Por Carlos Romero
Bajo el frío de una economía que noquea salarios y con un gobierno indiferente a las quejas del movimiento obrero, la Confederación General del Trabajo avanza hacia la reunificación de sus distintas ramas en una conducción colegiada. Como ya ocurrió en 2004, ante la imposibilidad de sintetizar las diferencias, pero con la urgencia de acumular fuerzas, la dirigencia cegetista buscará contenerse a sí misma en un mando compartido.
Para eso, aunque suene paradójico, primero deberán superar las nuevas fisuras que van surgiendo al calor de la danza de nombres para ocupar la cabecera. Si la vieja fórmula habla de golpear para negociar, la unidad –luego se verá en qué grado– será determinante para condicionar a una administración macrista poco sensible a la problemática sindical. El panorama de crisis por venir que hacen en la CGT se cae de maduro: los salarios acordados en la primera parte del año quedaron obsoletos ante una inflación anual que, como mínimo, tocará el 42 %; a los primeros despidos del sector público se le fueron sumando los de las industrias y pymes que sintieron el desguace del mercado interno; el tarifazo –judicializado pero latente– es una mochila de plomo en las facturas y el conjunto de la economía no da señales de reactivación. Estos elementos integran el documento crítico que la mesa chica cegetista elaboró sobre la gestión de Cambiemos. Su título resume el diagnóstico: “De mal en peor”.
Sin embargo, mientras los gremios muestran los dientes y agitan los puños, en la Casa Rosada bostezan, convencidos de que las advertencias de los sindicatos no pasan de la pirotecnia verbal que les exige el uso y costumbre. En parte, esa caracterización explica que Mauricio Macri haya cajoneado dos de sus promesas de campaña: quitar el impuesto a las ganancias y ponerse al día con los miles de millones adeudados a las obras sociales sindicales.
Para modificar esa relación de fuerzas, las distintas CGT volverán al tronco común que cada tanto astillan. Será el 22 de agosto, en un congreso nacional donde los dirigentes esperan unirse, vaticinando desde entonces un mayor nivel de confrontación con el gobierno. Las cabezas de las tres grandes centrales –Azopardo, Alsina y Azul y Blanca– ya acordaron un triunvirato donde colocar a sus candidatos, pero no todos están de acuerdo. Hay sectores que quieren arrimar más sillas a esa conducción mientras que otros, en cambio, exigen dejar una sola.
Lo que sí es una certeza es la despedida del camionero. Hugo Moyano, como Moisés, se quedará en la puerta de la tierra prometida de una sola CGT. Tras 12 años al frente de la organización obrera más importante del país, Moyano dejará el primer plano de la escena sindical. Irá a pujar en el mundo del fútbol, como presidente del Independiente de sus amores pero, sobre todo, peleando por la AFA de sus deseos. El paso al costado del líder camionero es también el epílogo de toda una generación de gremialistas, que empiezan a despedirse.
Tanto es así que en el futuro trío de secretarios generales tampoco tendrán un lugar Antonio Caló, el jefe metalúrgico de la CGT Alsina, ni el gastronómico Luis Barrionuevo. Claro que harán jugar a sus delfines, pero que no sean ellos mismos no es un dato menor. Los lugares del poder sólo se delegan cuando no hay otra opción. Y tampoco se acostumbra devolverlos.
Los tres delfines
Cuando anunció su salida, Moyano también le puso nombre a su sucesor en la central de Azopardo: Juan Carlos Schmidt, secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento y titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT). Poco conocido para la opinión pública pero respetado entre sus pares por su trayectoria y formación –“es un cuadrozo”, sintetizan quienes lo elogian–, Schmidt viene endureciendo sus críticas al macrismo, al punto tal que desde la CATT propuso evaluar un paro
general incluso para antes del congreso unificador del 22. “Si esto se
profundiza, no hay respuesta y los intereses de los trabajadores siguen erosionados, va a haber conflicto”, pronosticó el dirigente, que también se mostró a favor de rediscutir salarios, un pedido que viene sumando adeptos: “Si no hay una desaceleración de los precios y sigue cayéndose el poder adquisitivo, lo más lógico es que nuevamente se pidan aumentos”. Mostrando su visión sobre el rol que le cabe a la CGT, consideró que “estos problemas –por lo de la economía– no se resuelven solo con paro, sino también influyendo en los acontecimientos políticos para corregir el rumbo que nos
afecta”.
Junto a Schmidt, los otros dos nombres puestos para la conducción colegiada son Héctor Daer, de Sanidad, y Carlos Acuña, de las estaciones de servicios. Daer, integrante de la CGT Alsina, es un clásico representante de los llamados gremios “gordos”, en tanto que Acuña es parte del espacio de Barrionuevo.
Tanto uno como el otro vienen subiendo el tono de sus reproches al Ejecutivo nacional. Más allá de esto, el dato político más relevante es que Daer y Acuña comparten una misma pertenencia partidaria: el massismo. El primero es diputado nacional del Frente Renovador, mientras que el segundo es legislador por esa fuerza en la provincia de Buenos Aires. Así las cosas, en ese supuesto –pero cada vez más inminente– triunvirato, Sergio Massa tendría a dos hombres provenientes de sus filas. Esto suma porotos a quienes entienden que la alternativa eventual al macrismo no vendría por el lado de un “regreso” kirchnerista, sino a través de la figura de Massa, que en esta lectura aparece como el plan B del mismo modelo que hoy encarna el PRO.
Los otros
Por fuera de Schmidt, Daer y Acuña, otros dirigentes y gremios presionan para tener voz en el armado de la nueva cúpula y se quejan de que Moyano, Caló y Barrionuevo ya tengan el paquete cerrado. Por un lado, están los que piden un lugar en la secretaría colegiada. Por el otro, los que rechazan la idea de una CGT con más de una cabeza y, por supuesto, se proponen como los más aptos para acaparar las riendas.
Los sectores reunidos en el Movimiento de Acción Sindical (MASA) que encabeza el taxista Omar Viviani, están en contra del triunvirato y piden que sea el ferroviario Sergio Sassia quien asuma el mando. El MASA, nacido en 2012 como un contrapeso a Moyano, reúne a varios gremios de fuste: Smata, APL, Unión Ferroviaria, taxistas, telefónicos y Luz y Fuerza, entre otros. “La CGT tiene que tener un solo secretario general y contener a todas las organizaciones. Una central con tres o cuatro secretarios generales tiene corta vida”, vaticinó Viviani, que de todos modos negó una ruptura. “No quiere
decir que vayamos a hacer otra CGT, vamos a seguir siendo gremios afiliados pero no vamos a participación de la comisión directiva”, aclaró.
El “Momo” Gerónimo Venegas tiene la misma postura y se autoproclama como garante de la unidad. Para eso, el líder de la UATRE teje por lo bajo y chapea entre sus pares con la aceitada relación que mantiene con el gobierno nacional. Recuerda, entre otras cosas, que fue él quien hizo posible la foto de Macri con Moyano para la inauguración de una llamativa estatua en honor a
Juan Domingo Perón, en octubre del año pasado, en plena campaña electoral. “Si en la CGT no hay una conducción única, UATRE no acompañará la reunificación”, amenazó Venegas, para quien “si hablamos de unidad no puede hacerse con tres secretarios generales, porque cada uno va a representar a un sector”. Llamativamente, entre sus críticas al triunvirato, el Momo se
refirió a una “nueva etapa del país” en la que la Confederación “la tienen que conducir los dirigentes gremiales y no los partidos políticos”. También se animó a caracterizar a Macri como “el punto de equilibrio entre el capital y el trabajo”.
A la luz de los magros resultados cosechados por Venegas, no parece ser el mejor momento para elogiar al presidente en el mundo gremial. Algo similar le ocurrió a Barrionuevo el 1 de julio, durante un congreso al que fue invitado por la Asociación Bancaria. Ese día, el gastronómico se declaró como un exégeta de Macri, pero los abucheos lo hicieron recular. “Los escucho hablar y ustedes son todos de izquierda. Yo vengo acá a defender a mi presidente”,
chicaneó Barrionuevo, irónico y desafiante. Lo taparon los silbidos.
Justamente, el secretario general de los bancarios, Sergio Palazzo, es otro de los referentes que buscan tallar en la cúpula por venir. Duro en sus críticas a Cambiemos, Palazzo tiene el apoyo de dos de los sectores más combativos y dinámicos de la CGT: el Núcleo del MTA y la Corriente Político Sindical Federal. Entre otros, allí se agruparon la Federación Gráfica Bonaerense, los canillitas, los docentes privados de Sadop, Satsaid, UOM de Zárate-Campana
y los telefónicos cordobeses. “Creemos que debe haber una conducción transitoria de al menos un año, colegiada, para no dejar afuera a ningún sector”, señaló Eduardo Berrozpe, secretario de Prensa de La Bancaria.
“Somos parte de un importante número de sindicatos de reconocida trayectoria y entendemos que deben tener lugar por su capacidad para producir hechos y generar las ideas que se necesitan para superar la situación que vive el país”, sostuvo.
A mediados de julio, cuando la mesa chica de la CGT no sólo ratificó la idea de la colegiatura sino que también le puso nombre a las tres cabezas, desde el espacio que impulsa a Palazzo salieron al cruce. Carlos Minucci, del personal del sector eléctrico (APSEE), planteó que “la unidad sindical es demasiado grande para depender de pocos dirigentes”, y agregó que “no se pueden designar candidatos a dedo de forma previa a las deliberaciones del Congreso Normalizador”. Como ejemplo, se refirió al lugar preponderante que se le otorga a Barrionuevo cuando, fustigó, “es la menor de las expresiones del movimiento obrero”.
Si bien el camino de la reunificación parece prefijado, no será un paseo ni una cosecha de elogios. Después del 22 de agosto, habrá ganadores, perdedores y heridos, todos ellos con mucho poder. Así las cosas, mientras se prepara la unidad, la “columna vertebral” de la que hablaba Juan Domingo sigue crujiendo.
El segundo semestre no sólo no trajo la lluvia de inversiones que prometió el macrismo, sino todo lo contrario: los trabajadores ven cómo los billetes se evaporan una vez que los sacan de la billetera. Con esa certeza, en la CGT y la CTA empezaron a multiplicarse las voces que plantean la necesidad de reabrir las paritarias o instrumentar mecanismos para compensar el sopapo al bolsillo. “Los gremios vamos a pedir la reapertura de paritarias, tanto la CTA como la CGT. Cuando se hicieron los acuerdos no se imaginaban estos niveles de inflación”, aseguró Hugo Yasky. Incluso, sectores que tuvieron acuerdos muy beneficiosos están siguiendo ese camino, como los aceiteros, que en abril cerraron una suba del 38 %. “El alza de los precios en los productos de primera necesidad, el tarifazo y la devaluación del peso nos está pegando muy duro”, explicó Daniel Yofra, de la Federación de Trabajadores Aceiteros. En la CGT Azopardo, el petrolero Guillermo Pereyra, trazó igual panorama: “Hay gremios que pactaron aumentos del 30 al 32 % y que quedaron desactualizados. Se habla de reabrir las paritarias, no uno sino todos”.
En medio año de gobierno de Mauricio Macri, las grandes centrales obreras del país no sólo se vieron en la necesidad de reagrupar fuerzas, sino también de comenzar a tender puentes. El mejor ejemplo es la marcha federal convocada por las dos CTA, que partirá de Mendoza y concluirá en la Plaza de Mayo. Estaba programada para el 17 de agosto, aniversario de la muerte del general San Martín, pero la fecha se corrió para esperar al congreso de la CGT. “Por ahora, va a ser para el 24 de agosto, con la CGT, la CTA y las multisectoriales”, informó Eduardo López, secretario general de los maestros porteños de UTE. El dirigente también destacó el momento de esta protesta: “Es a 9 meses de la asunción de Macri. La marcha federal que le hicimos a Menem fue en el ‘94, o sea, a cinco años de su asunción”, graficó López. Pedro Wasiejko, secretario general adjunto de la CTA de Hugo Yasky, consideró que “evidentemente van convergiendo las posiciones de los diferentes grupos” y que “de alguna manera contra las políticas neoliberales de la derecha que está gobernando el país”.