La Argentina ingresa en un tercer ciclo de endeudamiento externo. El acuerdo con los buitres como condición necesaria. La desesperación que muestra el gobierno nacional por arbitrar dólares frescos enceguece el diagnóstico sobre el resto de las variables que hacen al conjunto de la economía.

El reciente acuerdo con los Fondos Buitres comprende a una pequeña (pero poderosa) parte de los acreedores que quedaron del default del 2001. Bajo el nuevo entendimiento, Argentina reconoce el capital, intereses, intereses punitorios por el default, los intereses por mora aplicados por el juez Thomas Griesa, los gastos del juicio, más los intereses hasta cancelar esa deuda, que también se pagarán “en efectivo, en dólares estadounidenses en fondos de disponibilidad inmediata, mediante giro bancario”, tal como está escrito en el documento firmado ante el mediador de las negociaciones, Daniel Pollack.

Se trata de una porción de los acreedores. Del total de tenedores de bonos defolteados, el 93% ingresó a las dos restructuraciones propuestas durante los gobiernos de Néstor Kirchner, aceptando quitas de hasta el 70%. Del 7% restante, sólo una parte rubricó el reciente acuerdo. Quedan bonistas que no aceptaron la propuesta del Gobierno nacional, y otros que, por las complejidades del sistema financiero, no logran ser identificados ni acceder a las negociaciones.

Esto muestra que el acuerdo no abarca el total de la deuda pendiente, ni clausura de forma definitiva la posibilidad de nuevas demandas. Y se evidencia que, por encima de la responsabilidad de cumplir con una sentencia firme de un juez municipal extranjero, primó la desesperación. Los números lo pintan de cuerpo entero.

 

Escenario

La inflación continúa en niveles muy elevados. Tanto para el estudio Bein como para la consultora M&S, creada por el actual presidente del Banco Nación, Carlos Melconián, se ubica en torno del 5% para el mes de marzo. Según el World Panel, el consumo de la canasta básica de alimentos cayó un 8%.

Los empresarios del campo, si bien incrementaron fuertemente sus ingresos tras la devaluación del 60% y la quita de retenciones, siguen retaceando la liquidación de la cosecha y limitando la cantidad de dólares en la economía. Las promesas de liquidar 400 millones diarios, en la práctica, fue mucho menos de la mitad durante los primeros tres meses del año.

El sector agroexportador, principalmente los productores cerealeros de la pampa húmeda, controla una de las pocas canillas que gotean divisas, que abren o cierran con venta o acopio especulativo. Los números de las exportaciones de origen agropecuario correspondientes al mes de marzo aún referían a stocks retenidos.

AunqueFederico Sturzenegger, actual presidente del BCRA, afirmó que “el tipo de cambio tiene que volver a generar rentabilidad para mejorar la competitividad de las empresas exportadoras”,los datos duros demuestran que la rentabilidad exportadora tiene un efecto mínimo sobre las cantidades exportadas. La competitividad responde a múltiples factores, y no exclusivamente al tipo de cambio. Brasil es un ejemplo cercano: la fuerte devaluación del real estuvo acompañada por una caída de las exportaciones. Los datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio  Exterior de ese país vecinodan cuenta de una caída acumulada del 16% durante el 2015.

La disconformidad permanente de esa fracción del mercado argentino se escuchó clarito en boca de Cristiano Ratazzi, quien advirtió: “espero que el gobierno no se enamore de un dólar bajo”. Y en un escenario de dólar indomable, con altos niveles de inflación, la única vía de escape que visualiza el equipo económico de Mauricio Macri es el endeudamiento externo.

 

Tercer ciclo de endeudamiento

La historia de la deuda externa argentina distingue dos grandes ciclos. El primero se vincula al modelo agroexportador, presente durante el siglo XIX. La segunda etapa, con inicio en 1976, se caracterizó como un período rentístico financiero, donde el endeudamiento externo sólo sirvió para beneficio de ciertos sectores, empeorando la distribución del ingreso notablemente y con un crecimiento económico nulo.

Tal como lo explica el historiador Mario Rapoport,1824 resulta un año clave para la economía argentina en materia de deuda externa. El hecho más emblemático lo constituye el empréstito de la Casa BaringBrothers, en Inglaterra, que estaba destinado a la construcción de un puerto, una red de agua, pueblos y obras de infraestructura, pero que finalmente llegó en forma de papeles de negocio (actualmente denominados bonos, letras u obligaciones) que fueron distribuidos por comerciantes ingleses a su antojo.

Del millón de libras esterlinas sólo se enviaron 560 mil, y los intereses que se terminaron pagando fueron enormes. Por cada libra que se pidió, hubo que devolver 44. A esto se le sumaría la firma del tratado de Libre Comercio, lo cual fue una trampa porque Argentina no tenía comerciantes ni barcos en Inglaterra. El resto del siglo XIX se vería marcado por varias crisis financieras y con políticas de endeudamiento constantes con Gran Bretaña.

El segundo gran ciclo de endeudamiento respondió a un proyecto político económico que se estableció durante la última dictadura militar. La deuda externa pasó de 9.700 millones de dólares, en 1976, a 45.100 en 1983, lo que constituyó un 364 por ciento de aumento. Con las políticas neoliberales de los años 90, se produjo un considerable incremento: ascendió de 65.300 a 145.289 millones de dólares. Esto condujo a la quiebra literal del país en el año 2001. Aún hoy continúa generando costos.

En los primeros días de enero,Macri concretó un megacanje de deuda que involucró 5.000 millones de dólares, mediante la firma de un decreto de necesidad y urgencia. La operación,liderada porSturzenegger (quien se encuentra procesado por manejo irresponsable de la deuda en el año 2001) y el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay (acusado de lavado de dinero en la causa internacional del bancoHSBC),cedió a los acreedores un paquete de títulos públicos por un valor de mercado estimado en 10 mil millones de dólares como garantía. En caso de no devolver el préstamo, las entidades prestatarias se quedarán con los bonos recibidos. Como parte del acuerdo, la autoridad monetaria validó que cualquier controversia se defina en los tribunales de Nueva York.

Los bancos involucrados estánchochos con los beneficios que reciben a partir del negocio de emisiones de títulos, reestructuraciones y préstamos con garantías, comisiones abultadas y el juego especulativo con bonos de deuda pública.Son el HSBC, JP Morgan, Deutsche Bank, Citibank y Goldman Sachs.

El acuerdo en marcha sobre la deuda cesante (Fondos Buitre) también es un canje de deuda. Para pagar la sentencia Griesa, el Gobierno nacional tiene que emitir bonos que van a canalizar estos mismos bancos. El endeudamiento externo que se proyecta para cerrar este conflicto es de 12.000 millones de dólares. De esa manera, se comprometen pagos por 1662 millones de dólares anuales durante 10 años entre intereses y amortizaciones.

La apertura al tercer ciclo de endeudamiento, junto a la suba de tasas yla flexibilización reglamentaria del sector financiero; ubica a los bancos como beneficiarios inmediatosde la política económica.

 

Probabilidades

El acuerdo con los buitresno clausura la posibilidad de nuevas demandas por incumplimientos de deuda, no asegura una caída feroz de la tasa de interés ni garantiza la lluvia de inversiones.Las nuevas demandas pueden venir de parte de acreedores que no entraron en este último canje o bonistas reestructurados que aceptaron condiciones muy inferiores en los canjes del 2005 y 2010. Según una investigación del Centro de Estudios Económicos ScalabriniOrtiz, el primer caso suma entre 2033 y 4863 millones de dólares, mientras que el monto potencial en el segundo caso se ubicaría en un piso que va de los 70.000 millones de dólares a 200.000 millones de dólares.

En torno a las expectativas sobre las tasas de interés que se pagará por la nueva deuda,tampoco hay consenso. Desde el Ejecutivo nacional y las gobernaciones provinciales esperan con cierto exceso de optimismo tasas del 7%. Lo cierto es que María Euguenia Vidal viene de endeudarse en dólares, al 9,5% anual, en los mercados financieros internacionalesy la última emisión de YPF bajo la órbita del Ministerio de Energía superó el 8%. El dato comparativo es que actualmente, con recesión y plena crisis política, Brasil paga tasas del 4,5% anual.

La voracidad por dólares frescos tiene como argumento la necesidad de inversiones, latiguillo permanente en las quejas de los principales actores de la economía, sectores exportadores, industriales y el propio gobierno. Precisamente, los que tienen que invertir, así provenga del sector público o del sector privado. Y para poder invertir, piden poder endeudarse. Sin embargo, como les explicó el especialista Jorge Gaggero a los senadores antes de la votación parlamentaria que aprobó la derogación de las leyes Cerrojo y Pago Soberano, todas las trayectorias de deuda son acompañadas proporcionalmente por fuga de capitales.

Desde la apertura del mal llamado cepo cambiario, se fugaron más de 5.000 millones de dólares. Exactamente, la misma cantidad obtenida gracias al crédito puente decretado en enero del corriente año. El monto fugado equivale a 5 meses de reservas. Lejos de provocar el tan anunciado shock de confianza, laeliminación de la herramienta de política económica que fueacusada de todos los males no pudo frenar la falta de inversiones. La guita se va, y no entra.

El contexto internacional es adverso. Lo capitales vuelan en sentido contrario. Salen de economías emergentes hacia países desarrollados que precisan el cash para continuar con la capitalización de los bancos en quiebra desde el año 2008.

El plan económico del gobierno de Macri necesita con urgencia más de 20.000 millones de dólares. Esto es la mitad del total de la deuda que tomaron los países en desarrollo durante todo el año 2015.

 

 

ALERTAS DE LA ONU

“LA DEUDA ES INCOMPATIBLE CON LOS DERECHOS HUMANOS”

Un comunicado del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)expone que una de las principales preocupaciones del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de Naciones Unidas, encargado de la supervisión del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales, es “el efecto negativo de la carga de la deuda y de las medidas consiguientes de ajuste sobre el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales en muchos países”.

En 1999, el Comité le reclamó a la Argentina que “en sus negociaciones con las instituciones monetarias internacionales, tenga en cuenta sus obligaciones en virtud de respetar, proteger y poner en ejecución todos los derechos consagrados en el Pacto”. Por otra parte, en los últimos años, tanto el Consejo de Derechos Humanos de ONU como la Asamblea General de la ONU señalaron que los Estados deben garantizar que los derechos y las obligaciones originados en un acuerdo sobre la deuda externa no sean incompatibles con sus obligaciones de satisfacer los niveles básicos de reconocimiento de los derechos humanos.
EDUARDO BASUALDO

“Lo que se fuga ES la inversión” 

El porfesorEduardo Basualdo, responsable de CIFRA, expuso ante el Senado: “la deuda externa dejó de ser un instrumento para financiar la inversión productiva o el capital de trabajo para ser un medio de obtención de renta financiera. Su contracara fue la fuga de capitales que exhibió una elevada correlación: en 2001, tanto la deuda externa total cuanto el stock de capitales locales en el exterior, es decir la fuga de capitales locales, alcanzaron aproximadamente los 140 mil millones de dólares. Estoy hablando del pasado pero también del futuro porque ese es el proceso que va a instalar este arreglo con los fondos buitre: endeudamiento externo y fuga. Lo que se fuga no fue ni será el consumo de los sectores de altos ingresos sino la inversión y eso fue lo que impulsó e impulsará la desindustrialización”.

Al contrario de lo que señala el Gobierno nacional, en Argentina los ciclos de endeudamiento externo no generaron inversión para el desarrollo sino que aumentaron la fuga de divisas.Tal es el modo de funcionamiento del patrón de acumulación financiero que se consolidó durante la última dictadura.
STIGLITZ: Rol de los bancos y crisis de deuda

 

Por Luciana Glezer