiencia que tiene su continuidad con José Ber Gelbard en los 70’. Un empresario emblemático de la época es Torcuato Di Tella, padre del ex canciller. Su empresa SIAM (Sociedad Industrial de Amasadoras Mecánicas), que había comenzado como una fábrica de amasadoras de pan, se puso a fabricar heladeras y autos. Ejemplos que describen medianos que se vuelven grandes, cuyo producto son nuevos medianos.

Pasado poco menos de siglo y medio de la conformación del Estado nacional, y con mucho populismo mediante, el nivel de extranjerización del poder económico luce irreversible.

Este recorrido chocó con la dictadura cívico militar que instauró un nuevo bloque de poder. Fracciones de capital interno y externo pusieron en marcha un nuevo patrón de acumulación. Se frenó la industrialización del país con una nueva dirección de los flujos de capital. Todo fue posible gracias a una fuerte asociación entre los grupos económicos locales y el capital financiero internacional, donde la hegemonía la conservaba la fracción interna. Famosos del proceso fueron Pérez Companc, Techint, Grupo Bemberg y el ya nombrado Bunge & Born, dentro del grupo de los tradicionales, mientras otros, que no lo eran -como Macri y Roggio-, se consolidaron durante esa etapa.

La valorización financiera, la sustitución de importaciones y el modelo agroexportador fueron creaciones que impulsaron distintos bloques y alianzas sociales desde el Estado. La democracia del 83’ no logró estabilizar la economía. En consecuencia, la década del 90’ vino acompañada de un fenomenal recambio en el mapa del poder económico. El nuevo auge de inversiones extranjeras, atraídas por las privatizaciones y la estabilidad que simulaba el plan de convertibilidad. Comenzó, así, otro período de masiva desnacionalización económica, que adquirió su máxima expresión con la toma de control de YPF, la mayor empresa nacional, por parte de la española Repsol.

Pasado poco menos de siglo y medio de la conformación del Estado nacional, y con mucho populismo mediante, el nivel de extranjerización del poder económico luce irreversible. La participación foránea es determinante en las industrias tabacalera, la textil, la de minerales no metálicos, la de maquinarias y aparatos eléctricos, la informática y rubros conexos, la automotriz, la químico-petroquímica, la celulósico-papelera, la de derivados del caucho y el plástico y la alimenticia. Según el investigador Martín Schoor, en 2013 las firmas de la elite empresaria controladas por capitales foráneos, 61 de 100, dieron cuenta de alrededor del 60 por ciento de la facturación global. En una perspectiva complementaria, surge que la acumulación de capital del poder económico transnacional se estructura, en lo sustantivo, en torno de la industria automotriz, la de alimentos y bebidas, la química y la de derivados del petróleo. Además de la presencia difundida de los oligopolios transnacionales, en los rubros fabriles más significativos y dinámicos en la posconvertibilidad existen otros factores que, en su articulación, permiten dar cuenta de semejante nivel de extranjerización, como las diferencias de desempeño entre las empresas foráneas y las nacionales, la adquisición de varias compañías o grupos económicos locales por capitales extranjeros y la vigencia de ciertos instrumentos normativos diseñados y aplicados en los años de hegemonía neoliberal, como la Ley de Inversiones Extranjeras sancionada en 1976 y ampliada en la década del ’90, y la casi totalidad de los numerosos tratados bilaterales de inversión suscriptos en dicho decenio. El correlato del altísimo grado de extranjerización que exhiben la industria y la economía argentina es la indudable pérdida de “decisión nacional” en lo que hace a la definición de ejes relevantes del devenir económico, político y social del país, y la existencia de distintas presiones estructurales sobre la balanza de pagos a partir de la demanda de divisas para remitir utilidades, financiar importaciones, pagar servicios en el exterior -muchas veces- a compañías relacionadas.

En cuanto a la situación del gran capital nacional, en 2013 había dentro del panel de las líderes industriales un total de 31 compañías controladas por actores locales que, en su mayoría, pertenecen a grupos económicos como Pérez Companc, Urquía, Mastellone, Arcor, Ledesma, Clarín, Indalo, Bagó, Madanes, Techint, BGH y Pescarmona. Consideradas en conjunto, estas firmas dieron cuenta de la cuarta parte de las ventas totales de la elite fabril.

Dónde están, quiénes son

El predominio económico que experimenta la fracción extranjera de la elite empresaria involucra diversos sesgos que atentan contra la complejización de la estructura productiva. Las compañías transnacionales que se desenvuelven a nivel local son relativamente poco generadoras de empleo por unidad producida y, en su interior, se manifiesta una distribución del ingreso sumamente regresiva. Un CEO de una multi percibe 204 veces el salario mínimo que paga la empresa.

Entre las unidades productivas extranjeras, se identifican grandes complejos exportadores pero, a su vez, fuertes demandantes de divisas. Cuentan con la capacidad de ejercer presión sobre las cuentas externas en grados insostenibles. Presentan altos coeficientes de importación, remisión de utilidades y dividendos al extranjero, pagos de honorarios y regalías, utilización de tecnología y patentes, intereses devengados por toma de deuda externa, más la fuga de capitales -a lo cual habría que adicionarles montos multimillonarios asociados a la sobrefacturación de importaciones y la subfacturación de exportaciones-.

Como todo capital, el foráneo procura minimizar sus costos, pero en este caso incluso logran salvar la facturación absoluta a nivel mundial, a partir de su posición dominante en el mercado interno. Por tratarse de inversiones extranjeras en ramas productivas que generalmente controlan, movimientos a la baja que suelen darse en indicadores sobre consumo ni siquiera los roza. A esta fracción del capital no le resulta relevante lo que pase en el mercado interno. Multinacionales agrarias que controlan los ejes centrales de la inserción de Argentina en el mundo apelan como slogan al discurso recurrente de la seguridad jurídica, que no es más que una serie de condicionamientos a la política económica de los gobiernos destinatarios de ese capital. Por mencionar algunos puntos, se exige que no exista ningún tipo de restricción para el ingreso y egreso de capitales en moneda extranjera; la libre disponibilidad y conversión de las ganancias obtenidas en el país donde las empresas decidan e integra el cuerpo de la seguridad jurídica todo lo que hace a la flexibilidad laboral, como los contratos a término que eliminan las consecuencia para la empresa en caso de necesidad de despedir personal, una embestida que precisa fuertes limitaciones a las organizaciones sindicales. Además, consideran bajo su potestad el manejo con absoluta libertad de los precios del mercado interno y la exportación sin impuestos que denominan distorsivos, como por ejemplo las retenciones. Como si  este marco legal no bastara, se incluye en la proclama un régimen jurídico extraterritorial para que un caso de controversia se resuelva en tribunales internacionales.

A todo esto, las principales corrientes de capital extranjero que se incorporan al país a largo plazo están compuestas por préstamos. En 1990, la banca internacional tenía una participación del 15% en el sector financiero argentino, cifra que actualmente supera el 60 por ciento. Según el Banco Central de la República Argentina, 6 de cada 10 bancos son extranjeros.

Mientras tanto, la lista de nombres que integran el capital local apenas llena los registros de asistencia de un par de divisiones de escuela secundaria. A tomar lista:

 

  • Blaquier, Luis Maria: Director del Grupo Clarin, ex de Pegasus, sociedad cuyo titular fue Mario Quintana, vice jefe del gabinete nacional. Además, Luis María es sobrino de Carlos Pedro Tadeo Blaquier, principal accionista de Ledesma.
  • Bledel Jorge Carlos: presidente del BBVA (Banco Francés) y de SADESA (Sociedad Argentina de Energía). Es uno de los financistas de la campaña electoral del PRO.
  • Braun, Federico: presidente de la Importadora y Exportadora de La Patagonia, dirige el Grupo Financiero Galicia. Tiene participación accionaria en ambas compañías.
  • Braun, Miguel: Sobrino de Federico, y titular de la cartera de Comercio. Fue director suplente de Pampa Cheese. Tiene participación accionaria en EB Holding y control mayoritario del Banco Galicia.
  • Brito, Jorge: Presidió la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino. Tiene participación accionaria en Banco Macro, desarrollos inmobiliarios y frigoríficos.
  • Bulgheroni Alejandro: dueño de Bridas, es también accionista de Pan American Energy.
  • Constantino, Eduardo: dueño de Consultatio y presidente del Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires).
  • Elsztain, Eduardo: El dueño de los shoppings. Presidente y accionista de IRSA, Cresud (empresa financiera vinculada) y socio mayoritario de Austral Gold Limited. Fue presidente del Banco Hipotecario.
  • Eurnekian, Eduardo: ni más ni menos que el hombre de Corporación América.
  • Gonzalez, Daniel: El hombre de Macri en YPF. Anteriormente, se desempeñó durante 14 años en el banco de inversión Merrill Lynch & Co en Buenos Aires y Nueva York, ocupando los cargos de Jefe de Fusiones y Adquisiciones para América Latina.
  • Mindlin, Marcos Marcelo: socio de Elsztain en todos los shoppings. Tiene participación accionaria en Pampa Energía y Petrolera Pampa. Como dato de color, es primo hermano del ex canciller Hector Timerman.
  • Monti, Roberto Luis: presidente y CEO de YPF entre 1997 y 1999. Presenta cargos directivos en Tenaris y Petrobras Argentina.
  • Pagani, Luis: dueño de Arcor, principal productor de golosinas del mundo y una de las únicas 3 multinacionales argentinas.
  • Perez Companc, Jorge: A fines de 2009, le cedió a sus siete hijos toda su tenencia accionaria en Molinos Ríos de la Plata, de la cual era el principal accionista.
  • Rocca, Gianfelice: Hermano menos famoso de Paolo, controla fracción mayoritaria de Tenaris y de Ternium, a través del Holding Techint.
  • Rocca, Paolo: es el principal accionista del Holding Techint, otra integrante del selecto grupo de multinacionales con capital inicial argentino.
  • Stanley, Guillermo: padre de Carolina, ministra de Desarrollo Social, es controlante de Inverlat Inverstments. Ademas, dirigió el Banco Macro y Havanna.
  • Stanton, Woods: Socio fundador del fondo de inversión Pegasus y Farmacity.

Delicias de la vida cotidiana

El patrón de acumulación actual se denomina de distintas formas. Puede responder a “modelo aperturista”, “modelo neoliberal”, o “modelo rentístico financiero”. Su comprensión cabal puede desprenderse de la conducta concreta de actores como los arriba mencionados. Para muestra, basta un botón.

Es probable que cualquier individuo que se siente en la mesa argentina sea convidado con un plato de pastas acompañados de buen vino. Si aquel prefiere comer algo al paso, puede optar por una práctica salchicha. Sea cual fuere la opción gastronómica, lo más probable es que proceda de la empresa Molinos Río de la Plata. La concentración de marcas líderes en manos de la firma creada el 1 de enero de 1902 la convierte en un termómetro del costo de vida argentino y cómo a pesar de ello hace constar la supervivencia de más de un siglo de vaivenes económicos. Los negocios más rentables de Molinos casi no tienen que ver con el consumo interno. No sólo la firma se ha convertido en uno de los principales procesadores de soja y girasol de Argentina, con una capacidad de molienda de 6 millones de toneladas de soja y 500.000 de girasol anuales, sino que juega fuerte en el campo financiero. De hecho, para el analista bursátil Christian Butleler, apostar por papeles de Molinos es una opción de las más rentables. Así se presenta en forma combinada el poder del capital financiero y el capital productivo. La actuación conjunta ha posibilitado la desnacionalización total de sus intereses. Es por ello que un mundo de tasas bajas reafirma el planteo. Por un lado, la liberalización del capital productivo en los países centrales respecto del capital financiero y, por el otro, la actuación en el plano local con un nivel inversión a partir de créditos internacionales asociados, con primas de riesgo muy elevada. O sea, carry trade o, dicho simplemente, bicicleta financiera.

Por eso, el establishment local propugna devaluaciones cíclicas y todo tipo de medidas que aumenten la tasa de rentabilidad a partir del ancla cambiaria. Costumbres argentinas inherentes a un sector exportador de materias primas provenientes de las ventajas comparativas naturales y que ha sido el fundador del Estado moderno argentino. Dice el célebre historiador Mario Rapoport que la cuestión monetaria es una consecuencia de las tensiones y armonías en la forma de entrelazamiento del flujo de capital y no la causa autónoma principal del devenir económico del país.