Foto: Matías García

Por Emilio Ruchansky

En las paredes de sala de espera cuelgan una serie de títulos y decretos, prolijamente enmarcados. Licenciado en Ciencias Políticas en la UBA, con diploma de honor, maestría y doctorado ad hoc; un decreto que lo nombra embajador plenipotenciario ante el Mercosur, otro que lo designa jefe de Gabinete. “Este es el que vale”, dice el senador Juan Manuel Abal Medina y señala su certificado de doctor en Ciencias Políticas emitido en México por Flacso. “Soy más doctor que los abogados, estuve cinco años para conseguirlo”, remarca.

En su despacho hay otros pergaminos. Una foto en la biblioteca lo muestra joven y sonriente en toma grupal con Fidel Castro, otra con Lula Da Silva y una más con Néstor Kirchner. En el entrepiso, en la sala de reuniones, Abal Medina atesora dos figuras dibujadas por Solano López: Eva y Juan Domingo Perón. Frente a su escritorio, en una mesa de luz hay una portarretrato: se lo ve trajeado y sonriente con Cristina Kirchner abanderada, palmeando su antebrazo. Fue el día que juró como su jefe de Gabinete en diciembre de 2011. Los tiempos han cambiado.

La necesidad de nuevos liderazgos en el campo popular, alega, precisa de una interna abierta, las PASO, de cara a las elecciones de octubre. Sin embargo, la ex presidenta prefiere una lista de unidad. Para Abal Medina es necesaria la utilización de las primarias porque sería una muestra de apertura. “También hay una idea muy difundida de que los peronistas no podemos. Que los demás pueden ir a las PASO pero nosotros, si nos peleamos en una interna, es sangrienta. Nos estamos desvalorizando. Nosotros, en una interna presidencial, que no es una PASO porque no hay ningún control ni nada, Menem-Cafiero, se hizo la interna y se ganó la presidencia”.

Estamos en un momento clave y vos estás tomando una postura, al alinearte con Florencio Randazzo. ¿Cómo se gestó esa coincidencia? 

Es algo que ya venimos planteando hace rato. Nos juntamos como Movimiento Evita con Florencio en el bar Lo de Néstor, en San Telmo, a mitad del año pasado. Ahí empezamos a charlar. Después seguimos charlando con él. Tenía una mirada muy clara del momento político, que me confirmó cuando Macri lo invitó para hacerse el bueno a una obra de Florencio y Florencio lo cruzó y después no lo invitaron más, obviamente, a ninguna obra. Siempre decía que él iba a ser parte de algún proceso de reconstrucción del peronismo, si tenía sentido. Si había un grupo o una posibilidad de hacer algo de verdad…

¿Y hoy cuál es el escenario? Porque vos planteás que si Cristina se candidatea le haría el juego al gobierno, que traslada toda la discusión a la herencia.

Yo quiero ser muy claro y respetuoso ahí. Lo que dije es lo mismo que otros compañeros, como Axel Kicillof, dijeron: este es un gobierno que, como le va tan mal en la gestión, quiere que los argentinos sigamos votando por lo que ya votamos. Creo que tenemos que intentar no entrar en ese juego. Una PASO abierta y participativa nos va a permitir no entrar en ese jueguito…

¿Y la idea de que la PASO es contraria a la unidad del peronismo?

Es totalmente contraria a lo que sostenemos en la Ley de Reforma Política de 2009. Creemos que fortalecen los partidos. La enorme mayoría de experiencias te muestran que, cuando se hicieron bien las PASO, a los partidos les fue bien.

¿Cómo ves la renovación de cuadros políticos? ¿Creés que hay un personalismo fuerte de Cristina Kirchner en este aspecto?

Siempre es incómodo cuando uno quiere ponerse en “yo soy lo nuevo y el otro es lo viejo”. Hay que pensarlo más como procesos políticos. Cuando uno tiene como objetivo central la política en términos de verdad y cómo afectan a la sociedad las decisiones de la política, lo que tiene que primar en la discusión macro es la certeza de cuál es el camino más claro y concreto para lograr ese objetivo. Si queremos ganarle al Gobierno, porque entendemos que las políticas que viene aplicando y podría aplicar son muy perjudiciales para el pueblo; si a nosotros nos duele la derrota no porque perdimos y no estamos ocupando ahora cargos en el Ejecutivo, sino que nos duele por las consecuencias que tiene eso; me parece que uno tiene que ser capaz de reconstruir la mayoría que tuvo. Si siendo los que éramos ya perdimos, tenemos que dedicarnos a sumar. En ese sentido, es interesante para mí la idea de renovación o reconstrucción del peronismo. No diciendo que uno entra y otro no. Que sean parte todos. ¿Qué requisito hay? Compartir estas ideas y ser opositor al Gobierno. Después, qué hace la gente con su voto, si quiere que sea más Pirulo o más Mengano…

Para algunos Cristina es Perón. Entonces, no hay peronismo sin Kirchner. Si ella es un cuadro político tan o más importante que Perón, es complicado volver a pensar en el peronismo…

Néstor siempre me decía: “Somos peronistas, nos dicen kirchneristas para achicarnos”. Néstor se entendía como un dirigente peronista, pensaba como un dirigente peronista. Progresista o de izquierda, el rótulo que quieras ponerle. Como parte de un proceso político que entendía que tenía que ser frentista, como siempre fue el peronismo, y que había un montón de sectores muy valiosos que tenemos que ser capaces de sumar. Nos ha tocado en los últimos meses estar juntos peleando con otros sectores que en algún momento estuvieron con nosotros y después no. Libres del Sur, por ejemplo. Si creemos que Libres del Sur es el enemigo, estamos en problemas. Cuando uno no entiende qué te unifica en la pelea central por la distribución del ingreso, uno achica la cancha. Lo contrario a lo que nos enseñó Néstor Kirchner, que era sumar, sumar, sumar. Y cuando sumás, sumás lo distinto. Lo propio ya lo sumaste.

¿Cómo es tu relación con el senador Pichetto?

Pichetto es el presidente del bloque, volvió a ser reelecto ahora por todos los sectores, los que están con La Cámpora, los que están con los gobernadores… Y a veces no se entiende que un líder de una bancada no es un conductor sino alguien que puede expresar los equilibrios internos dentro de un bloque. Es un primus inter pares. Es el que logra sintetizar las opiniones. Cada votación es distinta en sí misma. Los que votaron los buitres no son los mismos que votaron la AFI ni los que votaron los jueces… en cada coyuntura se van dando discusiones, y tomando decisiones. Al Gobierno también se le presentaron leyes alternativas que en algún caso fueron vetadas, como la emergencia laboral, que fue un golpe tremendo para ellos. Y desde el principio le quedó claro al Gobierno que no podía mandar ninguna ley que tuviera que ver con la flexibilización laboral.

En el pago a los fondos buitres, vos votaste en contra…

Sí, yo voté en contra y era el presidente de la comisión, cuando la mayoría de este cuerpo estaba a favor.

Ahí se definió el odio del kirchnerismo duro hacia Pichetto

En ese momento, el Gobierno venía de ganar las elecciones con legitimidad popular, lo que para nosotros es central. No tenemos que olvidar que cuando el Grupo A en el Congreso quiso frenar la gestión de Cristina, no los dejamos porque habíamos ganado las presidenciales y Argentina tiene un régimen presidencialista. No te digo que lo de los buitres es lo mismo, porque yo voté en contra pero algunos compañeros entendían que decirle que no al Gobierno era hacerse cargo del quilombo que había en la economía, que la culpa fuera nuestra. Yo creo que el tiempo me fue dando la razón con el endeudamiento insostenible pero también entiendo a los que votaron a favor.

En el caso de los dos jueces de la Corte, votaste a favor. Lo pregunto por lo que pasó con el 2×1, por ejemplo.

Cuando Macri manda el pliego de los dos jueces por decreto, no ocuparon la banca porque este bloque le dijo que no iban a entrar así. Porque, si no, se cuenta sólo la mitad de la película. Se lo frenamos en diciembre y tardó bastante en tratarse, le hicimos pagar ese costo. Cuando llegó la discusión, (Horacio) Rosatti venía con todos los pergaminos de haber sido ministro de Néstor Kirchner, intendente y constituyente del peronismo, en sintonía con los otros tres jueces de la Corte, y (Carlos) Rosenkrantz iba a ser la voz disonante en ese contexto. Decir que le votamos los jueces al macrismo, es decir que Cambiemos votó a la procuradora de Cristina, (Alejandra) Gils Carbó. Es una locura. Los jueces se eligen por decisión compleja, define el Ejecutivo pero con acuerdo del Senado. Cuando uno da un acuerdo puede no ser por razones ideológicas, por eso Cambiemos votó a Gils Carbó o a (Raúl) Zaffaroni. Y a ambos los votaron por unanimidad.

Yo mismo les pregunté a estos jueces, en audiencia pública, qué pensaban sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad, y ambos se mostraron a favor… Lo que pasó lo vi después. Además, te digo la verdad, era imposible pensarlo de (Elena) Highton de Nolasco.

¿Y el caso de la ley de reforma de la ART?

Ese fue un proyecto que nos pidió la CGT, vinieron acá a decirlo explícitamente. Hubo una propuesta original del Gobierno, modificada por la CGT. Y la CGT recientemente reunificada vino a impulsarlo. La persona nuestra que lo elaboró es el senador Mario Pais, un reconocido abogado laboralista que no va hacer nada contra los trabajadores.

¿Qué espacio ocupa Cristina hoy para vos?

Ocupa un lugar político híper relevante. Tiene una mirada, una lectura política nacional e internacional híper valiosa, y que un conjunto de sectores en Argentina lo entienden como conductora y está muy bien que así sea. Desde dónde va a hacerlo, depende de ella.

Lo que ocurrió tras la muerte de Chávez demuestra la fragilidad de algunos sistemas políticos cuando se terminan ciertos liderazgos y no se consiguen otros

Es parte de la crisis de los procesos nacionales y populares, lo ves en Venezuela, en Brasil en algún sentido, Ecuador es excepcional. Evo creo que va a tener la reelección. Cuando hacés política del contrapoder, es más difícil generar liderazgos fuertes, por capacidad de recursos simbólicos y  materiales. Se vuelve más difícil la continuidad de los procesos y la dependencia con esos dirigentes se vuelve más fuerte.

Hablemos de los errores de la gestión kirchnerista

El más fuerte fue que a partir del 2011 nos cerrarnos. Sobre ese 54 por ciento con el que ganamos las presidenciales nos fuimos cerrando cada vez más sobre nosotros. Es cierto que con una agresión brutal con mucho impacto mediático, cualquier crítica es terrible, todos son enemigos. Me pongo en primera persona cuando hablo de este error, porque yo, viniendo de la academia, tendría que haber pensado para adelante. No pudimos ver que no todas las críticas eran con mala leche. Por ejemplo, la designación de (César) Milani, hoy preso. No sabés cómo me arrepiento de que un genocida haya estado a cargo de las Fuerzas Armadas. Cuando yo estaba con Néstor, me maravillaba que siempre venía a alguien distinto, me sorprendía en las reuniones, siempre gente nueva. Desde el 2011, fuimos siempre los mismos. Perdimos mucho impacto sobre la conducción de la mayoría. Hubo otros errores, pero cerrarnos fue el más grande.