Fotos: Eduardo Fisicaro

Por Marina Glezer 

Cecilia es una mujer hermosa. Entrar en su mundo y esperarla es fantástico. Te dan ganas de conocer  su misterio. Cuando llega, me cuenta que se estaba arreglando porque estuvo festejando el fin de rodaje de “El Ángel”, la última película de Luis Ortega y la primera que filma con dinero y producción. Dice que terminó muy tarde. Sin embargo, está espléndida.

Hacía bastante que no filmabas, ¿no?
Filmé “Migas de pan”, una película uruguayo-española. Hacía tiempo que no filmaba en Argentina, en realidad. Hacía como un año que no trabajaba en Argentina.

¿Por qué?
Bueno, son momentos. Qué sé yo. Tuve algunos ofrecimientos de teatro y cine pero también yo pienso que el tiempo, si uno puede sostener algo que uno quiere hacer y que da la vida en eso de verdad y pone el cuerpo y elige…

¿Siempre elegiste?
Creo que sí. Pude decir que sí y que no según la sensación de poder darle sentido a mi trabajo en una película. Porque, por ahí, he dicho que no en trabajos que pienso que eran interesantes pero que yo no sentía que podía aportar o que no era yo la que debía hacer eso. Inclusive, hay directores a los que les digo “sí”, sin leer el guión. Eso también me ha pasado. De hecho, con el guión de Luis, de El Angel, leí la versión no sé cuánto y yo ya le había dicho que sí…

¿Tu papa fue periodista?
Mi viejo fue economista.

Pero trabajó en La Opinión con Jacobo Timerman…
Creó La Opinión con Timerman, después de haber creado Primera Plana y Confirmado. Fueron dos revistas muy importantes de su época. Con un sello muy propio. Yo era muy chica con las otras dos pero con La Opinión me acuerdo del proceso creativo…

¿Te acordás rutinas de eso?
Sí. Mucho. Primero estaban en un edificio chico. Después construyeron un edificio y tenían la posibilidad de imprimir el diario. Luego hubo un poco de lío con eso. Pero me encantaba… y además, lo que pasaba… digamos, yo creo que mi interés por la política o por la información en general empezó allí.

Te aconsejaba para informarte…
No sé si me aconsejaba. Yo estaba presente. Me atraía muchísimo la información de las cosas, lo que sucedía en Argentina y el mundo. Lo que se sabía que sucedía, porque no sé si se sabía todo en ese momento…

Pero ya estabas informada…
Yo creo que, a los 14 años, ya leía el diario. Me acuerdo que le pregunté a mi papá: ¿cómo empezás a leer el diario si nunca lo leíste?

¿Y cómo lo recordás en comparación con la crisis actual que atraviesa el periodismo?
Bueno. Había unos escritores de la ostia. Ahora, el periodismo… la media, digamos, los medios son… es el poder político. En ese momento, La Opinión era el diario independiente de la mañana, ese era el eslogan. Luego, El País usó la misma. Cuando llegamos a España, recién había salido El País. Mi padre fue a pedir trabajo y no se lo dieron porque tenía 50 años. Recuerdo su profundo dolor. No había trabajo. A España llegamos sin ayuda.

Y considerando que cada vez hay menos espacios para la expresión disidente con el gobierno o la cobertura periodística, ¿con qué te informás?
Bueno. En la tele, por ejemplo, con C5N. Vamos a ver qué pasa con el canal…

Pese a la censura de Roberto Navarro…
Bueno, me informaba con C5N… Todavía veo el noticiero de C5N. Me interesa. Creo que es lo único que veo en la tele. En realidad, veía pocos noticieros pero ahora estoy muy interesada en lo que puede pasar masivamente, en un momento en el cual hay muchos límites de información, dirigidos de una manera determinada, favorecedores, con acuerdos… en fin, no sabremos nunca cómo son. Yo creo que C5N hace un periodismo de investigación… que es eso lo que en este momento, por lo menos, Navarro… como lo que se supone que hace (Jorge) Lanata también.

Claro.
Pero Lanata sigue haciendo periodismo de investigación y Navarro no. Y no solamente sigue sino que lo hacía durante el gobierno anterior, y durante todo el gobierno anterior lo hizo con investigaciones basadas en cómo aplanar a ese gobierno. Creo que no hubo censura y ahora puede ser que empiece a haberla.

¿Y sentís que hay un contexto de asfixia o creés que se va a abrir paso?
Mirá… yo creo que la vida se abre paso siempre. Me acuerdo, no sé, yo no estaba en Argentina, pero Teatro Abierto, a pesar de la bomba, siguió. Siempre hay una flor en el desierto.

Mientras tomamos un té servido en unas tazas antiguas que eran de su abuela, conversamos como amigas parece esa flor en el desierto, por su calidad, su compromiso y la valentía de poder transmitir lo que piensa. Hablamos, entonces, de abrirnos paso hacia la construccion colectiva de una cultura diversa e inclusiva con menos recursos, en medio de una chatura televisiva muy grande.

¿Dónde encontrás esos intersticios de resistencia, frente un sistema de medios con uniformidad tan grande?
Con eso estoy absolutamente de acuerdo. Creo que la televisión, como medio, deja mucho que desear. Lo que aquí no hay, falta o no se quiere que haya es la posibilidad de organización de una ficción que tenga varias voces, distintas miradas, distintas historias. Argentina da para hacer más de tres ficciones por día, una en cada canal. Y sin embargo no es lo que está pasando. Recuerdo otras épocas, en las que por ahí no había otras plataformas… no es lo mismo sentarte a ver televisión que elegir entre una larguísima lista de cosas que podés ver por internet, en Netflix o lo que sea, que no es lo mismo que está viendo el vecino. Es muy raro eso. Porque la televisión funcionaba, en un sentido y desde la ficción, como algo que importaba, se hablaba de lo que pasaba. No tengo esa sensación ahora.

¿Creés que es una minoría la porción de la sociedad que se interesa por que las cosas cambien?
Ya no lo sé. ¿Sabés que estoy muy confundida? No lo sé. No entiendo. No sé si la sociedad argentina es una sociedad pasiva, que en realidad durante estos últimos años que ahora mucha gente recuerda como algo tremendo y como si hubiese sido un régimen… porque yo he escuchado gente que le dice el régimen kirchnerista…

Muy fuerte.
Muy fuerte. Pero esa gente no la pasaba mal. Y no sé cuántos salían con la cacerola. No sé cuántos en sus casas esperaban que esto fuera lo que está siendo ahora. Te juro que estoy muy confundida. Hay momentos de desazón absoluta. Porque duele mucho tanta construcción por tantas cosas y tanto avasallamiento de todo.

La democracia es eso. La construcción de consensos y también el ejercicio de ciertas coacciones. Las mayorías mandatan, acatan o avalan los gobiernos que se dan. Para vos, ¿cuánto importan los derechos y las garantías constitucionales cuando hay presos políticos, desapariciones forzadas y represión a los conflictos?
No lo sé. Sé lo que me importa a mí y lo que le importa a la gente que conozco y que quiero y piensa de una manera cercana. Pero esto tendría que ser absolutamente natural. La gente debería naturalmente respetar la constitución. Hasta qué punto la constitución, la democracia, la construcción de un país se puede hacer basado en lo contrario de lo que legalmente se supone que debería suceder. Es muy raro. Hasta los organismos internacionales no pueden penetrar. Que los organismos internacionales no puedan entrar y pueda haber desde el gobierno la decisión de no oír… es muy fuerte. Y también debe ser paralizante para mucha gente. “Y… vamos a esperar a ver qué pasa”, dicen. De verdad. Es mucho más fuerte de lo que parece.

¿Sos una mujer que lucha frente a eso?
Creo que sí. Desde mi lugar, hago lo posible para estar en lucha o en resistencia a ciertas cosas, como actriz, como participante de un grupo de la cultura con referentes similares. En este momento, la necesidad de organización es grande. Todo lo demás se verá. La actitud frente al desacato…

A mí me da la sensación que somos pocos los que luchamos…
Yo creo que la gente está paralizada. Todo lo que sucedió en estos años, de movilización permanente, de calle… de las calles donde sucedían tantas cosas. Ahora están… parece la aplicación de internet, esta cosa del detenimiento. De nuevo: “Vamos a ver, no sabemos, hay que ponerle…”

A Cecilia no se la ve para nada paralizada. Parece fiel a sus convicciones, desde la Alicia de Martin Hache hasta acá, desde su impronta y su honestidad. Es una mujer anclada. Sabe lo que dice y quiere.

Justo hablabas de cuando volvías de España. Sos una chica Almodovar. Fuiste parte de ese despertar español mientras Argentina se oscurecía con la dictadura. Sin embargo, nosotros nos adelantamos a España. Ellos nos miraban a nosotros por nuestro 2001, cuando emergieron los indignados y crearon Podemos. Y ahora nosotros miramos Podemos a ver si podemos recuperar algo…
Sí, pero Podemos también está en un momento difícil. Hay una lucha interna, como siempre pasa.

La fracción.
La fracción.

En la fragmentación de los referentes, la cultura pierde…
Totalmente. El INCAA con K es muy fuerte. O sea… “6, 7, 8”… y Majul qué es. ¿No es periodismo militante lo que está haciendo?

¿Vos eras transgresora cuando recién llegaste a España?
No sé si era tan transgresora. Tal vez, llegar a España en un momento muy particular de España nos abrió la cabeza a full. De pasar de una sociedad muy pacata, con pequeños brotes verdes o pequeñas cosas muy interesantes… pero una sociedad muy conservadora, por entonces, la argentina. Pasar de eso a la primavera española fue un alivio enorme. Venía de oír sirenas y que amigos míos desaparezcan, con 16 o 17 años, y llegué a un lugar donde podía fumar porro en la calle. Me acuerdo que el alcalde, después de una movilización general porque él había accedido al gobierno del ayuntamiento de Madrid, dijo: ‘Bueno, ahora, todos a sus casas a festejar y a fumarse un porrito’. En el año 78’ o 79’.

¿Muy al toque fue tu relación con Pedro?
Sí, al toque. Pedro estaba trabajando en la telefónica. Hasta “La ley del deseo”, el perteneció a la nómina de la telefónica. La primera película popular, que la produjo un catalán, la filmamos los sábados y domingos, porque eran los días que él no trabajaba, con una cámara que él se había comprado –no me acuerdo si era Super 8 o 16-, y nos conocimos… es y era una pequeña ciudad Madrid.

¿Sos feminista?
Sí, claro. Soy mujer.

Pero no todas las mujeres tienen la condición de feministas…
Y hay muchos hombres que son feministas y son hombres.

Hay un boom del feminismo actual. ¿Te identifica esta movida?
No sé a qué te referís… al Ni una menos…

Sí, hay una gran visibilización de los femicidios pero también hay algo de desprogramarse o pedirle a la mujer que no acepte reglas que están muy institucionalizadas por el patriarcado y nosotras, como mujeres, pertenecemos a una cultura y respondemos a un canon femenino instalado por la masculinidad.
Totalmente. Creo que me identifico con algunas cosas y otras no. Con la libertad de poder elegir desde ser mujer y ser humano. Tener una posibilidad de crítica con buenos ojos. Y hay cosas con las que no me identificaré: no todos los hombres son machistas.

No te identificás con la parte del feminismo que confronta a lo masculino…
Claro. Por la cosa genérica, digamos.

¿Estás a favor de la despenalización del aborto?
Obvio. Pero esta sociedad es muy conservadora y se disfraza.

¿Cuál es tu próximo trabajo?
Empiezo a ensayar una obra de teatro llamada “Mi reino es la noche”, que dirige Martin Flores Cárdenas, con Guillermo Arengo, Dolores Fonzi y Ezequiel Diaz. La vamos a hacer en el Paseo La Plaza.

¿Dónde queda tu Kamchatka?
Creo que está dentro de mí, donde vaya y donde esté.