Por Marina Glezer

Estoy en el bar de mi barrio y mi entrevistado es uno de los productores de la película Gilda, protagonizada por Natalia Oreiro y dirigida por Lorena Muñoz. Periodista cinéfilo y creativo incansable, Axel Kuschevatzky accede a conversar con Kamchatka en un alto entre los tres rodajes en los que se encuentra trabajando. Por eso, arrancamos sin preámbulos.

Pensemos y hablemos de la industria local en la actualidad. ¿Hace falta tener un reconocimiento popular para actuar en una película?

– Yo no pienso en términos de cartel. Las películas son un todo. La fantasía es que lo único que define la taquilla es el protagónico. Y en realidad, es una relación más íntima entre lo que la película narra, la percepción pública de eso que narra y los elementos que son parte de la narración. Todos somos herramientas de la narración. Los productores, los guionistas, los actores. Al final, es la narración la que moldea el proceso emocional de una película. Entonces, vos asociás actores determinados a géneros o experiencias determinadas. Muchas veces, el impacto de la película tiene que ver con cómo se subvierte esa expectativa. Por ejemplo, (Guillermo) Francella en El Clan.

Mi pregunta era si primero es que el actor necesita cierto reconocimiento público y después tengas el truco de convertirlo en lo que no espera el público…

– El cine es una industria cultural. No funciona en un solo andarivel. Para una película, necesitás fondos. Pero eso no es un condicionante de qué película se hace. Porque la fantasía empieza a ser esa: que vos decís que esta es una película cara y entonces tiene que ser liviana porque el público quiere tal cosa…

Entiendo. Que hay recorridos y públicos diferentes. Y no siempre es así.

Las películas taquilleras de los últimos 10 años: Relatos Salvajes,

El Clan, El secreto de sus ojos. Son todas películas oscuras con carga ideológica. Estoy convencido de que la producción local funciona como contraprogramación en relación a la película pochoclera liviana norteamericana. Incluso, a una comedia argentina liviana le pedís niveles de lectura.

Siempre que la gente piensa en vos, cuando te ve en a tele, no sabe muy bien qué es lo que hacés en las películas. ¿Cuál es tu puesto real?

Responsable de producción de cine de Telefé. Mi rol es el desarrollo de la producción de películas desde la estructura de Telefé. Funciono como si fuera un productor independiente porque armo un proyecto, busco las partes, consigo el financiamiento siendo un empleado de Telefé. Y el proyecto lo llevo ahí para que entre dentro de la lógica de Telefé, que está relacionada con el artículo 87 de la Ley de Medios: los canales de cobertura nacional tienen que producir o comprar derechos de ocho películas anuales, y emitirlas. Así que buscamos películas que tuvieran valía propia y, al mismo tiempo, le sirvieran a la pantalla de Telefé porque después se tienen que emitir. Y además, buscamos películas que pudieran repagarse. No estamos hablando de cómo construís éxitos porque eso es una fantasía de la gente.

Si pensamos a contrapelo, todos hablan de tus éxitos pero me imagino que pocos te deben preguntar por tus fracasos. ¿Los hay en tu vida?

Sí, por supuesto. En mi vida en general y no sólo en el cine.

Hace poco dijiste que no tenías el secreto del éxito sino que eras muy bueno…

Ocultando mis fracasos. (Risas). Por supuesto hay películas en las que nos ha ido mal. Algunas con dolor, porque las quería mucho. Nos ha ido bien con películas en las que, a lo mejor, no me gustaba mucho el resultado final.

O sea que te sorprendés también cuando no das en el blanco.

Todo el tiempo. Las películas van cambiando en la medida que van avanzando.

¿Es una fantasía el puesto de productor?

La gente cree que los productores somos los que levantamos la guita. Y lo que no entiende es que los productores somos los sparring y socios creativos de la película. Mi laburo también es conceptualizar la película con el director. Objetivarla. Entender qué representa esta película para el espectador, que está en su casa y los estás invitando a salir. Le estás diciendo “salí de tu casa”. Con la cantidad de oferta de pornografía que hay y la posibilidad de que te pasen la fainá por debajo de la puerta, yo te estoy proponiendo que salgas. Después, te estoy proponiendo que, en vez de que vayas a jugar a las bochas, vayas al cine. Y de todas las propuestas de cine, te estoy proponiendo que en vez de ver una película que costó 200 millones de dólares, protagonizada por la estrella de moda y que está basada en un comic de tu infancia, vayas a ver la que hicimos nosotros. Le estoy pidiendo un compromiso muy profundo al espectador.

¡Es un deseo muy romántico! ¿Cómo te despertás todas las mañanas y lo seguís alimentando?

Porque estoy convencido no sólo de que se puede. La pregunta es cómo hacés todo esto y laburando en función de una mirada. Pensando, además, que la película tiene que ser sofisticada. Y después pasa otra cosa: yo no coincido ideológicamente con todos los directores con los que laburo, de la misma manera que vos no votás igual que todos tus amigos. Y muchas veces son planteos que te tenés que hacer frente a la obra. Y es: yo estoy siendo parte de este proceso creativo, donde coincido en la narrativa pero tal vez no al 100 por ciento ideológicamente.

Es complejo coincidir. Pero lo necesitamos, ¿no?

Me he encontrado con gente con la que coincido ideológicamente y me parece gente que, en el fondo, no le importa nada el ser humano y gente que con la que no coincido ideológicamente pero tiene un comportamiento hiper ético, moral, transparente y claro. Hay muchos grises en este camino. Hay directores que plantean la clave ideológica de su obra desde la premisa, como Santiago Mitre o Juan Campanella. En el caso de El secreto, el concepto de justicia por mano propia o la pena de muerte. Cómo exploraba la película esos lugares, sin tener que necesariamente opinar, sino poner la carne en el asador y generar la discusión, es importante.

¿Y desde el 2009 hasta la actualidad hiciste 62 películas como productor?

Sí, soy una persona con problemas. Amo mucho esto.

Históricamente, los gobiernos han utilizado el cine como herramienta. Aún las películas comerciales bajan una línea. ¿Nadie escapa a ese patrón?

Cuando arranca Gran Hermano, me acuerdo de escuchar a los estudiantes de Imagen y Sonido o medios, sobre todo de la UBA, planteando claramente que hay un modo representativo institucional y una estructura mediática que tiene una agenda y que la impone. Y mi experiencia es que, en realidad, es mucho más caótico. Si vos podés decir algo de los medios es que la mayor parte de la gente que labura en los medios es clase media y que su campo de interés es el de la clase media. Y de última, eso puede explicar un montón de cosas, más allá de la agenda específica y que muchos medios la tienen y hacen una bajada y se ven como un actor político. En el cine, las películas son permeables a la ideología de quien las hace. Y después hay decisiones que parecen no ideológicas pero, en realidad, son hiper ideológicas. El hombre es político en todos sus actos de la misma manera que narra en todos sus actos.

¿Pero no te parece que hay determinados contextos históricos en los que aparece tal o cual película y que son representativas de ese momento?

Las películas reflejan, por decisión o por omisión, el contexto en el cual salen.

¿La venta de tickets venía creciendo y cayó?

Cuando tenés un escenario recesivo, el primer lugar donde tiene un efecto es en el ocio. Luego hay una cosa: la audiencia es reactiva a la oferta.

¿Cómo ves la realidad del sector hoy?

Estoy sorprendido con la escala. Es una combinación del contexto, la oferta. A veces, cuando hay un contexto recesivo, también hay una suerte de angustia social y la gente se contrae. Por fuera de cualquier lectura ideológica, el cine desde 1983 fue un asunto de Estado. Incluyendo a gobiernos que no la jugaban a favor de la producción local. Realmente, Argentina es un país cinéfilo.

¿Estás muy contento con Gilda?

Superó ampliamente mis expectativas. Es una película con la que estoy comprometido afectivamente.

¿Cuál es el cine que te gusta cuando no estás trabajando?

Soy muy ecléctico. Trato de ver las películas que me intrigan para bien o para mal.

¿Siempre estás trabajando?

Y… es el problema de que te guste o ames lo que hacés. Y al final, más o menos, siempre estás laburando un poco.

Me pregunto, además de su eterna curiosidad -que claramente es su motor-, de dónde habrá sacado la valentía para empezar. Y me lo contesto sin preguntárselo. Es el deseo. Eso fue lo que lo hizo crecer.

¿Por qué empezaste una revista de cine? ¿Qué te llevó a hacer La Cosa?

Lo mismo que me trajo a este lugar. Amaba al cine. El cine de género estaba muy mal visto. Y empecé al tun – tun. Junté plata y…

¿Y te salió bien desde el principio o la tuviste que batallar?

No… hasta hace unos años era complejo. Nosotros nos comimos la crisis del 2001 sacando la revista todos los meses. En los últimos años, funcionó muy bien y se convirtió en una estructura digital con un sitio con 200 mil visitas por mes.

¿El Star System está preparado para el surgimiento de un pibe o una piba con buenas ideas pero sin recursos ni contactos? ¿Creés que se puede?

Sí. Sí, pero aprender los rudimentos básicos de cualquier laburo lleva su tiempo. Y eso no tiene que ver con contactos sino con el deseo, la curiosidad y el saber que no sabés lo suficiente.

Si tuvieras que contar una historia sobre el poder, como concepto, qué elegirías narrar, ¿cuál sería el conflicto, dónde arrancaría el relato?

Lo que en general me atrae desde el lugar del hacer es que cada película juegue un juego diferente. El conflicto está visto en la vida cotidiana como algo complejo y malo. Y la verdad es que el conflicto es positivo. Las sociedades crecen a partir del conflicto. “Con 200 años de guerra, los italianos tuvieron el renacimiento. Con 200 años de paz, los suizos tuvieron el reloj cucú”. Una película sobre el poder podría ser sobre dos tipos en una oficina lidiando por el espacio o podés hacer una película sobre dominación global de robots. Yo tengo muchas ganas de hacer una película sobre la industria del perfume. Es maravilloso. El perfume es la idea más abstracta de la galaxia. Vos vendés una serie de experiencias relacionadas con agua con olor. Un día voy a hacer un proyecto sobre espionaje industrial en el mundo del perfume. Porque es básicamente gente robando una abstracción.

¿Dónde queda Kamchatka?

Es como Droopy. Está en todas partes pero en ningún lugar.