El ajuste que no todos padecen anticipa la felicidad para muy pocos.

Por Luciana Glezer

LA JUGADA

Sufrimiento y felicidad. Dos semestres. El pensamiento monopolizado por una fórmula binaria se estructura a partir de dos categorías exclusivas y excluyentes, por pares antagónicos, por polos opuestos.  Desde la ausencia de cuestionamientos a las ideas absolutas, el sacrificio es necesario para el progreso.

Lo que pasa es que, si se le mete un toque de zoom y se hace foco, esa forma de ver el mundo muta. Con el detalle más nítido aparece la multiplicación de las categorías, se agranda el análisis y se profundizan las subdivisiones.

Cumplidos los primeros seis meses, la política implementada desde el gobierno nacional arroja ganadores y perdedores. Resulta evidente que para la mayoría el sinceramiento de las variables económicas implicó costos dolorosísimos, mientras que algunos pocos obtuvieron enormes beneficios. De hecho, en la práctica, el reacomodamiento de las cuentas públicas no fue otra cosa más que una enorme transferencia de recursos desde la base social hacia la cúpula.

Los salarios acumularon una pérdida de poder adquisitivo del 8 % al mes de marzo, según la consultora Ecolatina, fundada por el ex ministro Roberto Lavagna. En simultáneo la rentabilidad del sector financiero fue la más alta de los últimos diez años y el ingreso medio percibido por los productores agrarios se elevó 45%.

El gobierno de Mauricio Macri transfirió 20 mil millones de dólares hacia compañías agroexportadoras, financieras y grandes empresas de alimentos. Eso cuadruplica el presupuesto destinado a salud, equivale a nueve veces las partidas para vivienda y representa los fondos necesarios para cubrir la AUH durante seis años, según la estimación del Centro de Estudios para el Cambio Social (CECS)

Aspiraciones en el terreno:  ganancias financieras y agropower como motor de la economía.

Este programa de acumulación durante la primera etapa del año, que apunta con fe ciega a que se produzca un derrame hacia el segundo semestre, no se percibe como equilibrado. Porque en la punta de la pirámide, arriba de arriba, nunca hay lugar suficiente, la capacidad es limitada, la entrada selectiva.

No todos padecieron durante este primer semestre, está claro. Bajo la lupa de los datos se definen los intereses contrapuestos de quienes, cuchillo en mano y voracidad maximizada, pelean por quedarse con la torta entera.

 

NO HAY EMPATE

Las recetas implementadas desde la asunción de Mauricio Macri como Presidente de la Nacion, desde la flexibilización del sistema cambiario, la devaluación, quita de retenciones, alza en las tasas de interés, apertura comercial, ajuste de la demanda, endeudamiento, y el propio blanqueo son desde la concepción del gobierno nacional, condición suficiente para reactivar la inversión y el crecimiento económico. Lo concreto a la fecha es que la profunda liberalización del sistema facilitó la salida de capitales. Según el balance del Banco Central, en los primeros tres meses del año se fugaron 3300 millones de dólares. Cifra record desde el año 2009.  Es que la recomposición de la rentabilidad no alcanza para impulsar la inversión en un escenario de caída de la demanda interna e internacional, las cuales influyen sobre la rentabilidad esperada. Y que mejor que la declaración de un CEO para pintar la imagen dada: “Durante los dos últimos años muchas empresas sacrificaron margen por volumen y así generaban mayores ingresos. Hoy frente a la caída de las ventas necesitan recuperar margen y eso se nota en los precios”, afirmó Ricardo Fitz-Simon, del Grupo CCR, un grupo de empresas dedicadas a la investigación de mercado.

Según la inflación esperada publicada por el Banco Central en su informe de Política Monetaria, la variación interanual de precios del período enero-septiembre de 2016 se ubicará en torno del 40%. Para controlar la inflación, el nuevo gobierno deteriora los dos componentes de la demanda que dinamizaban el producto: el consumo privado y público.

La caída del consumo interno ejerce presiones contrarias en un escenario en el que los mercados externos no dan indicios de expansión sino más bien lo contrario

Un círculo que no tiene principio ni fin.

La recesión económica se da junto a una fuerte especulación financiera fomentada por el alto rendimiento en dólares de la tasa de interés que fija el Banco Central. Un atentado contra el sector productivo.

De acuerdo con datos de la UIA, el estancamiento y caída en el nivel de actividad fue casi generalizado, si se exceptúa el sector de alimentos, fundamentalmente la molienda de oleaginosas, y la industria química. Los datos de FIEL coinciden en afirmar el mal desempeño fabril, que se profundizó en marzo con una reducción agregada del 1,8% interanual. De acuerdo con estos datos, el conjunto de la industria mostró un descenso de 0,4% interanual durante el primer trimestre del año.

El resultado es una contracción estimada del producto bruto interno que ronda el 2% para el corriente año.

El elevado endeudamiento externo implícito en el programa fiscal sumado a las divisas obtenidas en temporada de cosecha gruesa, aporta los dólares suficientes para compensar temporalmente la escasez de divisas y financiar la fuga de capitales.

El Gobierno tomó US$ 16.500 millones cuando buscó fondos para pagarle a los fondos buitre pero le habían ofrecido más de US$ 68.000 millones. Irsa, la dueña de los shoppings, obtuvo US$ 360 millones pero le habían ofrecido US$ 840 millones. Neuquén decidió tomar US$ 215 millones de los US$ 1.500 millones que los mercados estuvieron dispuestos a prestarle. Alto margen para desarrollar comportamiento rentista y especulativo. Durante la última semana de Mayo Francisco Cabrera, Ministro de Producción, pidió en una reunión con empresarios que se adelanten giros de dividendos a las casas matrices: “En los últimos años, una gran cantidad de inversiones no se hicieron por restricciones para distribuir dividendos. Todas esas inversiones están latentes, hay que incentivarlas y apoyarlas; porque tienen como contrapartida una ampliación de las cadenas de valor y un aumento de la capacidad exportadora”, afirmó. Nada de poner guita en el bolsillo de la gente. Se trata simplemente de facilitar la extracción de fondos del circuito productivo para colocarlos más allá de las fronteras nacionales.

 

TIRAR LA CAMISETA

Las características de los sectores dominantes y los rasgos que ellas imponen al resto de la sociedad constituyen elementos esenciales para comprender de que felicidad hablan.

De modo esquemático se pueden identificar tres etapas de transformación del bloque dominante:

  1. Oligarquía terrateniente. El modo de acumulación se basa en la especulación con la renta diferencial de la tierra. Se da entre las últimas décadas del siglo XIX y termina con la crisis de 1930. Es el período en el que nuestro país se inserta en la división internacional del trabajo como productor de materias primas y alimentos por lo cual se consolida la alianza entre la oligarquía autóctona y la burguesía exportadora.
  2. Oligarquía industrial. Surge como consecuencia de la crisis del 30 (y de la Segunda Guerra Mundial) Apenas asoman sectores de la mediana y pequeña burguesía nacional, se impone un sector en la industria privilegiado, que maximiza sus beneficios especulando con el control monopólico de ciertas áreas del mercado pero no expandiendo la producción. Muchos de sus integrantes pertenecen a las familias terratenientes o se vinculan por lazos familiares con ellas. En 1950 se produce la entrada masiva de las multinacionales de la industria por lo cual se afianza el vínculo entre la oligarquía local y el capital extranjero.
  3. Oligarquía financiera. Esta tercera etapa se inicia con la gestión económica de Martínez de Hoz, pero había tenido una avanzada con el recordado Celestino Rodrigo durante el gobierno de Isabel. El comienzo de la desindustrialización como consecuencia de una política neolibral es acompañado por un crecimiento desmesurado del sector financiero nacional que se integra en el expansivo circuito internacional. Las ganancias se maximizan especulando con el dinero.

Como lo explican Enrique Arceo y Eduardo Basualdo en “Los cambios de los sectores dominantes en América Latina bajo el neoliberalismo”, el mercado nacional dejó de ser para ellos un espacio privilegiado de realización del excedente, por lo cual se desentienden de las condiciones internas de la demanda masiva, y aunque la concentración del ingreso lleva a aumentar sustancialmente el consumo de los ricos, tanto en términos absolutos como, sobre todo, en relación al producto, la inversión y el consumo de los sectores populares y medios, una parte creciente del mismo es cubierto por el gran capital transnacional. Los grupos económicos locales consideran demasiado riesgoso, aun contando con adecuadas condiciones de rentabilidad, encarar un proceso de acumulación confrontativo con el gran capital transnacional. Procuran, en el mejor de los casos, consolidar sus posiciones en los mercados que controlan y expandir su presencia en el exterior en actividades con reducidos riesgos competitivos; cuando ello no es posible se refugian, simplemente, en la inversión financiera y especulativa como recurso básico de conservación y acrecentamiento de su patrimonio.

Un señor que fabrica camisetas dijo “le voy a hacer caso a mi hermano, me compro dos departamentos y listo” Muy lejos de esto queda la tesis sobre la que se monta la felicidad de Mauricio Macri, desarrollada por el economista Joseph Schumpeter, que explica el dinamismo de la economía capitalista a partir del rol del empresario innovador, donde la capacidad de transformación de la realidad de una sociedad y su desarrollo económico se asienta en ese carácter de sus empresarios.

Bueh, ponele.

La historia desnuda la impunidad ideológica allí donde se oculta que ante la caída de la cuota de ganancia con un mundo que ejerce la sobreproducción de mercancía se genera una sobreacumulación de capitales ociosos que hacen la felicidad del festival rentístico y especulativo. Asisten ellos y sus tres amigos.