Por Facundo Baños

Hola. Me senté a escribir sobre esta tendencia que se armó de gente copada que se presenta voluntariamente para suplir a los docentes y que los chicos puedan empezar sus clases en paz. Pero aguántenme, que le voy a entrar por otro lado a la cosa. Ténganme paciencia.

Estábamos por terminar TEA, año 2007, cuando a un amigo y a mí nos ofrecieron una entrevista de laburo en un medio que estaba tomando gente ya. Fuimos los dos, con un día de diferencia. Me acuerdo que un muchacho me recibió en una oficina llena de carpetas y papeles y me hizo un par de preguntas que, qué sé yo, como si te dijera cuál es mi color favorito, o si uso bóxer o slip. Medio una payasada. Estaban apurados, realmente. El flaco tendría dos o tres años más que yo. Era joven. Un par de días después me entero cómo era la cosa: esta gente estaba armando una redacción paralela porque los trabajadores del diario venían con ganas de hacer un paro y ellos no querían arriesgarse a perder un día de negocio. Entonces, claro, hicieron correr la bola entre los pibes de las escuelas de periodismo que, en general, no saben cómo carajo empezar a laburar de eso. Y para arrancar, cualquier cosa viene bien.

No es fácil, cuando sos pibe, tener un criterio formado sobre las dificultades de los laburantes y los anzuelos que hay por todas partes en esta sociedad podrida que nos aglutina. No pienso caer en esa postura chota de estigmatizar a los jóvenes con un argumento tan insípido y banal como es el tiempo que tienen en el lomo. Yo mismo, que llevo rato en los treinta, estoy verde con algunas cosas. Creo que ese “criterio”, ese saber cómo viene la mano, lo vamos horneando de a poco y parejo. Vivimos aprendiendo, como buenos seres humanos que somos. Y en algún momento, todos nos encontramos frente a frente con un miserable que nos ofrece su mierda, y de ese plato se sale de dos maneras casi opuestas: enmierdados o sabiendo un poco mejor cómo funciona este mundo de mierda. La cagada es que hay demasiada “gente grande” que salió enmierdada y que sigue enmierdándolo todo. Personas que posiblemente tuvieron una infancia tranquila, jugando a la pelota en la calle, que de adolescentes se enamoraron de algún chico o de alguna chica, como nos pasó a todos, pero que en ese momento crucial, cuando les dieron de probar mierda, dijeron que sí, flaquearon, y no regresaron más. Es difícil ser pibe y estudiar periodismo o lo que sea, y después darte cuenta de que no te está sirviendo y que te cuesta un huevo salir a laburar. Quiero decir: en un mundo concentrado e hiper clasista como este, es muy duro no tragar mierda.

En 2007 todavía no había twitter ni hashtags. Al menos no en un nivel popular. Hoy asistimos a una tendencia espontánea y maravillosa de un montón de personas que se están postulando para salvar a la patria de una banda de docentes rastreros y cipayos. Gente bien. Ni me voy a gastar en remarcar que durante el gobierno kirchnerista hubo paros y plantadas de distintos gremios docentes y ninguno de estos patriotas salió a poner el pecho ofreciendo su altruismo militante. No será un tema político, ¿no? Me carcome la duda, che. Lo que sí me interesa es que googleen, si tienen un minuto, el currículum vitae del pionero de esta movidita, el tipo que dio el puntapié inicial del hashtag #VoluntarioDocenteNoAlParo. ¿Cómo? Prueben tipeando su nombre, Mariano Amadeo Bronenberg, y ahí nomás, la primera entradita, es un link con su CV: ¡una monada!

También me da mucha, pero mucha fiaca, tener que explicar con cierto aplomo los sobrados motivos que hacen de la docencia un trabajo que pueden ejercer los docentes, y no cualquier ciudadano bienintencionado. Me dirán que soy un periodista bastante perezoso y no me voy a poder defender de semejante acusación. ¡Pero díganme si no les pasa que todos los días se encuentran con noticias que no tienen goyete! Es agotador. Al margen de mi pereza, en todo caso no me correspondería a mí hacer esa defensa del trabajo docente: me faltan elementos, como a todos los que se están sumando a este voluntariado rompehuelgas. Por suerte, se me ocurrió bajar hasta los comentarios que están al pie de la nota que publicó Infobae sobre este tema, y ahí se me simplificó un poco la vida. Una docente de educación especial de Zona Oeste de Buenos Aires dejó una listita con las cosas que tendrían que ir sabiendo los que se apuntan al salvataje de la Nación:

  • Hay chicos y chicas con problemas (abusos, enfermedades, maltrato).
  • Hay chicos y chicas que canalizan su dolor hacia sus pares o bien con el docente.
  • Hay padres violentos y madres violentas.
  • Hay que comprender todo acerca de la responsabilidad civil y las leyes relacionadas con la infancia.
  • Hay que actuar rápido si un chico se accidenta o se descompone.
  • Hay que conocer de primeros auxilios.
  • Hay que saber ganarse la confianza de los pibes y hablar con ellos frente a cualquier problema que tengan.
  • Hay que llevarlos en silla de ruedas, si te toca hacer el voluntariado en una Escuela Especial.

Y lo más importante:

  • Hay que tener en cuenta el inicio, el desarrollo y el final de cada clase, con actividades que afirmen el contenido.
  • Hay que evaluar y comprender si el alumno está bien y progresa en su aprendizaje.
  • Hay que saber que nunca te desconectás del todo, porque cuando llegás a tu casa seguís pensando.
  • Hay que entender que a veces te vas a poner mal por las injusticias que ves, al punto de querer tirar todo por la borda.
  • Hay que preparar el material didáctico poniendo plata de tu bolsillo.
  • Hay que pagar impuestos, alquiler, combustible o viáticos con el sueldo de un docente.
  • Hay que rogar cobrar en tiempo y forma la totalidad del sueldo (sin descuentos).
  • Hay que planificar, preparar y corregir todas las tareas y actividades para el día siguiente, sin aflojar, porque los chicos van a la escuela todos los días.

Me veo en la obligación de corregir un solo punto del texto que escribió la compañera: con el sueldo de un docente no tendrían que lidiar, precisamente, porque no lo son. No olvidemos que hacen este esfuerzo extraordinario únicamente para salvar a la patria, pero en realidad ellos son otra cosa. El amigo Mariano Bronenberg, sin ir más lejos, es un militar retirado, y debe tener una buena pensión. Todos, quieran o no, están boicoteando la lucha sindical de los maestros que resisten los embates de un gobierno de derecha que vino a sumir a los laburantes en la escasez que les corresponde. Pero, después, se llenan la boca hablando de la importancia de la educación de sus hijos.

Detrás de una maniobra así, hay un montón de jóvenes que acompañan y acaban siendo cómplices de un asunto que es más grande de lo que piensan. Quizá, no sea exactamente igual a lo que me pasó a mí en esa oficina del centro, cuando me ofrecieron laburo por chirolas para hacerle pito catalán a la lucha que sostenían los trabajadores que estaban en planta permanente. El universo de las redes sociales tiene su lado naif pero, hashtags o no hashtags, siempre hay personajes oscuros intentando desestabilizar reclamos justos con maniobras espurias disfrazadas de una buena intención. Me parece que les chupa un huevo si arrancan o no las clases, simplemente llevan a cabo una defensa a ultranza y con malas artes de sus intereses políticos de clase. Esa es la única clase que les preocupa sostener: su casta, su linaje, no las del cole. Sus hijos van a aprender lo que ellos quieran que aprendan.