Sergio Palazzo es el secretario general de la Asociación Bancaria y, junto a su gremio, traccionó dentro de la CGT para sacar el paro nacional contra las políticas gubernamentales. Apuesta a la construcción de un frente, critica la tropelías doctrinarias de los dirigentes que obran contra sus principios y advierte sobre el bombardeo mediático.

Por Pablo Dipierri

Una maqueta del estadio de Independiente, club del cual es hincha fanático, custodia desde una de las cabeceras del salón donde Sergio Palazzo recibe a Kamchatka, en el 9º piso del edificio de la Asociación Bancaria. El plenario de la CGT que [resolvió/abortó/postergó el paro nacional] lo obliga a relojear notificaciones o mensajes que llegan a su teléfono celular pero prosigue con su análisis del escenario político y la búsqueda que mantiene el establishment para encontrar una figura que encauce las cosas si a Mauricio Macri se le va la situación de las manos. “No sé si es (Sergio) Massa, ¿eh?”, suelta con serenidad y un tono de voz que traduce la sensación de algo irremediable.

Al ser consultado sobre el programa político que elaboró la Corriente Federal de los Trabajadores, espacio que su gremio integra en el seno de la CGT, reconoce que “hacía falta”. “Los trabajadores tuvieron una profunda crisis en la década del 90’ por el avance del neoliberalismo y las políticas conservadoras que destruyeron el empleo y condicionaron a los que tenían uno, con lo cual las urgencias fueron más importantes que establecer un programa”, explica.

Palazzo rescata el rol del otrora secretario general de la central recientemente unificada, Hugo Moyano. Admite que tanto la década del 90’ como la desembocadura de la crisis del 2001 impidieron forjar una mirada estratégica a largo plazo desde el movimiento obrero pero postula que “quizá lo que faltó fue desarrollar un programa en los tiempos que vinieron después, que es lo que está haciendo la Corriente Federal hoy”. Según su criterio, “se priorizó más un armado electoral bajo la perspectiva de que, desde la estructura de lo electoral y la ocupación de cargos, se podían diseñar políticas pero nosotros creemos que primero hay que establecer las políticas y después habrá candidaturas, si las tiene que haber”.

¿Cuál es la importancia de un programa?

Entendemos que tiene que trascender lo meramente reivindicativo y el sindicalismo. El mundo se pivotea sobre tres cosas: el capital, la fuerza de trabajo y un Estado que regula. Y a veces, la agenda la marca el Estado a través del partido político que gobierna, en ausencia de los trabajadores y los empresarios; otras, como en este caso, con un gobierno poblado de CEO-empresarios. Y nosotros decimos que el movimiento obrero no tiene que estar ausente en la agenda de los argentinos. Porque tiene la fuerza suficiente para hacerlo y tiene sus cuadros técnicos y políticos, que pueden ayudar a armar este programa que nosotros hemos desarrollado en trazo grueso y seguiremos desarrollando con otros sectores también, no solamente el movimiento obrero.

¿Cómo se construye poder en este contexto y con trabajadores que expresan muy diversas ideologías, incluso la del Gobierno?

Ese poder se construye estableciendo líneas claras dentro de un programa. En ese programa tenemos que decir los laburantes qué pensamos, independientemente del origen partidario que tengamos en la política. Qué pensamos en materia de educación, seguridad, energía, mundo laboral, reforma política e, inclusive, constitucional. Quiénes estamos de acuerdo sobre estos puntos. Ahí ya tenés una base más alla del pasado o la pertenencia partidaria. Lo que pretende el programa es dejar establecido quiénes están de acuerdo con la revalorización de lo nacional. Cuando vos juntás en ese programa una serie de expresiones del mundo sindical y extrasindical, ya tenés una construcción de poder y tiene que ser a través de un frente. No sesgarse en un solo partido político ni sesgarse en el movimiento obrero. El error que se ha cometido en la Argentina es querer crear partido del movimiento obrero cuando, en realidad, tenés que crear un frente amplio que contenga a todos los que tengan un pensamiento igual. Esa es la modalidad que nosotros queremos darle a la Corriente Federal y al programa. Desde ahí, construir los consensos suficientes y discutir poder. Siempre la salida es por el lado de la política. Discutir poder no significa armar un partido político de los trabajadores sino tener incidencia en la política, en las decisiones y en lo electoral, llegado el caso.

Algo parecido se dijo en el Consejo Directivo de la CGT, durante la reunión con intendentes peronistas.

No sé en qué términos fue la reunión. La diferencia es que nosotros priorizamos un programa y, detrás, un frente. Otros hablan de un frente pero desde el punto de vista estrictamente electoral.

¿Qué le pasó al Frente Para la Victoria, como espacio propicio para consolidar precisamente un frente de la mano de un programa político, durante los 12 años de gobierno? ¿Quedó sumido en urgencias y pragmatismos de agenda electoral?

Son esas dos cosas y también le agregaría una tercera: creo que no hubo una discusión de un programa en el armado del FPV. Hubo una decisión política liderada por un sector, donde el resto de los sectores tenían que acompañar. La visión nuestra es otra. Es la construcción de consensos en un programa.

La Marcha Federal demostró que hay una demanda social y eso sirve para la construcción de una alternativa política al gobierno actual. ¿Faltan ahora los dirigentes que sinteticen?

La Marcha Federal, en su crédito, tiene muchas variantes. La primera es que logró condensar una serie de reclamos con lo que está pasando en la política y la economía argentinas. Juntó a los trabajadores que perdieron su empleo, sintetizó a los que protestan contra los problemas presupuestarios de la educación, empezó siendo convocada por la CTA pero terminó siendo de todos porque hasta movilizamos gremios de la CGT. Ese es el gran mérito. Nucleó todo ese espectro que pretende confrontar con el modelo actual. Lo segundo es que sirvió como disparador para activar debates. Por ejemplo, en la CGT, la necesidad de un paro nacional. Porque hasta ahora venía demorada la discusión y, salvo nosotros y Pablo Moyano, el resto no hablaba con la misma dureza ni de los mismos tiempos a la hora de una medida.

Igualmente, creo que los líderes emergentes van a surgir en la medida de que sean consecuentes a lo largo del tiempo con estas ideas. Si nos agotamos en la Marcha Federal y que surja un líder sería un error, si nos agotamos en un paro nacional y que surja un líder sería un error y si nosotros mismos nos agotamos en el programa, sería un error. Si perduran estas políticas, la consecución de actos y coherencias son las que van a establecer cuáles son los líderes que se van a quedar con la conducción de este espacio frentista. Hoy no lo hay. No es que no haya dirigentes sino que se necesita un tiempo de maduración.

¿Dónde está el poder?

El poder hoy está escenificado en los grandes medios hegemónicos. Porque le dan al gobierno el blindaje mediático para que sus medidas pasen. El empresariado, que es el otro poder, en definitiva no lo ayuda a Macri. Obtiene beneficios nada más. La presión del poder económico para obtener beneficios a cambio de nada. Pero el poder mediático es el poder más fuerte porque es un poder comunicacional que penetra en todos los hogares y que cada media hora te mete títulos.

Ahora nosotros, desde el movimiento obrero, tenemos un poder que se va a ver en acción el día que haya un plan de lucha. Tenemos poder en la medida que estemos organizados y unidos en la acción.

El que tiene el poder suele ver dos o tres jugadas más adelante que el resto. El establishment debe estar pensando en un plan B, si falla este gobierno. Cómo se preparan los trabajadores para una eventualidad así.

Hoy la política argentina pareciera ser que está en el profundo debate entre la ética de la responsabilidad y la ética de los principios. Y algunos, la gran mayoría, optan por la supuesta ética de la responsabilidad y, en aras de la gobernabilidad, cometen tropelías doctrinarias en contra de sus partidos. Entonces, vas a ver peronistas que aplaudían el no pago a los Fondos Buitre y hoy lo votan porque necesitan partidas para sus provincias o radicales enroladas en la institucionalidad histórica que acompañan un gobierno que se dedica a hacer persecuciones judiciales y políticas. En la medida que nosotros recuperemos la acción para hacer valer nuestro poder, porque los 12 años de kirchnerismo nos empoderaron a los trabajadores y lo que tenemos que hacer es hacerlo valer, y que el voto del dueño de un multimedios termine valiendo lo mismo que el de un trabajador, va a terminar siendo golpe a golpe. Y los trabajadores somos muchos más. Si ejecutamos el poder que tenemos, inclinamos la balanza y pasa a ser un voto de cada lado.

¿Más vale maña que fuerza o vale más la fuerza?

Más vale la inteligencia. Y saber usar la fuerza en el momento adecuado.