El legendario bajista de Los Pericos, Gastón Gonçalves, presenta por estos días el disco “Morámonos todos”, un trabajo nacido de la introspección y las pulsiones recónditas que derivaron en una nueva banda paralela: Betrice Inferno. En diálogo con Kamchatka, el hijo del militante homónimo asesinado durante la última dictadura y hermano de Manuel, nieto recuperado por la incansable búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo, cuenta la génesis del proyecto, su decepción con la humanidad y su rebeldía contra el sistema. 

Por Pablo Dipierri

Algunos tienen una personalidad, algunos tienen dos y algunos tienen 30, dice una voz que sacude la modorra desde la introducción del disco “Morámonos todos”, el último trabajo de Gastón Gonçalves con su banda Beatrice Inferno. Y antes de que el material empiece a descerrajar sus acordes sobre los oídos, la misma mensajera didactista aclara que puede que existan quienes se lleven bien o mal con el cóctel dentro y quienes, directamente, no soporten el amontonamiento explosivo bajo el mismo cráneo.

Orgulloso de una puesta prolijamente desquiciada y desenfadada por convicción, Gonçalves le cuenta a esta revista que siempre tuvo esa inclinación por la teatralidad de las representaciones musicales pero que, por la magnitud que implica, nunca pudo hacerlo con Los Pericos. En su flamante obra, el multifacético bajista aparece en escena travestido, como la tía Beatriz, y se trenza en un itinerario impredecible con su público. “Lo de tía viene porque tengo ese espíritu de comprar comida de más, ser regalón y preocuparme si estás bien pero, al mismo tiempo, eso se puede volver una pesadilla”, explica, y agrega: “como toda tía, que a veces se puede poner picante”.

La idea se gestó en octubre de 2015, después de un viaje a Isla Grande, en Brasil, donde escapó con sus hijos porque se encontraba, según confiesa, “intratable”. “Me compré un ukelele en Río de Janeiro y me encontré conectado al instrumento a lo loco”, rememora.

En su casa, tiene cinco de esos pequeños bichitos cordófonos, que incluyen desde un bajolele hasta un banjolele, y los tilda como algo “maravilloso”. “Hay una militancia antiukelele”, repone desde la cocina de su casa en el barrio de La Paternal, y sentencia: “voy a decir que son unos amargos”.

Gonçalves tiene una teoría para comprender por qué los críticos de la guitarrita cool no pueden disfrutarlo. “Esta cosa de joder al otro, algo que es un gran fomento de la red social, ponerse los ruleros y sacarle el cuero al mundo”, grafica.

“¿Será que se puso de moda?”, desliza Kamchatka. “Cuando alguien se acerca y me pregunta: ‘che, ¿para tocar la guitarra o algo…?’, yo le contesto que arranque con el ukelele. Es súper simple y generoso. A la media hora, estás tocando dos temas, así seas un tronco o una piedra. Entonces, es muy satisfactorio y es motivador. Siempre me flasheo con la gente que estudió violín o trompeta. Los nenes, obviamente, obligados. Qué karma relacionarse con la música desde ese lado”, argumenta.

Aun con la gamba izquierda entablillada por bajar mal del cordón de un bulevar arriba de la moto, no para y le pone la mejor onda al reportaje. “Yo necesito otros proyectos porque Pericos es una banda que toca un montón pero para mí no es suficiente: la semana tiene siete días y, si tocás dos días… un par de veces más quiero tocar”, comenta.

¿Por qué le pusiste “Morámonos todos”, que además es una palabra mal dicha?

Está mal dicho, sí. No lo puse yo eso. Pertenece a un cuadro. Hace 5 años fui a una muestra que había en Vuela el Pez, y lo vi ahí. Es de una chica que se llama Constanza. Y le pregunté en ese momento: si algún día hago un disco, ¿esta podría ser la tapa? Y se copó y pasó. Yo estoy decepcionado con la humanidad. Para mí no aprende y se va a suicidar, y no podemos evitarlo.

¿Estás en un momento punk?

Estoy viendo la realidad. Para mí, el humano va en una moto a 300 kilómetros por hora, ve una pared y se saca el casco. O sea, hace eso en vez de parar. Tenés una opción que sabés que termina mal y otras alternativas, pero elegís la mala.

Pero el disco transmite otra energía, más allá de la decepción, el pesimismo y la crítica…

Es que no es un disco triste, para nada. Ese es mi sarcasmo hacia la humanidad. Es la acidez que tengo habitualmente pero yo soy un tipo feliz, alegre y motivado. El show es divertido, como el disco, pero también hay momentos de oscuridad, que son los que tiene una tía. Una tía que, en una fiesta, tomó dos whiskys de más y se te puso oscura. Y decís: “boludo, es divina pero hoy me volvió loco”. Y yo los tengo también esos momentos, como todos.

Considerando tu historia familiar y tu compromiso militante, ¿cómo estás viviendo la actualidad?

No es la época que me gusta. Ahí tenés un gran ejemplo de mi decepción. Un gobierno que te dice lo que va a hacer, porque lo dijo aunque después lo dibujaron… pero dijo que había que achicar el Estado, con lo cual iban a echar gente; que iban a aumentar el dólar, con lo cual iba a haber una devaluación inmensa y todo iba a costar; y vos vas y lo votás. Te gusta escupir para arriba. Y nos jodimos todos. Es un retroceso y los que más lo van a pagar son los que tienen menos recursos, y la cuenta nos va a llegar a todos. Los que están arriba no van a ir presos ni van a pagar nada. Me dio muchísima pena. Nunca pensé en la vida, comparto esto con Osvaldo Bayer, que un gobierno de derecha iba a llegar por los votos. Y me ha decepcionado tanto el sistema que no sé si voy a volver a votar. Para colmo, yo me considero anarquista pero soy simpatizante del gobierno anterior.

¿Por qué no volverías a votar?

Con mi voto, y con los de todos, no llegamos a que entre el diputado socialista Jorge Rivas, que es una maravilla, pero sí entró (porque estaba inmediatamente arriba en la lista) Diego Bossio, un tipo que automáticamente se fue del partido. ¡Es mi banca! ¡Es mi voto! El sistema es una mierda. Tendría que haber un contrato electoral, por el cual esa banca pertenezca al partido. Se lo llevó a otro partido y votaron otras cosas, con mi voto. Me siento garchado con la pija muerta.

Audacia, ante todo

Cuando la historia de la tía Betty arrancó, había un libreto mínimo para ir probando. La pregunta era si el show era Gastón disfrazado de señora o viceversa. De hecho, narra el histriónico autor del disco, había filmado unos videos en los que él mismo aparecía maniatado en su casa y eso se proyectaba en las presentaciones, a medida que avanzaba la noche y el relato indicaba que doña Beatrice se apoderaba del escenario, enojada porque Gonçalves la había dejado arafue y ella garpaba con la misma moneda.

¿Sigue habiendo un guión?

En absoluto. A mí me aburre, al tercer o cuarto show, quedar atrapado en un guión. Así que dinamité eso y hacemos la que pinte. A veces, las presentaciones son más musicales que otra cosa. A veces, me cuelgo y me pongo a discutir con alguno.

¿Qué dicen los amigos y la familia de la tía Betty?

La familia, de vez en cuando, sufre. Yo soy bastante verborrágico y, según el momento, puedo hacer sincericidios familiares en vivo. Las charlas pueden derivar para cualquier lado, por drogas, sexo, cosas pudorosas. Yo soy medio transparente en todo eso. Y me gusta el tema de la incomodidad con el otro. Por qué no se puede hablar de esto. Es muy loco que haya gente a la que le moleste hablar de sexo pero no de cómo descuartizaron a una nena. Es una monstruosidad: ponen una teta en Facebook y hay que sacarla pero un chabón descuartizado no. Los valores no los entiendo más.

¿Y qué pasa con el público de Beatrice Inferno?

Lo que nos damos cuenta es que a nadie le pasa inadvertido que esto es medio marciano. Fui a tocar la otra vez a Mendoza, en un festival donde estaban desde Los Pericos hasta Carolina Pelleriti leyendo cuentos, y toqué ocho canciones con el ukelele, un día antes. Y todos los que me escucharon me dijeron que les había parecido muy punk…

¿Y qué es el punk para vos?

Un quiebre. Romper con algo prestablecido y defender lo que uno cree. Y morir también con cosas que merecen ser defendidas. Y está muy bien que lo califiquen así, no hace falta que sea un tipo con cresta, rompiendo y escupiendo.