Una tragedia de amor en tiempos de burbuja financiera y desempleo

Por Nora Lafón
En todos los idiomas, salvo en castellano, hacer teatro se dice “jugar al teatro”. Jugar en
el sentido de participar o comprometerse, y esto es lo que pasa en este “Nerum Park”,
estrenada recientemente en el Timbre 4.
Todo, desde el amplio espacio donde los actores se miman, se ríen y desempacan -en
medio de objetos que pueden ser mesas, camas, sillones-, en tanto el público se
acomoda en la platea, arrullado por Doris Day en su formidable versión de “Té para dos”.
De pronto, las luces se apagan… y allí comienza la ceremonia propuesta por el catalán
Josep María Miró (de quien ya se conocía “El principio de Arquímedes”). A partir de la
historia de una pareja joven que acaba de cumplir el sueño de mudarse a un barrio
cerrado en el que son los únicos habitantes, Miró plantea el conflicto utilizando recursos
que limitan con el misterio para atrapar en su juego al espectador y llevarlo a su terreno,
el momento social.
Así sus personajes van pasando de la alegría de disfrutarse en todos los planos a una
suerte de desinteligencia, sospecha, reproches y dolor, resultante del daño provocado por
la burbuja financiera -que España replicó emulando a sus amigos de allende el Atántico-.
El problema no sólo los aísla en un edificio que nadie ocupará sino que los corroe como
pareja, ya que el desastre económico arrasará con el trabajo de él.
Indudablemente, sin Paula Ransenberg y Claudio Tolcachir (recuperado para la
actuación, luego de tantas temporadas avanzando en su carrera de director) y,
especialmente, sin la sensibilidad de Corina Fiorillo, “Nerum Park” no sería lo mismo. La
talentosa directora sabe mover sus actores y conseguir tal química entre ambos que la
relación se hace tan verosímil como lo es la tragedia que viven.
En síntesis, un espectáculo que parece describir la Argentina del 2016, con actuaciones y
dirección que lo hacen imprescindible.