Por Luciana Glezer

El anuncio presentado por los cuatro fantásticos del equipo económico fue una devaluación del 10 por ciento sobre el valor del dólar, efectiva en el acto preciso en que fue escupida por un ministro de Economía que porta el cargo de Jefe de Gabinete, Marcos Peña. A su lado, compartían la puesta los secretarios de Hacienda y Finanzas, Nicolas Dujovne y Luis Caputo, respectivamente y secundados por el presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger.

Sucede que la reacción del mercado puede ser una decisión del Gobierno, cuyo correlato empírico se encuentra en la lista de nombres que compró dólares en los días previos. A tal punto que el mismo Aranguren ordenó a la petroleras asociadas dolarizar sus carteras. El comportamiento del titular de la cartera de Energía es lo que la economía convencional explica como teoría de la información asimétrica. El beneficio de anticipar el futuro, conocer de antemano el número ganador.

La historia del dólar quieto duró hasta estos días. Una vez distribuido el costo de liberar el tipo de cambio -más precisamente, luego de la devaluación de más del 40% que implicó la salida del mal llamado cepo-, el activismo de la política monetaria del mismo gobierno que pondera la autonomía del mercado sostuvo un dólar pisado por tasas de interés, finalmente útil a los importadores pero sobre todo un poderoso imán para el ingreso de capitales especulativos.

Sin embargo, el cambio de ficha responde a las claras a las presiones del sector exportador, que avanza sobre los niveles de rentabilidad con todo el apoyo de los organismos internacionales bajo la excusa de impulsar la balanza comercial, es decir los productos que Argentina vende al mundo, para que entren los dólares genuinos y necesarios destinados al pago de servicios de deuda. En consecuencia, el país precisa una parva de dólares. El rojo comercial supera los 25 mil millones de dólares. Como otra unidad de medida, la fuga por turismo, la sumatoria de todos los gastos en el exterior, arroja un saldo negativo de más de 11 mil millones de dólares.

Entonces, el anuncio del wonder team económico es una compensación decidida previamente.

A su vez, considerables estudios académicos especializados en modelos de desarollo, como los del CeFidAr, demuestran en varias investigaciones que la devaluación no tiene mayor impacto en las exportaciones, ni cuali ni cuanti. Lo que sí queda claro es que la devaluación es un instrumento funcional a la redistribución de la torta. Un cuchillo monetario para la transferencia de ingresos. El dato inquietante es quiénes la ponen en un contexto de inflación a la suba, dado los inminentes aumentos de tarifas. La respuesta no queda más lejos que el bolsillo.

Por otra parte, economistas provenientes de distintos sectores le dieron duro a la medida, amparados por interpretaciones divergentes sobre los hechos. Adalides del neoliberalismo se sintieron ultrajados ante la subordinación del BCRA a la política económica. Aunque el mismo Alfonso Prat Gay, ex ministro de Hacienda y Finanzas del oficialismo, explicó que las metas de inflación son dictadas por el Poder Ejecutivo Nacional. Sturzenegger lo pone en el plano del “marco teórico”. Lo dicta el PEN pero debiera comunicarlo el BCRA. Y allí sí hay algunos reproches.

Los bancos privados, por su parte, se pronunciaron al toque con researchs negativos sobre el futuro del peso, la desinflación y la independencia del BCRA. Este análisis pesimista distribuyeron el Citi, el BNP, Balanz y Puente.