“Bring us the day they switch off the machines
‘Cause men in yellow jackets putting adverts inside my dreams
An automated song and the whole world gone”
Under The Westway, Blur

Por Martiniano Cardoso

Hernán Vanoli irrumpió en el panorama literario local hace unos años con una novela llamada Pinamar. Provocadora, inteligente y narrada en dos tiempos, contaba la historia de la debacle del 2001 a través de los ojos de la clase media alta joven.

En sus últimas obras, Cataratas y Pyonyang, los temas de su escritura parecen ser los mismos pero con una vuelta de tuerca en el género. En Pyonyang, el futuro es cercano. Imposible si estamos en el 2020, 2015 o 2018. Lo que sí sabemos es que la tecnología está cada vez más cerca de dominarnos completamente.

Los personajes de sus cuentos tienen trabajos que podrían ser considerados “desangelados”. Consultoras, marketing, call centers, encuestadoras. Una suerte de cyberpunk porteño. Pero a diferencia de otros escritores, Vanoli no centra sus relatos en Palermo. La ciencia ficción de Pyonyang tiene su escenario en barrios como Almagro, Abasto y otros lugares no tan glamorosos. De hecho, el único momento en el que aparece Puerto Madero es para ser completamente destruido.

El futuro ya llegó, como un episodio de la serie inglesa Black Mirror. Y depende de nosotros cuánto nos consuman (de tiempo, confianza, temor y emoción) los aparatos que usamos día a día. Puede ser un celular, un televisor o algo tan peligroso para Vanoli como una heladera.

Pyonyang contiene cuatro relatos. El primero, Ursus Americanus Kermodei es un desesperante viaje en “carpooling”, una nueva tendencia que es una mezcla de Uber y remises truchos del conurbano. El cuento parece ser el lado B de “Cartas a una señorita en París”, ya que unos osos sólo vistos por la protagonista aparecen y desaparecen despedazando gente a lo largo del relato.

Los sintonizadores, el segundo de los relatos, arranca con un clásico tema de estos años. La imposibilidad de tener hijos para muchas parejas y los métodos de fertilidad asistida. La cuestión toma un color más siniestro cuando Damián, el esposo de la protagonista, luego de comprar a una niña, lleva a una mujer a una secta y queda embarazada de trillizos. En este cuento, Vanoli se anima al terror. Y sale airoso de la jugada.

Pyonyang, la historia que da nombre al libro tal vez sea la más sensible y delirante. La típica fabula de “la revolución de las máquinas”. Pero esta vez no son robots, sino cintas de correr en un gimnasio. Lo más emotivo tal vez sea la subtrama de amor de dos cintas que van “humanizándose” a medida que los “bípedos” (como llaman ellos a los seres humanos) se van convirtiendo en seres desalmados.

El libro cierra con El comando central, una delirante historia en la cual el autor decide hablarle al lector y ponerlo como protagonista para llevarlo a un “tour de forcé” desde el asfalto capitalino hasta una granja. Con un tema más que actual, call centers, trolls y todo el mundo de las redes que hoy absorben a un microclima de la población de nuestro país.

Al terminar el libro, es muy probable que el lector se pregunte lo mismo que quien escribe estas líneas. ¿Cuánto falta para que seamos Pyonyang?